Lo que más he valorado y disfrutado de este relato es el detalle, la precisción y el cariño con los que se describe el paisaje donde sucede la historia. Creo que también es un acierto el uso para la descripción de un lenguaje rico y sonoro propio de un castellano rural, no sé si de pastores, cazadores... en definitiva del que sigue estando muy vinculado a la tierra.
La historia en sí es curiosa, entretenida, y al final Piojo, convertido en Caminante o Suelas de Viento resultará ser un personaje cuya obra ha llegado hasta nosotros.