Historias de distintos tiempos narradas en paralelo nos introducen poco a poco en la trama de la novela que no es otra que el miedo que siempre ha tenido la humanidad hacia las brujas, y su modo de defenderse de esos miedos con violencia e injusticias repetidas en las conocidas como cazas de brujas a lo largo de los tiempos.
La autora, en una sucesión de breves (algunos brevísimos) capítulos, nos obsequia con una prosa, a menudo bella y hasta poética.
“A las brujas en los libros las pintaban feas, espantosas, con verrugas, siempre morenas, nunca había visto una bruja rubia, aunque sí pelirroja. Como si le hubiesen teñido el pelo con sangre de zanahoria. Eran brujas que no daban miedo, a veces daban pena.
No me cabía ninguna duda de que, si alguna mujer hubiera tenido alguna vez poderes extraordinarios, hubiese sido extraordinariamente hermosa. Las brujas, si existían, no podían ser feas. Esto funcionaba también al revés. Las feas no podían ser brujas.
Yo soy fea. No sabéis lo que significa ser fea todos los días.”
Sin duda una novela original, en su planteamiento, en su estructura, y en su desarrollo.
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