La obra de Foster-Wallace ha sido englobada dentro de lo que actualmente se viene llamando erróneamente el "realismo histérico", tratando de enlazar así la experiencia de lo cotidiano con el dramatismo de los grandes acontecimientos que pueden marcar una vida. El desaparecido autor norteamericano hila con una maestría excepcional un panorama de un futuro que no por inquietante resulta menos posible. Una serie de personajes de diferentes procedencias acaban teniendo hilos comunes entre sí que les permite establecer relaciones puntuales cuya inflexión se sitúa en los límites de lo real. Se trata, probablemente, de una obra destinada a convertirse en un gran clásico por la maestría de su lenguaje, la solidez de sus argumentos y sobre todo por ofrecer una de las cimas de la literatura contemporánea.