La tercera parte de la novela aniquila toda la expectativa creada por las dos primeras (que, sinceramente, disfrute leyendo), alejándose del protagonista y presentando una visión demasiado pesimista de la vida, a través de monólogos y diálogos prolijos y poco razonables, y despreciando la moral y criterios de las generaciones posteriores a la suya.