Si en la anterior novela "Muerte de una heroína roja" se nos presentaba al personaje del inspector Chen Cao como un joven idealista que tenía que luchar subrepticiamente contra la rigidez del partido y sus propios jefes para poder llevar a cabo su trabajo con eficacia, aquí, en esta segunda novela, se nos presenta ya a un inspector muy bien situado dentro de la estructura policial y muy bien visto por los altos cargos del partido, lo cual, en mi opinión, va en detrimento del personaje. En esta ocasión, Chen será el encargado de acompañar a una policía estadounidense, joven y bella, que viaja a China con el fin de acompañar a la “joven educada” Wen Liping en su viaje a EE. UU., pero la joven desaparece sin dejar rastro y el inspector Cao deberá encontrarla en un tiempo record a la vez que debe atender a la inspectora norteamericana para que se lleve buena impresión del país. La trama es de escaso interés, a ratos se hace aburrida y el inspector poeta resulta, a veces, demasiado pedante, pues es perfecto en todo lo que hace. Para mí ha sido una gran decepción.