He leído la primera parte de esta novela, hasta el bombardeo de Gernika, con creciente interés. A partir de ahí la inercia más que otra cosa me está llevando hasta el final. Me han gustado los personajes principales de esta narración y sus peculiaridades, en la sencillez de su entorno rústico y humilde. El autor resalta bien los valores del pueblo vasco, pero cae en el error de contraponer las virtudes de este noble pueblo con supuestos defectos que atribuye al resto de los pueblos de España. Resalta, por ejemplo, la valentía de los vascos, contraponiéndola a la cobardía inherente a los españoles. No cabe duda de que ha leído a Sabino Arana.