No comprendo cómo se pueden relacionar dos cosas tan dispares como el Camino de Santiago y el juego de la oca. Cualquier intento es vano e inútil; por lo tanto el argumento fundamental falla. Lo que si es interesante son las interrelaciones de los distintos personajes que se unen y se separan durante todo el libro. La Península ibérica en el siglo XIII era una aglomeración de reinos y culturas tan heterogéneas que resulta difícil imaginar una convivencia tan pacífica y respetable; teniendo en cuenta nuestra mentalidad actual, donde lo diferente choca.