El buen recuerdo que me dejó la novela de esta misma autora, El verdugo de Dios, me animó a leer ésta, viendo que en ella se da continuidad a la anterior. Es, de principio a fin, de lectura amena y consigue que nos identifiquemos con sus protagonistas, siempre acechados por la maldad. Describe correctamente la época en que se desarrolla, tanto en su ambiente como en sus escenarios y personajes.