El tema es atrayente, pero su realización es penosa. Más que una novela histórica es una novela romántica; se centra más en el aspecto romántico de la historia: es muy melosa, muy merengue. La figura de Alfonso VIII es tratada de manera denigrante; un caballero soñador, quijotesco, alejado de la realidad. Sólo la objetividad de su escribano equilibra la relación. Lo único aceptable del libro es la sinopsis que el autor hace sobre la situación del Reino a continuación del capítulo. Es muy concisa pero reveladora. Te da una imagen muy clasificadora de la situación histórica. Lo que deja muy claro el libro son las virtudes y defectos de los judíos: Trabajadores, ahorradores, inteligentes, pacíficos; por otra parte, herméticos, fanáticos religiosos, orgullosos y tozudos. Todas hacen que sean tan odiados y envidiados.