Más que una novela histórica, se debería de clasificar como una novela costumbrista, donde se muestran momentos concretos de la historia de una ciudad, Zaragoza.
Aunque, en determinados pasajes, pueda recordar a un culebrón televisivo, la novela está escrita magníficamente con un buen punto de partida, buen desarrollo y excelente final con el que cierra la saga familiar.
Una historia en la que el lector disfrutará de sus intrigas y vivencias.