Tenía varios amigos que me habían hablado muy bien del libro y decidí leerlo. Incluso uno de ellos había llegado a ponerle el nombre del protagonista a su propio hijo, con lo que me pareció que la historia debía merecer la pena. Al terminar de leerlo me alegré mucho de haberlo hecho, aunque yo acabé odiando al protagonista. La historia es un repaso a la historia política de Grecia de mediados del siglo pasado. Me gustó leerlo no por el interés de la vida del personaje en sí, que se cuenta bien, de forma entretenida, aunque a veces se hace demasiado largo, sino porque fue la forma de enterarme de algo que me era totalmente lejano. Al terminarlo tuve la sensación de que tenía que haberlo leído, que había hecho bien al leerlo.
La autora narra unos hechos históricos que vivió en primera persona porque ella formó parte de ellos. Desde mi punto de vista lo hace con cierta frialdad profesional, intentando en la medida de lo posible ser imparcial. Teniendo en cuenta que ella era coprotagonista, me parece un logro.
Actualmente no sé si la historia tiene interés, tal vez no, pero a mí me alegró leerlo. Nunca se me olvidarán los nombres de Alekos Panagulis ni de Theofiloiannacos o Hazizikis.
La autora lo cuenta a través de su propia experiencia con Alekos y de lo que él le relató de su estancia en prisión. Es un drama, y más teniendo en cuenta que ocurrió en realidad.