Al leer esta novela, me vienen a la mente, historias similares, de imperios como el Egipcio, o el Persa, o el mismísimo imperio Romano entre otros. El imperio Chino no escapó a la corrupción, al desgaste social, a los grandes enemigos (externos e internos), ni a la inercia evolutiva. Estos y otros factores son claramente descritos por Anchee Min en esta obra, mostrando el desgaste y descomposición de un sistema socio-político en decadencia que no pudo ni supo adaptarse a los cambios que el mundo del momento exigía.
Y seguirán surgiendo y cayendo nuevos imperios porque el ser humano es así, con su ching y su chan en una lucha eterna y sin fin.