Woolrih (William Irish) solía buscar caminos alternativos para no "adocenar" su producción de cuentos y novelas policiales. Entre las variantes utilizadas estaba el de contar desde el punto de vista del protagonista que no fuera un hombre de mediana edad. Así ha sido ancianas, niños y niñas, en algunos casos logrando sus mejores producciones. En esta novela, narrada en primera persona por una joven, el recurso resulta eficaz, ya que ha sabido escribir desde la piel de una dama, con su particular psicología. Lo único lamentable es que en los sesenta años transcurridos desde su original, las mujeres occidentales piensan y actúan en forma completamente distinta. Si el lector sabe situarse en la época, disfrutará del libro.