Es difícil encasillar a Monterroso, porque él mismo no se encasilló y fue absolutamente libre en su escritura. Con los solos recaudos del buen gusto y el correcto uso del idioma, abordó temas totalmente heterogéneos, tanto en forma ficcional como en artículos y ensayos. Siempre es placentero leerlo, incluso cuando se aglutinan tres libros diversos como en este caso.