La autora perfecciona su personal estilo, que pudimos disfrutar en obras anteriores. Esta vez en la cultura china, entremezclada con misterios antiguos, política explicada rápida y comprensiblemente y personajes más cercanos que nunca, ambientado todo a principios de siglo.
El final, acorde con el resto de la novela, las pruebas vistosas, casi cinematográficas y, aunque le cuesta un poco arrancar, a las pocas páginas alcanza un tritmo más pausado que otras ofras de la misma autora, pero fluidas.