Tierno, con una ironía tan compasiva, tan comprensiva del ser humano que casi parece que la corrupción es un pequeño y ligero inconveniente de la vida... Mendoza me divierte siempre siempre, o casi siempre, y su estilo y sus tramas son originales, fuera de modas. Hace muchos años que le sigo y cada vez aporta algo nuevo, sea en las tramas más serias, sea en este romano con niño Jesús adherido que tan simpático resulta.