Irene Nemirovsky nunca defrauda. Esta novela como todas las suyas entretiene con la historia del banquero venido a menos al que su mujer e hija desprecian cuando ven perder su fortuna. La mezquindad humana de las dos queda al descubierto y el protagonista se ve abandonado y solo. Una lectura agradable para una novela que nos traslada con mucha autenticidad a la Francia de principios del siglo XX.