En su momento, cuando apareció esta historia nos pensábamos que las geishas eran simples cortesanas, para no escribir en esta entrada una palabra un poco más fuerte. Nada más lejos de la realidad. Nos sorprende saber que su formación iba desde el arte de la danza, tocar instrumentos musicales, hablar de política entre muchas otras cosas. Creo que el valor de esta novela no es la historia de amor en sí, que es bonita sin más y con un final poco creíble sino aquello que aprendemos de un mundo del que hasta recientemente poco sabíamos...