Lo acabo de terminar, con los vellos erizados y una sonrisa triste.
Es un libro precioso, con una narradora tan inusual como es la propia muerte. Me encanta, Liesel, la protagonista la clase de niña que se fija en los pequeños detalles, ladrona de libros si, pero regaladora de palabras.
"Aunque era una reflexión cargada de culpa, también se apreciaba el rastro juvenil de la risa".