La primera novela de este autor, "El curioso incidente del perro a medianoche", no la he leído, pero dicen que, realmente, es de humor del bueno.
Ésta, a mi juicio, es un drama en toda la regla.
Las situaciones, lejos de ser divertidas, están llenas de momentos angustiosos: las depresiones del padre, la operación "a pelo" que se intenta hacer para extirparse el falso cáncer, sus obsesivos pensamientos sobre el suicidio y la muerte, aderezado todo con sus continuos llantos; la angustia de la madre por la situación que está viviendo, de la que se arrepiente pero no tiene fuerza para acabar con ella; Katie histérica a todas horas, antepone su bienestar por encima de todo...egoísmo al límite; Jamie sufre como loco cuando le deja su novio y la situación se le hace insoportable, llora de continuo y bebe como una esponja.
Si esto es divertido, alguien me lo tiene que explicar porque yo no lo entiendo.
En cuanto al estilo del libro, lo hace más llevadero el hecho de que esté dividido en capítulos muy cortos.
Por otro lado, está escrito como sin alma, con frases muy cortas, casi de tipo telegráfico, lo que, bajo mi punto de vista, le hace no tener ritmo de relato típico de una novela.
Carece de figuras literarias quedando plano, parece escrito como por impulsos y concepto a concepto, no con la idea de desarrollar una trama bien hilada.
En cuanto a las descripciones, ni físicas (nos quedamos sin saber cómo son, si gordos o delgados, con bigote o barba o afeitados, rubios o morenos...en fin, nada) ni de personalidad, aunque de estas últimas dá unos brochazos con las situaciones que viven los protagonistas y cómo las afrontan. Vamos, que nos quedamos sin saber cómo son físicamente.
Son 484 páginas que, en mi caso, estaba deseando que se terminasen porque soy de los que cuando empieza un libro tiene que terminarlo (¡hasta el "Ulises" de Joyce me he leido!)
No me ha gustado nada porque, además, no coincide con lo que venden: humor a raudales. Nada de nada.
Eso sí, a lo mejor soy yo el equivocado, porque según The New York Times, The Washington Post, The Times y otros por el estilo, es poco menos que la octava maravilla.
¿Habremos leído el mismo libro?