APGA (15 de diciembre de 09)
La forma en la que tres personajes, pertenecientes a diferentes escalas sociales, hablan de su pasado, sus relaciones comunes y su entorno se muestra como una barrera infranqueable más fuerte, incluso, que el propio deseo de su vida en común, a pesar de ser perfectamente conscientes de aquello que les separa y de su lucha por superarlo. Y, así nos lo quiere mostrar Márai cuando, desde las primeras líneas de cada uno de los tres relatos nos anuncia el fallido desenlace.
Nos muestra a una burguesía tan arraigada en sus costumbres que ni siquiera las consecuencias de la guerra alteran sustancialmente.
Un cuarto personaje - que me ha recordado, en cierta forma, al lobo estepario de Hesse por su hastío y renuncia a vivir conforme a los usos sociales –, y del que nunca se conoce su opinión – de este modo no se rebelarán todas sus incógnitas - sino es en boca de los otros tres, juega un papel principal situándose en las antípodas de los deseos y opiniones del resto. Su juicio sobre la cultura y su decrepitud – de la que manifiesta su final -, sobre el orden establecido – que se muestra como inalterable y que volverá inevitablemente - o la burguesía – tema redundante en la obra – le lleva a abandonar su oficio de escritor y a contemplar y admirar la fonética de las palabras sin integrarse en frase alguna.