Es una novela fascinante, divertida hasta la carcajada, chispeante, con una descripción de un mundo y una sociedad imposibles... Eso, sin incluir a Ignatius, que ya es el colmo. Me pasa como a Salinger, que lamento mucho la muerte del autor y que nos haya privado de lo que podría haber sido... Solo la publicación de este libro es un milagro, por el empeño de la madre del escritor, ya fallecido. Al menos hemos tenido la suerte de que no se haya perdido.