Quizá el excesivo loor a un mismo paisaje, descrito y detallado hasta la saciedad, es lo que hace que no se lleve el 10. Pero sin duda, es un libro de poesía que, como yo lo recibí de mi padre, así lo recibirán las generaciones venideras. Es poesía en estado puro. Es el arte de escribir poco y corto y transmitir más que una novela, pero con orden, concierto y sentido, en contraposición con la deplorable poesía joven actual: un collage de palabras sin hilvanar. Lean "Campos de Castilla" y, sólo por ello, querrán conocerla (si no la conocen ya).