En el prólogo a su libro, el autor se compromete a narrarnos la vida de los personajes olvidados y desheredados en un género que prefiere hablar del poderoso y acompañar las gestas de los fuertes y vencedores. No se puede decir que este objetivo se haya logrado por cuanto los ladrones de los que se hace cargo la narración no tardan en enriquecerse, adquirir una posición y entablar íntimas relaciones con los más ricos mercaderes y gente influyente del Egipto de la época. Así pues, una vez más, queda el fracasado en el olvido. Nada del hambre, la pobreza, el sufrimiento y la decadencia del Egipto del siglo XII se reflejan en la novela.
En cuanto al desarrollo de la acción, la trama se presenta generalmente lineal y predecible. Ninguno de los personajes nos llega realmente al alma. La novela no tiene emoción y uno está deseando poder llegar al final, escribir la crítica y olvidarla para siempre.