El gran narrador que fue Dickens está en esta grandísima obra. Enorme, amplia y genial.
Destaca la forma de denominar a los personajes, no sólo por su nombre sino que además por sus características: el analista, tercer señor, el que tiene 300 empleados.... El narrador aparece continuamente para mejorar la narración.
Una historia muy simple pero maravillosamente contada, una historia tierna -muy Dickens- pero donde los malos producen gente buena, de todos los malvados salen hijos de gran bondad y que los hacen mejores. Es lo poco que alegra en este caso al autor, todo lo demás es incredulidad por su sociedad, se le nota que ya no cree en nada, es una narración triste pero que acaba bien.