Es la primera novela que leo de esta autora y me ha gustado bastante porque, además de estar muy bien escrita, ser amena y poseer una trama muy bien llevada hasta el final, me ha acercado mucho a la realidad de un país como Israel y sus problemas sociológicos del que estamos muy mal informados, pues no todo son los conflictos árabe-israelies, sino que existe un trasfondo mucho más complicado: entre los propios judíos, dependiendo de sus orígenes, se crean sociedades muy cerradas con reglas muy estrictas que, a mi entender, dificultan el desarrollo hacia el proceso de paz del que tanto se habla.
La autora, además de dominar el lenguaje a la perfección (supongo que aquí es justo mencionar también a la traductora: Raquel García Lozano), nos demuestra, a través de sus personajes, que es una gran conocedora de la naturaleza humana, de sus virtudes y debilidades, aquí no vas a encontrar al policía perfecto como ocurre en otras muchas novelas del género. En definitiva, es algo más que una novela policíaca.