La obra aprovecha la descripción de algunos pasajes de los últimos diez años de la vida de Ravel para exponer un estilo narrativo obsesivo, minimalista y pretendidamente casual. Novela corta de factura muy irregular en la que sobresale la narración de la concepción del Bolero, inspirado en la imagen fabril (y también febril) de la cadena de montaje, a partir de una frase sin desarrollo, que se limita a la reiteración del desgarro orquestal; música sin música y sin esperanza.