Aviles (28 de diciembre de 11)
Jamás dejo un libro que he comenzado a leer sin acabarlo, y nunca paso a otro hasta que no he terminado con el que estoy. Supongo que es una especie de paranoia. En estas circunstancias, cuando cae entre mis manos un libro como este de Marsé, la lectura se convierte en un auténtico tormento. Supongo que se entiende.