Fascinante, irritante, impactante, frustrante... y demás adjetivos terminados en "ante" se pueden aplicar a esta novela. Una novela compleja y ambiciosa sobre la posguerra en Barcelona, dura y amarga, que refleja como pocas veces se ha visto la miseria (tanto física como moral), la pobreza, la falta de objetivos, y el derrumbamiento de los sueños y de los ideales. Todos los personajes son las víctimas de estas consecuencias, tanto los chavales, carne de cañón y abandonados a su suerte, como los miembros de la resistencia contra el poder, que, inicialmente con esperanzas de vencer en su lucha, acaban convirtiéndose en unos desgraciados.
Es una historia densa y fragmentaria narrada de manera intencionadamente confusa, desde varias perspectivas y con múltiples personajes, subtramas y marcos temporales que se mezclan entre sí, como un rompecabezas que el lector ha de esforzarse en ir recomponiendo sobre la marcha, ayudado por los detalles y las pistas que el autor va dejando (tarea que no es precisamente fácil, ya que, por su fuera poco, la historia se mueve a caballo entre la dura realidad y las historias inventadas por los protagonistas, todo ello muy ambiguo). Es difícil de seguir, y ni siquiera estoy seguro de haberla entendido bien, pero merece la pena leerla tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta Marsé, a veces imitando el lenguaje callejero y a veces con un estilo elaborado, pero siempre en un tono amargo, visceral y desencantado, transmitiendo una crudeza y un realismo tal que prácticamente lo vives, incluso en los pasajes más sórdidos.
En definitiva, una novela que probablemente me viene grande (tanta confusión me ha acabado rallando), pero he disfrutado con ella, quizás la vuelva a leer en un futuro para ver si la pillo del todo. Quienes busquen una lectura que suponga un desafío para el lector, o simplemente una buena historia, disfrutarán con esta novela.