Novela que he leído en tres tiradas largas y a veces de dura digestión. La historia, muy interesante, se nos desvela al final quedando con ganas de más. Un libro que me ha producido una cierta melancolía y un extraño saber agridulce: pasajes farragosos, con descripciones de hiper abundantes y supérfluos detalles, seguidos de otros en los que la acción me llevó a disfrutar de su lectura. En mi opinión sobra la narración, exhaustiva hasta hacerse aburridísima del episodio de la Armada Invencible en la que súbitamente se encuentra metido El Visitador del Santo Oficio; en definitiva, un acción sugerente con una hilación que podría haber sido más clara. Lo mejor de todo ha sido el final. Volvería a leerla, acaso (adverbio que el autor emplea con redundancia) pasado el tiempo. Lo peor, la prosa plúmbea y el lenguaje rebuscado, para muestra un botón, el autor narra el momento de darse un grupo de jóvenes un baño en el río Durance en estos términos:
"El Durance trae las aguas del Verdon, acaso del Lac de Sainte Croix, y ciertamente que son azules, cuando menos a esta hora de la tarde en la que una multitud de coches y acentos invaden sus riberas y cuerpos mozos y extraños se citan nuevamente delante nuevamente del milagro del agua"; eso del milagro del agua para decir que los chavales se iban a dar un chapuzón me dejó flipando a colores.