Diana Gabaldon consigue que una simple novela romántica trascienda un poco esa categoría, para transformarse en un argumento casi de ciencia ficción que, combinando sabiamente la aventura, el drama, el humor, el amor y la guerra, consigue atrapar al lector casi desde el primer capítulo.
La historia se centra en Claire Randall, una enfermera que está intentando reconstruir su matrimonio en unas vacaciones en Escocia, después de una separación forzada por la Segunda Guerra Mundial. Visitando un paraje con un círculo de piedras megalítico, Claire entra en un agujero temporal, y de repente se encuentra vagando en la Escocia guerrera e inhóspita del siglo XVIII. En este entorno hostil, Claire conocerá a Jamie Frasier, su verdadero gran amor a lo largo de los saltos temporales que se inician en este libro. Además, la protagonista se encontrará en una posición delicada ya que, conociendo de antemano lo que va a suceder, tiene que reprimir muchas veces sus sentimientos y sus impulsos para que ninguna acción suya tenga como consecuencia una modificación del futuro tal y como debe suceder.
Y en ese marco de una tierra azotada por las luchas entre los clanes escoceses contra las tropas inglesas, Claire descubre por fin qué futuro quiere para su vida.