Más que el análisis de la obra de Evaristo Carriego (que Borges practica con su maestría habitual) , resultan altamente interesante otros ensayos incluidos en el volumen. Borges recopiló una serie de inscripciones pintadas en los carros que por entonces, tirados por caballos, recorrían las calles de Buenos Aires: "Qué le importa a la vieja que la hija me quiera", "Qué mira, envidioso", "Quien envida me tiene desesperado muere". Una frase de Borges, luego de las citas, es propia del genio: "No hay ateísmo literario fundamental. Yo creía descreer de la literatura, y me he dejado aconsejar por la tentación de reunir estas partículas de ella". El resto del libro es casi tan igual de bueno.