Probablemente su ceguera permitió a Borges reescribir mentalmente cada línea, cada signo de puntuación, cada palabra de sus versos. Por eso no se encuentran ripios en ellos y algunos pueden calificarse sencillamente de perfectos. Vayan como ejemplo los últimos seis versos del soneto "Nubes (II)":
"¿Qué son las nubes? ¿Una arquitectura
del azar? Quizás Dios las necesita
para la ejecución de Su infinita
obra y son hilos de la trama oscura.
Quizá la nube sea no menos vana
que el hombre que la mira en la mañana"