Conocí a Matilde Asensi a través de este libro y me gustó tanto, que después leí todos los demás.
Se trata de su primera novela, y aunque en ella ya hay trazas de la excelente calidad de esta escritora, su argumento es mucho más simple que el de sus novelas posteriores.
También hay que decir que el robo de obras de arte por parte de los nazis era un tema bastante poco explotado en este tipo de novelas en 1999, aunque luego se ha hecho bastante común (Ver "La habitación de Ambar", de Steve Berry -2004-).
A mí me gustó mucho la forma narrativa de la novela, aunque me supo a poco: me hubiera gustado que la trama se hubiera extendido más.
Afortunadamente, después pude leer "Iacobus" y "El último Catón" para desquitarme.