A través del recuerdo de la narradora de sus comienzos como maestra en las zonas rurales del norte de la península en los años veinte y hasta el comienzo de la guerra civil, se pone de manifiesto la precariedad de la enseñanza, el analfabetismo y la miseria que por norma general había en los mismos. También se apunta a los intentos de mejora en la enseñanza que se hicieron con buena parte de estos maestros y con el impulso de la República. Además de una lectura amena, es un merecido homenaje a aquellos maestros.