Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

71.309 libros, 14.095 autores y 56.275 usuarios registrados

Entradas con etiqueta ‘Web 2.0’

¿Una nueva autoedición?

Autoedición - Autor

Ya hemos hablado en Lecturalia largo y tendido sobre la autopublicación y la coedición, algo que muchas editoriales practican con mayor o menor fortuna. Hay que tener en cuenta que bajo el palio de este tipo de edición puedes encontrar del que hace una tirada de poemas como regalo hasta el autor novel que no quiere pasar por el tedio del peregrinaje editorial, pasando por un amplio espectro de motivos variados.

Hoy, sin embargo, me gustaría hablar de la autoedición pensada para el autor semiprofesional o incluso con un nombre ya labrado. La aparición de nuevas tecnologías y desarrollo de mecanismos de promoción como son las redes sociales actuales, abre una ventana a los escritores que, liándose la manta a la cabeza, decidan lanzarse al ruedo, todavía en pañales, de la autoedición personal.

Lo primero que habría que recomendar en primera instancia es huir de servicios todo en uno por muy grandes que sean. Primero, por ser genéricos: si buscas un buen producto vas a tener que trabajarlo personalmente. Subir un PDF al sitio web y olvidarte es muy cómodo, pero de esa manera no te vas a diferenciar del resto de autores, y en este mundo digital donde los escritores proliferan como setas, la diferencia lo es todo.

Así que antes de pensar en dónde lo vas a colgar para ganar unos cuantos céntimos por obra digital y algún euro por la de papel, lo mejor sería que aprendas unos sencillos fundamentos sobre maquetación. Es un mundo nuevo, pero creo que si estás interesado en ser un autor independiente del siglo XXI es necesario que aprendas de viudas, versalitas, QuakXpresses, Indesignes o Sribus varios. Si se te da especialmente bien puedes pasarte al LaTeX, pero prepárate para pasar bastantes horas delante del ordenador. Sí, más de las habituales.

No tengas tampoco reparos en contratar a un profesional. La autoedición no es el paradigma del «hágalo-usted-mismo», pero tampoco hay que volverse loco. Hay excelentes profesionales autónomos que pueden arreglar tu texto. Claro que, si vamos a lo barato, lo mejor es perder unas cuantas horas uno mismo.

La corrección. Esto es un asunto delicado y espinoso para muchos escritores que no quieren cambiar una coma de sitio. Pero seamos serios: las comas deben quitarse, los adverbios limpiarse, los verbos concordar y los adjetivos existir. En este apartado es aconsejable también acudir a algún profesional para que le pegue un buen repaso. Eso o, como en el caso de la maquetación, quemarse los ojos en la pantalla. Todo depende de nuestro nivel de exigencia.

Hasta ahora podemos haber trabajado como auténticos gurús del trabajo casero o bien externalizando, como haría una editorial. En cualquiera de los casos acabaremos con un libro preparado para ser distribuido, tanto digital como en formato físico. Aquí estriba la gran diferencia con las editoriales: ¿necesitas una gran tirada y aparecer de repente en todas partes? Si ya has ido publicando aquí y allí, lo mejor es que uses tus contactos para asegurarte una primera tirada de tamaño reducido. Luego, si la cosa funciona, puedes ir de librería en librería o bien preparar una Print-on-Demand para que el libro sea accesible desde cualquier parte. Como ya habréis imaginado, todo esto también se realiza agotando la gran variable del escritor: el tiempo.

¿Dónde vender el libro digital? A la espera de cómo lo haga Google, lo mejor es buscar el mejor trato posible, como sería Amazon y su 70-30, o cualquier librería on-line abierta y con algo de criterio. Luego, para que negarlo, te va a tocar la promoción. Vas a ser la pesadilla del Facebook y del Twitter, de la librería de tu barrio y de las Ferias del libro que se celebren cerca de tu ciudad.

Diréis que es mucho trabajo, que no vale la pena o que el mundo editorial ya os ofrece un paraguas bajo el que resguardaros. Es posible, pero el caso es que hay ejemplos que empiezan a surgir. El que me gusta señalar normalmente es el de Rodolfo Martínez, autor de ciencia-ficción con varios libros publicados, que hace un año decidió iniciar su aventura a través de Sportula. Os aconsejo que sigáis la pista de cómo le funciona, pues es uno de los pioneros en todo lo que os he contado.

Autores relacionados:
Rodolfo Martínez

Acoso al escritor 2.0

3 de diciembre de 2010 en Literatura, Mundo Editorial, Noticias

Acoso

Os hemos hablado, somos un poco pesados, lo sé, en muchas ocasiones de las ventajas que la tecnología nos ofrece a la hora de publicar, difundir y vender nuestros libros, en el caso de que seamos escritores, y también cuando buscamos referencias de nuevas obras, si somos lectores.

Por eso hay que tener en cuenta que existe cierta posibilidad, sobre todo ahora que el mundo digital está en pañales y no todo el mundo participa con la asiduidad que se desearía, dejando mucho «espacio en blanco» en manos de muy poca gente, lo que puede provocar notables distorsiones en redes sociales o tiendas electrónicas.

De hecho no es la primera vez que oigo algo parecido, pero leo en The Guardian una noticia que nos viene al pelo: La novelista Rosie Alison le ha pedido a Amazon que investigue una serie de comentarios que han dejado sobre su libro. Según ella, tras rastrear las críticas negativas que ha recogido, opina que está siendo sometida a un acoso virtual, ya que el lenguaje es el mismo en todas ellas e incluso firman con el nombre de su propia hija.

Lo cierto es que Alison ya había comenzado un proceso legal acerca de todo este asunto, e incluso había contratado a un detective privado para que averiguara más del asunto. Según ella no es que le molesten las críticas negativas, pero el hecho de que un mismo individuo siga mes tras mes machacando su obra en cada sitio web que encuentra le está provocando una gran inquietud.

El escritor Orlando Figes reconoció haber publicado varias críticas negativas bajo otro nombre en obras de historiadores rivales, algo, la verdad, muy poco ético -por no hablar de cobarde-. Otros efectos residuales pueden ser las críticas negativas como protesta en sitios web por precios, servicio o política de privacidad, capaces de lastrar títulos al azar sin que tuvieran nada que ver.

En definitiva, en la era de las redes sociales sólo se puede confiar en que una gran cantidad de gente participe para equilibrar opiniones demasiado extremas, no todo es blanco y negro y tampoco hay que acosar a un autor sólo porque su obra no nos haya convencido, por mucho que nos duela haber pagado ese precio siempre demasiado alto.

Por otro lado, los autores deberían aprender a tomárselo con calma. Internet es una ventana gigante a través de la cual se filtra lo mejor y lo peor del ser humano. Siempre habrá gente que ocupe su tiempo con extraños fines y saque placer de la humillación y preocupación ajena. Lo mejor: no hacerles caso.

Autores relacionados:
Orlando Figes

La revista on-line

13 de marzo de 2009 en Literatura, Mundo Editorial, Revistas, Tecnologí­a

Dos doce

Alejada ya de los primeros e-zines de aficionados a la World Wide Web prehistórica, la revista online se perfila como una publicación propia, divorciada de páginas diseñadas con HTML para principiantes y simples ubicaciones de enlace para su pareja impresa. Así, los más incautos comenzaron leyendo la prensa en línea, y poco a poco fueron descubriendo que sus publicaciones periódicas favoritas tenían comparsa en Internet. Del ABC y El País en la pantalla pasamos a leer los últimos reportajes de moda en Vogue, los cotilleos más frescos en Diez Minutos o reseñas de las novedades en cartelera en Fotogramas. Pero desde que comenzó la andadura de las publicaciones on-line han existido revistas con entidad propia en la web, diseñados exclusivamente para ésta; o en cualquier caso con un diseño y concepto diferenciado de su partenaire en papel.

Aquí es donde triunfan sobre todo las revistas culturales, ya que el interés por lo artístico y lo literario ofrece un frente digital con un potencial inmenso. La posibilidad de combinar imagen, sonido y movimiento mediante la superposición de elementos, el abuso del Flash y el deseo de innovar puede originar partos como el de calle20 (alojada en la conocida 20 Minutos), Babab o Dosdoce.com, publicaciones interactivas que procuran transmitir información al mismo ritmo frenético que el resto de Internet, asegurando al lector una saludable renovación constante de contenidos mientras que controlan el movimiento de éstos ante un público tan exigente como el de la publicación impresa. Así, el periodista 2.0 tiene que afilar su visión, reubicarse y concentrarse en un público dispar, arbitrario y caprichoso que puede desechar sus esforzadísimas colaboraciones con un solo clic de su ratón.

Distinto es el caso de las publicaciones especializadas. En ámbitos de publicación minoritaria, para muchos aficionados las revistas on-line pueden aportar un caudal de información y entretenimiento que no encuentran en los comercios de a pie. Así, los profesionales universitarios pueden dar salida (y entrada) a una serie de investigaciones que no han alcanzado el interés o la subvención suficiente para lucirse en las revistas impresas propias de las facultades, los interesados en la jardinería o a la cocina pueden hallar pequeños trucos útiles de manera periódica sin tener que adquirir costosos manuales, y los que absorben la cibercultura de manera aún más directa que la mayoría pueden construir su propia página web sin tener que acercarse al quiosco de al lado.

¿Y en qué se diferencia una revista online de una web cualquiera? Si bien es verdad que en algunos casos el límite es difuso, la revista online suele trabajar su estructura y diseño enfocado al disfrute no sólo lector, sino también visual, como puede apreciarse sobre todo en publicaciones destinadas a la fotografía o a la arquitectura. Y ante todo tenemos una actualización y periodicidad garantizada, habitualmente simplificada por una estructura intuitiva y de acceso fácil para el lector/visitante/espectador. Eso sí, el que pueda no haber un control de calidad en cuanto a los contenidos, el que no pare de sonar esa musiquita irritante de fondo o el que la estética de la revista sea más un impedimento que un aliciente a su lectura, es algo que, definitivamente, tienen las revista online y el resto del mundo virtual totalmente en común. Quedan avisados.


Lecturalia Lecturalia