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Entradas con etiqueta ‘Vampiros’

L.J. Smith se queda sin vampiros

19 de febrero de 2011 en Autores, Mundo Editorial, Noticias

Vampire Diaries

La noticia no deja de sorprender por mucho que uno la lea un par de veces: L.J. Smith, conocida por su serie de libros juveniles Vampire Diaries, ha sido despedida por la editorial Harper Collins debido a divergencias creativas en las últimas entregas de la saga. Al parecer, HP tiene los derechos sobre personajes y marca y ha decidido largar a la autora para buscar otro escritor que retome los libros por donde ellos quieren que vayan.

Alucinante. Lo primero por enterarme que hay autores como L.J. Smith que han vendido la propiedad de su obra más allá de lo normal, supongo que para cobrar un verdadero pastizal, sin tener en cuenta que cualquier día la editorial podía darles la patada y dejar a sus personajes huérfanos de ideas. Lo segundo, por encontrar a una editorial tan grande que además no se haya dado cuenta del fenómeno fan sobre los autores que existe en la literatura juvenil y que ha hecho de L.J. Smith una estrella en su campo. De hecho, supongo que la serie de Night World será la que se lleve a la mayoría de sus seguidores dejando sólo a los más acérrimos seguidores esperando nuevas entregas de Vampire Diaries.

Desde luego, no animo a ningún autor a que se deshaga de sus creaciones a menos que sean producto de una franquicia alimenticia y no les tenga más cariño que a una factura telefónica, sin su obra, sin su reconocimiento, un autor pierde gran parte de lo que ofrece la literatura. Queda el dinero, por supuesto, pero para ser un negro literario tampoco hacen falta muchas alforjas.

Sin embargo, me gustaría pensar por un momento en los personajes abandonados de las novelas de L.J. Smith, alguno quizá angustiado como Augusto Pérez en Niebla, de Unamuno, acudiendo en busca de consejo a su autor para darse cuenta de que no hay nadie alrededor de la nívola en la que se encuentran. O, tal vez, les pase como en la obra Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, y acudan a su público televisivo rogando que les den un objetivo, un carácter, una buena frase que defina su existencia.

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Stephen King y los vampiros

3 de octubre de 2010 en Autores, Cómic, Literatura, Terror

American Vampire

Cuando hablamos de literatura de terror contemporánea es inevitable pensar en Stephen King. Pese a que muchos aficionados a la literatura, incluso a la de horror, arruguen la nariz frente a muchas de sus obras, es indiscutible que King logró partir de un género completamente denostado por la mayoría de lectores -al menos así lo enseñan las encuestas- y convertirse en un superventas capaz de ver publicadas sus mayores locuras (y consiguiendo venderlas, que eso ya es impresionante).

A muchos de escritores de terror les gusta por eso, a otros, y me incluyo, les gusta por cómo crea personajes perfilados con navaja que son reflejo naturalista de toda una generación americana, una que no suele verse en las pantallas de cine y que es, sin embargo, la mayoritaria en América: gente de mediana edad con trabajos de medio pelo, inmersos en vidas aburridas, con futuros rotos por la crisis económica, aferrados a sus familias, a sus coches, a un sueño americano teñido de gris. Además, claro, de su capacidad para torturarlos a base de pesadillas varias a partir de cosas tan sencillas como un perro, un viejo coche, una admiradora o una tonta maldición gitana.

Pues bien, cuando King opina hay que prestarle atención. No digo que siempre tenga razón pero podemos estar seguros de que va a decir algo interesante -además de polémico: con la edad ya no es que le queden muchos pelos en la lengua-.

Lo último sobre lo que ha opinado es sobre los vampiros. En el prólogo de un cómic que acaba de presentar, American Vampire, ha dicho:

«Esto es lo que los vampiros no deberían ser: pálidos detectives que beben bloody marys y sólo trabajan de noche; caballeros sureños desesperados de amor; adolescentes anoréxicas; chicos juguete con grandes ojos de cordero degollado.

¿Cómo deberían ser? Asesinos, cariño. Asesinos fríos como la piedra que nunca tienen suficiente de ese sabroso Tipo A positivo. Cazadores. En otras palabras, America de Medianoche. Rojo, blanco y azul, con acento en el rojo. Esos vampiros han quedado secuestrados por un montón de romance de baja estofa»

Está claro que a King no le van los vampiros adolescentes -el año pasado ya le mandó un regalito a Stephenie Meyer que levantó ampollas entre sus seguidores- y creo que desde entonces estaba con muchas ganas de acercarse de nuevo al género de vampiros. Hay que recordar una de sus mejores obras, El misterio de Salem’s Lot, como una de las novelas imprescindibles sobre el vampirismo en el horror contemporáneo.

Por mi parte, espero con impaciencia la publicación de American Vampire, que promete sangre a raudales y pocas miraditas adolescentes embriagadas de hormonas.

Vía: The Guardian

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Después de ti, nadie, de M.J Sánchez

2 de octubre de 2010 en Fantástica, Literatura, Romantica

Después de ti, nadie, de MJ Sánchez

Para los que no somos muy aficionados a la temática vampírica nos sorprende encontrar un libro como el que nos ocupa, máxime teniendo en cuenta que ha aparecido en una colección de novela romántica: por un lado, el tratamiento que se da al vampiro en Después de ti, nadie nos resulta original y, a la vez, cercano. Por otro, es una obra trabajada hasta la extenuación mucho más allá de lo evidente (el vampiro protagonista, sus motivaciones, su interés amoroso), cobrando vital importancia el contexto histórico, las relaciones de poder de la sociedad vampírica esbozada o la relación de estos inmortales con los humanos. El que crea que este trabajo no se puede notar a simple vista, se equivoca: ahora explicaré por qué. Si a todo esto añadimos que la autora es española (y no ha caído en el error de crear una trama ambientada en los lugares habituales del vampirismo literario, sino que ha creado vampiros genuinamente españoles, lo que es de agradecer) y que esta es su primera novela, parece quedar claro que estamos ante una obra a tener en cuenta.

Con respecto a la ambientación y contextualización, que ya he mencionado que eran factores importantes, yo al menos siento una gran predisposición a evitar todos aquellos libros que fallan en este aspecto. No es el caso: se nota la formación de la autora (que es licenciada en Geografía e Historia) a la hora de enfrentarse a la creación de la novela. Para no desvelar ningún detalle importante de la trama sólo mencionaré lo bien trabajado que están ciertos pasajes, no exentos (más bien lo contrario) de dificultad. Pero como también es importante eso de ir abriendo boca, ¿quién no tiene curiosidad por saber cómo uno de nuestros artistas más universales, Pablo Picasso, tiene un papel fundamental en una obra sobre vampiros? Ahí queda eso.

Los dos protagonistas Luis Rodríguez de Alcázar y Elena Medina, hacen girar sobre ellos y sus escarceos amorosos gran parte de la novela, que no toda. Esto también es de agradecer: es notorio que Luis, el vampiro centenario, ha de quedar prendado de Elena, la humana puesta a su alcance por motivos estrictamente profesionales (en este caso, la tasación de ciertas obras de arte), pero si la obra se redujera a esto perdería gran parte de su interés. También lo haría si no existiera algún “secundario” (muchas comillas) que no tuviera su papel importante, y en Después de ti, nadie hay uno que sobresale por encima de todos, tanto que se puede afirmar que es, con mucho, el personaje más llamativo de la novela. Estoy hablando de Gabriel Alcalá, el que en realidad hace que la trama sea más que notable. Su participación, no sólo en la historia sino en el universo particular en el que se desarrolla, tiene una importancia capital; más que eso, por momentos eclipsa al resto del elenco protagonista, y según parece él será el protagonista absoluto de la siguiente novela de la autora, algo que en los foros especializados de internet se está pidiendo a gritos. Por algo será.

Lo mejor para acercarse a Después de ti, nadie es dejarse de prejuicios. Estamos de acuerdo en que es una novela publicada en una colección de género romántico, pero es mucho más que eso. Los protagonistas principales son vampiros, por supuesto, pero no unos al uso actual de chic-vampirismo o al más tradicional de vampirismo-vintage. Tiene una contextualización histórica notable, pero tampoco es una novela histórica. De hecho, tal vez sea un hándicap el que haya aparecido publicada en una colección especializada; también lo habría sido de haber aparecido, en vez de en una colección de novela romántica, en una de género fantástico (y no habría sido extraño que hubiera ocurrido). Ignoro los entresijos de la industria editorial en el género romántico, pero es obvio que se ha delimitado su público objetivo. ¿Acaso no podría haber aparecido en una colección generalista? Yo creo que sí. Es más, tanto por tratamiento de personajes como por construcción de la trama está al mismo nivel que muchas otras obras generalistas. En cuanto a calidad literaria en sí, en eso no hay color: está mucho mejor escrita que la mayor parte de las novelas generalistas de autores noveles que se publican en nuestro país. Lástima de una portada tan horrorosa para los que no estamos habituados a este género, porque desmerece completamente el contenido, que es más que recomendable.

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Anne Rice y los ángeles

7 de agosto de 2010 en Autores, Fantástica, Literatura

La hora del ángel

Fiel a su amenaza Anne Rice continúa intentando demostrar que los ángeles son los nuevos vampiros, en términos de personajes literarios superventas, claro está. La escritora de Nueva Orleans inició en octubre de 2009 la publicación de una nueva serie de novelas, Songs of the Seraphim, que llegará a España el quince de septiembre con La hora del ángel y cuyo segundo volumen, Of love and evil, verá la luz en Estados Unidos en noviembre de este año. El tiempo dirá si Songs of the Seraphim llega al nivel de influencia de las Crónicas Vampíricas; al no ser los ángeles seres literarios si no mitológicos no hay posibilidad de cargarse ningún canon.

En La hora del ángel conocemos al protagonista de la serie, Toby O’Dare, un despiadado asesino a sueldo, contratado por un tal Hombre Justo. Pero a O’Dare se le ofrece una oportunidad para cambiar su vida y salvar vidas en lugar de acabar con ellas. Esta oportunidad de salvación le será dada por un serafín y llevará a O’Dare hasta la Inglaterra del siglo XIII. Como podemos comprobar poco o nada que ver, a priori, con el otro ejemplo de ángeles literarios que ha llegado a nuestro país, Fallen de Lauren Kate.

Anne Rice se convirtió, gracias a sus Crónicas Vampíricas, en una escritora de gran éxito. Según la autora en sus obras vampíricas se puede encontrar la constante lucha contra la maldad y la búsqueda de Dios, mientras sus vampiros eran metáforas de la frágil moral y de la debilidad humanas. Ahora, a parte de saber que os tenéis que releer las novelas de Lestat, quizás quede más claro lo de la equivalencia entre ángeles y vampiros. Os recordamos que, a finales de los noventa, Anne Rice tuvo una especie de renacimiento cristiano y rechazó volver a escribir sobre temas sobrenaturales, al tiempo que dedicaba talento literario a glosar la figura de Jesucristo. De esta aparente contradicción nace una serie sobre la vida de Cristo que continúa escribiendo y, ahora, compaginando con la de los ángeles.

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Oscuros

Tierra de vampiros, nuevo proyecto de Carpenter

11 de junio de 2010 en cine, Literatura, Terror

Tierra de vampiros

Hace ya 12 años desde que el director John Carpenter nos regalara la adaptación de la novela de John Steakley, Vampiros, protagonizada por James Woods y Daniel Baldwin, pasando a la historia del cine como la película en la que más se repite la palabra «chupasangres», al menos en el doblaje al español.

Con casi nada de presupuesto, muchas ganas y poca vergüenza, Carpenter no realizó su mejor trabajo detrás de las cámaras con Vampiros, aunque tampoco lo pretendiera. El resultado es uno de sus habituales clichés (grupo pequeño enfrentado a un enemigo poderoso al que sólo pueden vencer… echándole narices) al que se le ven más las costuras que de costumbre.

Desde entonces Carpenter sólo ha dirigido Fantasmas de Marte, también en su línea, aunque algo más trabajada que Vampiros, y ha picoteado aquí y allá, destacando un episodio dirigido para la serie Maestros del Horror, Cigarrette -una pequeña joyita-, y Prolife, para la segunda temporada de la misma serie.

Ahora nos llega el anuncio de una nueva adaptación por parte del director americano y vuelve a estar basada en una novela de «chupasangres».

Tierra de vampiros (Fangland), escrita por el periodista John Marks y publicada en 2008 por Roca, es la base del guión que se está ultimando en Estados Unidos. La historia está escrita de manera epistolar -más o menos- y con Evangeline Harker (¿Harker? ¿En serio?) como una joven periodista que acude a Rumanía para entrevista a una leyenda criminal: Ion Torgu. A partir de ahí la cosa se tuerce (bastante) y no vamos a contar nada para no destripar ni la película ni el libro.

Para el papel de la señorita Harker se ha confirmado la presencia de la oscarizada Hillary Swank que todos recordamos por papeles como Million dolar baby, aunque quizás para esta ocasión sea mejor que acudamos a otros papeles en su carrera como el que tuvo en Buffy cazavampiros (¡¡la película!!) o Karate Kid III.

La novela quedó finalista en los premios World Fantasy -lo que tampoco es una garantía- pero el proyecto pinta mucho mejor que Vampiros, ya que con Hillary Swank se asegura un mínimo de presupuesto y de buena producción que era, en los últimos tiempos, uno de los problemas de Carpenter.

Queda por saber si la banda sonora también irá de su mano y nos regalará otra de sus inolvidables melodías, como el inolvidable tema principal de Halloween o 1997 Rescate en Nueva York.

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Vampiros

La historiadora, de Elizabeth Kostova

17 de abril de 2010 en Histórica, Literatura, Terror

La historiadora

Uno de los principios necesarios de la crítica responsable es huir de la valoración más o menos subjetiva y centrarse en el análisis productivo de una obra. Es posible que esto parta de la suposición de que el crítico se encuentra con una obra con un mínimo de calidad, que ha superado un filtro editorial y que se presenta al gran público superados unos requisitos básicos. Sin embargo, a veces el lector se encuentra con una obra, sea esta novela, ensayo, relato o compendio de aforismos, cuyo análisis se ve impedido, una y otra vez, por diversas circunstancias: un ritmo pobre, desigual; unos personajes planos que evitan de manera continua la identificación con el lector; la introducción de una serie de tópicos repetitivos; la imposibilidad de un pacto narrativo por la escasa credibilidad del argumento y de su desarrollo o (y ésta seguramente será la peor) el simple y llano aburrimiento. Cuando estas circunstancias se dan en un superventas como ha sido La historiadora de Elizabeth Kostova, uno no puede dejar de plantearse si es verdad aquello de que toda lectura es buena.

La trama de Kostova, autora obviamente apasionada por, valga la redundancia, la historia, gira en torno a la figura del príncipe Vlad el Empalador, comúnmente conocido como Drácula. A través de una serie de recursos retorcidos y poco prácticos, una serie de personajes comienza a investigar a esta figura y a sospechar que el temible Tepes siga vivo y rondando por el mundo. La trama de la novela se ayuda del manido sistema de describir la acción a través de cartas y documentos pseudohistóricos, que se entremezcla con una narración más o menos lineal que repite, de manera ardua, aquello que ya nos han dado a entender dichos documentos. La historiadora es, sin duda, una de esas obras que presupone que el lector es falto de entendederas, ya que la repetición se convierte en uno de sus recursos más comunes. Por otro lado, la autora parece gozar de las descripciones topográficas, lo cual se agradecería si no fueran insulsas y superfluas. Su empeño en usar metáforas muertas y su amor por los tópicos llega a su culmen en el párrafo en el que una habitación se nos describe como “desnuda”, para pasar a continuación a enumerar los numerosos muebles y adornos que llenaban la habitación. Kostova cae, una y otra vez, en ese gran sinsentido narrativo que es el de instruir al lector qué debe sentir, en vez de sugerirlo con las acciones y el comportamiento de los personajes. Una y otra vez se nos recuerda que los personajes sienten miedo, pero no sabemos muy bien por qué: constantemente les invaden temores sin fundamento ni razón. Se nos indica que la figura de Drácula y de sus secuaces es temible, pero no entendemos muy bien qué tienen de espantosos. La autora olvida que el hecho de indicarle a su lector “ahora es el momento en el que debes tener miedo” no suele funcionar para insuflar terror en su corazón.

Empalando

Constantemente se nos recuerda que Drácula es malo, muy malo, malísimo, pero más allá de sus crímenes históricos no entendemos muy bien qué es aquello tan terrible a lo que se dedica, ya que el pobre no-muerto se limita a coleccionar libros y a secuestrar (¡oh, el horror!) a eruditos amantes de los libros para que (¡qué tortura!) le ayuden a organizar su espléndida biblioteca. Por supuesto no pueden faltar numerosos deus ex machina aparecidos de la nada y cuya existencia y función se nos explican en apresuradas y escasas líneas, mientras que se dedican extensos párrafos y capítulos a un simple paseo de camino a un monasterio. Las habilidades de intriga de la autora pueden recordar a un mal planteado episodio de la serie CSI, en el que tres cuartas partes de su duración se dedican a plantear el misterio y sus pistas, y en el que se resuelve el asesinato de forma rapidísima e incoherente, con la intención de que el espectador no tenga tiempo de pararse a pensar que dicha resolución, realmente, no tiene sentido.

El éxito de ventas de una novela puede deberse a una excelente campaña de promoción, a una gran calidad literaria o a un uso adecuado de la intriga que impulse al lector a tomar el libro para no soltarlo. Como, a mi juicio, la obra no cumple con ninguno de los tres requisitos, animo a aquellos que han leído La historiadora de Elizabeth Kostova y la han disfrutado a que comenten este artículo, señalando qué aspectos de la obra encuentran interesantes y qué les ha animado a leerla. Si a alguien, como a mí, le ha parecido que los árboles talados para imprimir este libro no merecían una muerte tan poco digna, le animo también a que exprese su parecer.

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Das Vampire. Desde Nosferatu a Edward Cullen

3 de enero de 2010 en Literatura, Terror

Cullen Nosferatu

Parece ser que cuando uno muere pierde toda una serie de obligaciones que lo ataban a una existencia gris, moral y asexual. Así que, a no ser que uno sea zombie (por lo que sus facultades mentales se verán seriamente menguadas) o un hombre lobo (que implica estar condicionado por las fases lunares), ser no-muerto tiene una buena cantidad de ventajas. Sobre todo si tienes poderes especiales, léase superfuerza, supervelocidad y capacidad de hipnosis. Como contrapunto, no podrás salir de día, tendrás una severa intolerancia hacia los ajos y los crucifijos te provocarán urticaria. Es decir, serás uno de los seres más icónicos de la literatura universal, un vampiro.

Polidori acertó de pleno cuando presentó su vampiro como un lord, un auténtico gentleman de la época, ducho en las artes de la seducción y el saber estar. Y es que, a nivel más o menos explícito, el vampiro se asocia con la sexualidad, ya sea por el acto oral de lamer y chupar fluidos prohibidos, por sus referencias a la estética y modus vivendi sadomasoquista, o por la creencia de que se trata de un ser diabólico, vinculado al infierno, y por tanto representante de todos los vicios y pecados más terribles: desde la antropofagia hasta el bestialismo o la pederastia. No puedo ni empezar a enumerar las numerosas teorías que explican el origen de su figura: desde los casos de catalepsia por los que un supuesto muerto se levanta de la tumba hasta las leyendas relacionadas con íncubos y súcubos, criaturas descendientes de Lilith, primera mujer de Adán, amante de Lucifer y considerada por muchos como madre de los vampiros. Si Lilith es la madre, está claro que el padre es el terrible Vlad el Empalador, personaje histórico que hace relativamente poco trató Elizabeth Kostóva en La historiadora, donde la imagen atrayente del vampiro y sus secuaces (los ghouls, humanos alimentados con sangre vampírica) se remonta a la propia existencia del Príncipe Dracul, famoso por desayunar rodeado de unos cuantos enemigos, o súbditos, clavados en estacas.

Y es que el vampiro no se detiene en Vlad. Su perturbador atractivo nos persigue de miles de maneras. Una de las primeras muestras modernas en la literatura de sexualidad lésbica está presente en Carmilla, el relato de Sheridan le Fanu, donde es posible que escandalizara más la estrecha relación entre la vampiro (apenas una niña, por lo menos físicamente) y su víctima, otra mujer, que el acto vampírico en sí. Si bien el Drácula de Bram Stoker se asemeja más al terrible Empalador por su carácter medieval y siniestro, algunos puristas prefieren el aspecto grotesco y depredador del Nosferatu de la Hammer o del juego de rol Vampiro La Mascarada. Sea como sea, el vampiro siempre se ha representado con un poderoso aura de peligro: un vampiro no puede ser tu novio o tu amigo, sencillamente porque es una criatura caníbal que actúa por instinto. La escritora Anne Rice hizo mucho por modificar este concepto, presentándonos al vampiro torturado: aquel que debe alimentarse de sangre para sobrevivir pero que mantiene su conciencia humana, conciencia con la que se halla siempre en conflicto. Rice también rescató la ambigüedad sexual del vampiro, un ser que es capaz de ver belleza en ambos sexos, en seres humanos de todas las edades y razas, una belleza que trae la sangre. Si bien en el mito siempre queda claro que para el vampiro lo primordial es alimentarse, la conjunción sangre-sexualidad significó un tremendo éxito para Rice a la que desde entonces viene plagiándose de mil y un modos. Este vampiro “consciente” ha evolucionado hacia un vampiro “bueno”, un vampiro “vegetariano”, que se enamora hasta las trancas de mujeres humanas y reniega de sus colegas menos humanizados. Al descafeinar su aspecto violento y amoral, los autores ahora pueden permitirse reelaborar su perfil sexual, presentándonos a héroes narrativos como Bill Compton de True Blood u otros personajes altamente sexuales como los pertenecientes a las sagas de L.J. Smith o Laurell K.Hamilton.

Vampirella

Mención aparte merecen los conocidos vampiros de la saga Crepúsculo. Pese a sus guiños constantes a la tradición, Stephanie Meyer ha introducido múltiples características originales: estamos ante vampiros resistentes a la luz diurna, con poderes especiales más propios de una saga de superhéroes que de una crónica vampírica, retratados en una serie de novelas dirigidas al público juvenil femenino. El vampirismo en este caso parece un recurso para justificar a personajes perfectos, entidades increíblemente bellas que no envejecen, misteriosas y resplandecientes, criaturas sexualmente no agresivas. Hasta cierto punto sorprende el éxito de una narración que castra el aspecto sexual de un mito que ha perdurado precisamente gracias a ese carácter lúbrico. El tiempo dirá si la literatura aprovecha este nuevo camino iniciado por Meyer o si regresa a los aspectos más divertidos del ser vampírico; aquellos que son política y moralmente inaceptables.

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simbolo

Se nos acaba el año y no estaría de más hablar de los protagonistas de este 2009 a punto de desaparecer y que nos ha traído bastante terremoto mediático desde su inicio. ¿Será el 2010 igual de movido para la industria editorial, escritores, libreros y lectores?

1. El desembarco mediático de los lectores de ebooks.

Los lectores de libros electrónicos, o e-readers -nunca ebooks-, han copado la actividad informativa tanto del sector tecnológico como del cultural. Como es un tema un poco a caballo entre los dos se ha notado cierto titubeo al hablar del tema, sin llegar a encontrar muchos artículos bien estructurados.

Lo cierto es que los lectores se han empezado a vender antes de que haya unas tiendas de libros electrónicos en condiciones suficientes como para suponer un cambio significativo. En teoría, el 2010 marcará el desarrollo de esa industria en español. Habrá que seguir los movimientos de las editoriales muy de cerca.

2. El símbolo perdido, de Dan Brown.

Aunque no me gusta especialmente la obra literaria de Brown, hay que reconocer que el lanzamiento de su última novela ha supuesto un impacto social y cultural de gran alcance. Pocos escritores gozan de la confianza de sus editores como para lanzar tiradas iniciales de millones de libros. Brown ha conseguido eso y, además, incrementar sus ventas con la versión digital de sus novelas. Desde luego, tendrá que pasar bastante tiempo antes de encontrarnos con un fenómeno de lanzamiento como este.

3. Aniversarios

Este año se ha caracterizado por el cumpleaños de editoriales tan importantes en la industria española como han sido Tusquets y Anagrama. Literatura en estado puro por parte de dos empresas que han marcado el ritmo de la cultura en España desde hace cuarenta años. Los actos y festejos reunieron a autores como Murakami, Martin Amis, Almudena Grandes o Tom Sharpe, entre otros muchos. También ha coincidido este 40 aniversario con, por ejemplo, la profunda remodelación de la web de Tusquets y de un buen número de declaraciones de Jorge Herralde sobre los libros electrónicos que han levantado no poca polémica.

4. Murakami

Sin duda, este año ha sido el de Haruki Murakami. Recibió el Premio Jerusalén y dio un discurso de lo más interesante, además de publicar la novela más vendida en Japón casi antes de que se pusiera a la venta. 1Q84 será el lanzamiento más importante de Tusquets el año que viene y, mientras esperamos, han decidido publicar El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, novela primeriza del autor japonés y que fue escrita en 1985, lo que a muchos fans de Murakami puede que les suponga un lastre tras leer After Dark o Kafka en la orilla.

Lazarillo Z

5. Vampiros y Zombies

Desde luego, si algo ha saltado este año ha sido la literatura juvenil con toques de horror o fantástico. El fenómeno Crepúsculo, lejos de desaparecer, ha sido reforzado con el estreno de las películas basadas en las novelas de Stephenie Meyer. A su estela han aparecido muchos títulos que antes las editoriales dejaban a un lado y que ahora publican en busca del nuevo título dorado que rompa de nuevo el mercado.

Los zombies, por su parte, han aprendido a correr y no sólo en las calles, ya que los títulos en las estanterías de las librerías con esta temática del horror más pop se han multiplicado -y más que lo van a hacer- en los últimos meses. De obras ya escritas hemos llegado al delirio de las obras escritas ex-profeso para esta nueva moda, que nos lleva a mezclar clásicos como Orgullo y Prejuicio con zombies o, en su vertiente más española, el Lazarillo Z. Incluso hay editoriales, como Dolmen, que ya han lanzado una línea dedicada en exclusiva a los roecerebros

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Crepúsculo, los vampiros y el terror

20 de noviembre de 2009 en Literatura, Terror

Nosferatu

Es inevitable, con el estreno de la siguiente película de la saga Crepúsculo, basada en los libros de Stephenie Meyer, hacer algunas reflexiones sobre la actual figura del vampiro en la literatura. En la pasada Hispacón, Sergi Viciana y Juan Díaz Olmedo hablaron sobre este tema y la verdad es que merece la pena echar un vistazo a cómo el vampiro ha evolucionado, sobre todo en los últimos años.

La figura del vampiro nace como algo real, al menos para las creencias de los campesinos centroeuropeos. El muerto que vuelve de la tumba, el que propaga enfermedades: el noosferos clásico que, en el siglo XVI, era estudiado de una manera incluso racional. Se entendía que el vampiro, como tal, existía. Y, desde luego, daba mucho miedo.

Con la llegada de la ilustración el vampiro queda relegado al mundo de la superstición y no es hasta la llegada de los nuevos mitos románticos -no olvidemos que el Vampiro de Polidori es en realidad Byron-, cuando aparece Drácula, de Stoker, como el vampiro moderno, capaz de dar miedo a los ciudadanos del Gran Imperio Británico. El Drácula de Stoker es capaz de entrar en Londres, el nuevo mundo, y amenazar con llevarse el alma de esos fieles creyentes. Uno de los más profundo miedos para la sociedad de entonces.

Desde ese momento el vampirismo ha dado muchas vueltas hasta llegar a donde parece triunfar hoy en día. Lo cierto es que una de las características clásicas del vampiro era que su seducción no venía dada por su belleza: era el animal interior, tan poderoso que los humanos caen rendidos a sus pies, lo que le daba ese magnetismo irresistible. El vampiro era feo, pero irresistible, una figura sexual explícita y rebelde que atacaba a la moral de su época, al contrario que el vampiro actual que parece inseguro y hasta tímido.

Ese animalismo, o feísmo, se trató durante algunos años, igual que la idea de la comunidad o grupo de vampiros que viajan juntos, se protegen y actúan como una familia. Ahí, quizás, es donde empieza un proceso por el cual el vampiro se humaniza, empieza a comportarse como cuando estaba vivo, pero sin serlo. A medida que el vampiro se hace más humano, menos miedo da. A fin de cuentas no deja de ser como nosotros, los humanos, pero con sus “cosillas“.

crepusculo

Uno de los cambios que marca la tendencia actual es la aparición de las novelas de Anne Rice a finales de los 70, donde el homoerotismo y la idea del comportamiento romántico, entiéndase romántico como de eterno sufrimiento y de amores perdidos, se combinaban con unos anhelos y comportamientos muy humanos. Heredera de esa tendencia es Stephenie Meyer, que da un paso más hacia la humanización y normalidad de lo vampiros. Crepúsculo ya no es una novela de terror, aunque en ella salgan vampiros y hombres lobo, es una novela romántica para jóvenes adultos. El vampiro aquí es una extensión del caballero andante, el que tenía que cumplir una misión imposible y vagaba, desconsolado, por los bosques de Bretaña. Los vampiros malvados carecen de maldad sobrenatural, son mezquinos como los humanos. No dan más miedo entonces que, por ejemplo, unos pandilleros con un par de cuchillos.

De ese modo el vampiro, que nació como un ser real, pasó a sembrar el miedo en el corazón de los puritanos, pasó a ser un tipo con amigos y ha acabado seduciendo jovencitas al salir de clase. El siguiente paso ya será contarnos cómo le va como padre de familia en una sitcom de veinte minutos.

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Vampiro a mi pesar

20 de octubre de 2009 en Juvenil, Literatura, Terror

Vampiro a mi pesar

Parece haber una fascinación mórbida, que no comparto, por los vampiros. Tampoco me pirran los ninjas, los piratas o los templarios. De pequeño tampoco soñaba con ser bombero o policía, así que probablemente el problema sea sólo mío. No obstante, al llegar a mis manos este libro y ver que el autor era Andreu Martín, decidí darle una oportunidad.

Andreu Martín es uno de los más importantes escritores de literatura juvenil de los últimos treinta años, aunque limitarse a señalar ese dato biográfico sea muy injusto: ha escrito guiones para cómic, cine y televisión, es un importantísimo escritor de novela negra e incluso ha incursionado en la novela erótica, llegando a ganar uno de los últimos premios La Sonrisa Vertical que se convocaron. Como fiel seguidor de su obra, y ávido por ver si le había conferido su particular humor a esta novela, me enfrasqué en su lectura. No me defraudó.

Para el que no conozca la vis cómica de Martín le puede resultar chocante el que trate ciertos temas con tal desparpajo y carencia de escrúpulos. Ilya, el protagonista de Vampiro a mi pesar, es el hijo de un campesino ruso (en realidad el destilador de vodka de la aldea) que, tras un encontronazo con el supuesto Hombre Lobo de unos feriantes ambulantes, se convierte en vampiro. O eso piensan él, su familia, el clérigo del pueblo y el resto de conciudadanos, por supuesto. Tras una milagrosa salvación del brazo ejecutor de sus supersticiosos vecinos, que no están dispuestos a convivir con un muerto viviente, Ilya se verá obligado a vivir y actuar, a su pesar, como lo que se supone que es.

El libro se lee con mucha facilidad y la historia está muy bien hilada, pero no se trata de una historia de vampiros al uso, sino de un acercamiento a cómo se inician los mitos y leyendas, todo en clave juvenil pero muy bien elaborado. La historia es lo de menos, pues: Martín nos da detalles sobre cómo pueden originarse de forma estúpida la mayor parte de las supersticiones, de cómo una conversación poco afortunada puede derivar en un legendario embrollo y, sobre todo, del peligro inherente a mezclar la incultura de las clases bajas con las ansias de poder de los que, siendo como ellos, se consideran superiores moralmente.

Digo esto para no llevar a equívocos: Ilya no es un chico guapísimo que chupa la sangre a las doncellas del pueblo (de hecho se contentará con ser monógamo y no tan casto como los protagonistas de otras sagas de vampiros juveniles). Tampoco vive una vida llena de glamour, a no ser que cazar ratas para subsistir pueda ser considerado como tal. Y, desde luego, no es un héroe al uso, por mucho que se esfuerce en ser lo que se presupone en un señor de la noche. Totalmente recomendable.

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