Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

71.309 libros, 14.095 autores y 56.287 usuarios registrados

Entradas con etiqueta ‘traductores’

Traductores y editores

27 de julio de 2009 en Autores, Mundo Editorial, Noticias

Llevado mi queso

Para muchos lectores la función del traductor es aparentemente transparente. Es una figura en la que no se suelen fijar ya que asocian libro y lenguaje sin pensar demasiado en que alguien ha pasado por el medio reescribiendo la novela que disfrutan mientras toman el sol en la playa o tratan de conciliar el sueño en la cama.

Pero los traductores, sobre todo aquellos dedicados a la novela de ficción, son uno de los sectores profesionales más importantes y a la vez peor tratados del mundo editorial. Dejando a un lado los problemas que aparecen cuando editoriales sin demasiada profesionalidad contratan a recién licenciados en filología con precios ridículos que revientan el mercado, lo que luego lleva a que los correctores de estilo -cuando los hay- se vuelvan locos tratando de que los textos tengan sentido, nos encontramos con los problemas que encuentran los traductores para cobrar los derechos de autor derivados de sus traducciones, sobre todo cuando estas pertenecen a libros que han llegado a convertirse en Best-Sellers.

Leo en Público varios ejemplos que parecen sangrantes: ¿Quién se ha llevado mi queso? es un libro de motivación para ejecutivos -lo que los americanos llaman un airport-book, ya que el grueso de sus ventas se suele dar en las librerías de las terminales, por el que su traductora, Montserrat Gugui, tuvo que pelear, incluso con problemas de “traducción fantasma” por el medio, para poder cobrar la parte que le correspondía.

Peor caso fue el problema de Matilde Horne, traductora del El Señor de los Anillos y que con la venta de Minotauro a Planeta sufrió un injusto olvido. Afortunadamente, pudo recibir el dinero que le correspondía, de forma tardía, eso sí, ya que falleció poco después.

En la editorial Almuzara tampoco se libran y la ACETT, donde están asociados muchos traductores, señala que mantienen una situación irregular con varios traductores. Destaca el problema de Chris Stewart, autor de Entre limones, que declara no ha percibido nada por un libro que ha vendido más de 250.000 ejemplares.

La situación del traductor viene marcada, como ya he comentado antes, por un intrusismo que no sólo llega a los recién licenciados que ven la oportunidad de ganarse algo de dinero rápido, también existe el llamado “Mirlo Blanco” o “M.Blanco” con el que se fusilan traducciones o se firman verdaderas aberraciones lingüisticas. El problema es el de siempre, una buena traducción lleva un precio que muchos no están dispuestos a pagar. Así salen algunos libros, en teoría avalados por excelentes editoriales, llenos de incorrecciones y faltas.

Autores relacionados:
Chris Stewart

Los límites de la traducción

21 de mayo de 2009 en Literatura, Noticias

Hemingway

En una reciente conversación con la Agencia Efe, el Premio Nacional de Traducción Miguel Martínez-Lage habló sobre la necesidad de actualizar las ediciones del escritor estadounidense Ernest Hemingway. Martínez-Lage señaló los múltiples fallos del autor en ediciones imperfectas, no por erratas gramaticales, ortográficas o estilísticas, sino de conocimiento y percepción, en especial aquellas que se refieren a las fiestas españolas, como es el caso de los sanfermines. Especificó que la edición de algunas obras de Hemingway era deficiente, y que las propias traducciones distaban mucho de compensar esta deficiencia.

Una vez más nos encontramos con el planteamiento de una duda que ronda foros y reuniones de traductores desde los albores de la profesión: ¿es legítimo que un traductor modifique el texto original más allá de lo que exige la adaptación semántica y estilística? Si bien es un caso peliagudo en cualquier tipo de texto, es particularmente arriesgado en documentos de tipo legal o contractual, ya que la modificación de cualquier término podría alterar por completo el sentido de éste. Habitualmente los traductores jurados y especializados en traducción jurídica suelen realizar anotaciones a pie de página indicando la corrección, intentando evitar, en lo posible, realizar la corrección in situ. Pero esta pregunta se extiende también a lo literario: si corregimos diversos errores del autor original, ¿estamos mejorando el texto? ¿O estamos haciendo que pierda algo de su valor original? En cualquier caso, ¿estamos legitimados para realizar esta modificación?

notas

Algunos traductores contestarán afirmativamente, máxime cuando a su labor de traducción se une el de corrección de estilo; otros se negarán en rotundo, recurriendo al pie de página, al consabido “N. del T.”, en un intento de conservar al máximo la integridad del texto original. Encontramos aquí más obstáculos que superar: una edición crítica puede permitirse rellenar páginas y páginas de apreciaciones en una fuente minúscula tipo Cátedra; una edición genérica, no. ¿Pero y si algunos de esos “errores” encontrados por el traductor no sean tales, o con el tiempo se conviertan en un rasgo característico y relevante para entender mejor al escritor y a su obra? ¿Estamos perdiendo contacto con la realidad del texto? ¿O acaso no será interesante para el lector percibir que Hemingway contaba mal los toros que aparecían, o que malinterpretaba algunas costumbres locales? Tal vez, llegados a este punto, se trasciende la labor del traductor y entramos en el terreno del filólogo o incluso del teórico literario: lamentablemente la filología, la teoría y la crítica literaria no suelen mostrar gran interés por la Traductología; y por otro lado muchos traductores carecen de una base filológica y de teoría literaria adecuada.

Por supuesto, esta es una encrucijada a la que el traductor se enfrenta al interpretar a los grandes escritores, aquellos que, por la naturaleza de sus escritos y la inmunidad que le confiere la crítica y el canon, gozan de la duda, aquella que nos empuja a preguntarnos si el error merece permanecer, si necesita de una aclaración o si debemos corregirlo ipso facto. Y es que realizar esta corrección no es moco de pavo, estamos hablando de una traducción que será leída y apreciada por miles de receptores. En el caso de autores menores, me temo, la consideración no es la misma, y sus incoherencias, erratas o incluso su estilo, pueden caer bajo el efecto devastador del traductor profesional, perseverante y cumplidor.


Lecturalia Lecturalia