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Entradas con etiqueta ‘Tebeos’

Carpanta, el tebeo de la posguerra

1 de enero de 2011 en Autores, Cómic

Carpanta

Varios fueron los tebeos que triunfaron en la España de posguerra, y entre ellos hay que mencionar los evidentemente fantasiosos como El Capitán Trueno (creado por el dibujante Miguel Ambrosio “Ambrós” y el guionista Víctor Mora en 1956), Roberto Alcázar y Pedrín (de Juan Bautista Puerto y Eduardo Bañó, de 1940) o El Guerrero del Antifaz (de Manuel Gago, creada en 1944). El más polémico de ellos es sin duda el segundo de ellos, que ha sido sistemáticamente criticado por ser considerado afín a la ideología fascista, algo que sus creadores siempre han desmentido. En palabras del crítico Pedro Porcel:

Si la imputación viene dada por el sistemático recurso a la violencia para la resolución de los problemas, debemos recordar que tal actitud nunca ha sido específicamente fascista y que aunque así se creyese es compartida por la totalidad de los héroes de papel del momento tanto españoles como extranjeros (…)

No hay que olvidar con respecto a este cómic que uno de sus guionistas más importantes fue precisamente José Jordán Jover, un militar republicano que sufrió las represalias del régimen franquista tras la finalización de la Guerra Civil de 1936.

Pero aunque estos cómics se contaron entre los más populares de la época, no podemos olvidar a otros que, alejados de ambientaciones exóticas, transcurrían en la España contemporánea. La única manera de pasar por alto la censura fue, por supuesto, darle un cariz cómico a los argumentos. Francisco Ibáñez es, por méritos propios, el más importante e internacional de nuestros dibujantes de humor, siendo sus personajes más conocidos los inefables Mortadelo y Filemón (que han estado ininterrumpidamente con nosotros desde 1958), los alocados protagonistas de El botones Sacarino (1963), el miope Rompetechos (1964) y Pepe Gotera y Otilio (1966), sin olvidar una de sus más magistrales series, la de 13, Rue del Percebe, iniciada en 1961. No es difícil, ojeando las historias de estos divertidos personajes, darse cuenta de la carestía económica de la época, pero nunca deja de ser un trasfondo más o menos amable que es utilizado como recurso humorístico.

Dentro del cómic humorístico de la posguerra, y una vez mencionado a Ibáñez, es preciso hablar de Josep Escobar i Saliente, más conocido como Escobar, autor de una de las series más populares del cómic español de todos los tiempos, Zipi y Zape. Zipi y Zape, iniciada en 1948, narra las aventuras y desventuras de dos gemelos muy peculiares, siendo dos secundarios de lujo e imprescindibles sus padres, Don Pantuflo y Doña Jaimita, y su profesor, Don Minervo. Pero poco nos pueden decir las aventuras de estos dos hermanos sobre la situación social de la época, siendo fácilmente identificables como miembros de la burguesía acomodada catalana de la época. Sin embargo, las estrecheces de aquellos años de autarquía (aunque finalmente se superara este tipo de régimen económico) fueron reflejadas más fielmente en el otro gran personaje de Escobar, Carpanta.

Carpanta es un vagabundo sin techo cuya mayor preocupación es la de comer, leitmotiv de la obra. Carpanta nació en 1947, y no es extraño que tuviera problemas con la censura debido a que no podía ser bien visto un personaje que pasaba un hambre constante (de ahí los nuevos diálogos en los que este mendigo ya no pasaba hambre, sino que tenía apetito). No tuvo ningún problema la censura, después de todo, con que Carpanta, que sufría de un apetito extremo (posiblemente ocasionado por una gula nada bien disimulada y no por la carencia de algo que llevarse a la boca, debían pensar los lectores que no pudieron acercarse a sus primeras intervenciones en las revistas de la época) tuviera fijada su residencia bajo un puente. Se mire como se mire, Carpanta fue el reflejo de una época de adversidad para las familias españolas, y aunque reviste de comicidad y la crítica social tan sólo se intuye, es una buena muestra de que, en tiempos de Franco, y contrariamente a lo que decía aquella frase bien publicitada de “En la España de Franco nadie pasa hambre”, sí había gente que malvivía. Tanto que, movidos por caridad cristiana, algunas personas enviaron comida y dinero a los editores de Carpanta para que este pobre hombre no pasara tanto “apetito”.

Autores relacionados:
José Escobar Saliente
Víctor Mora

Cómics para regalar(se)

31 de diciembre de 2010 en Cómic, Literatura, Terror

Kitaro

Ya os hemos hablado antes de una selección personal de libros para regalar(se). No podemos dejar pasar la oportunidad para elegir cinco cómics (o tebeos) que también nos parecen interesantes y que pueden alegrarle la Navidad o el principio de año a más de uno.

He intentado dar una mirada general, con algo de manga, cómic clásico, un poco de terror (bueno, un mucho de terror, es cierto), pero siempre con la idea de mostrar estilos lo más diferentes posibles. Espero que estos cinco ejemplos os sirvan de guía por si queréis encontrar algo original, aunque es cierto que hay muchísimos más ejemplos esperando vuestra visita en las librerías especializadas.

Kitaro, de Shigeru Mizuki. Personaje clásico, Kitaro resulta una pequeña joyita para los amantes del manga clasicote con cierto ambiente oscuro y terrorífico. Son aventuras autoconclusivas en las que se narran las aventuras de Kitaro, el último niño fantasma. Historias de lo más entretenidas que estoy deseando tener entre mis manos gracias a la gente de Astiberri.

Strange Suspense, los archivos de Steve Ditko, una recopilación magistral de las mejores historias de horror que el genial dibujante Steve Ditko publicó en la década de los cincuenta. Si bien Ditko es más conocido por su trabajo con Spiderman o el Doctor Extraño, esta época de su vida nos muestra una faceta suya imprescindible todo gracias a la gente de Diábolo.

Predicador, de Garth Ennis y Steve Dillon, es una serie peculiar, con personajes peculiares, argumentos peculiares y dedicada a gente peculiar, como yo mismo, podríamos decir. Acaba de salir reunido en un bonito el volumen 3, el primero correspondiente al Nuevo Testamento. Tras acabar de leer el Antiguo, no puedo evitar correr a por él. Recomendable para irreverentes aficionados y pecadores del cómic.

Hellboy, volumen 1, de Mike Mignola. Poco hay que decir de Hellboy, tras las dos películas dirigidas por Guillermo del Toro, poco, es cierto, además de que Mignola es un auténtico genio del dibujo y el color, y que esta edición es una verdadera gozada. Tan imprescindible que ya me la he regalado, lo confieso.

Predicador, Antiguo Testamento

30 días de noche: Más allá de Barrow, de Steve Niles y Bill Sienkiewicz. Está claro que recomendar una parte de una serie completa no tiene demasiado sentido, pero lo cierto es que 30 días de noche se recomienda por sí sola. Lo que me hace desear este nuevo tomo es la presencia de uno de mis dibujantes favoritos, Bill Sienkiewicz, quien me descubrió un mundo nuevo en el cómic con Electra o con obras menos conocidas como Stray Toasters. Me lo pido.

Bien, hasta aquí algunos de los cómics que, ejem, ejem, me gustaría tener para este año que viene. Seguro que hay un montón de novedades que os están tentando en estos momentos, así que ya estáis tardando en nombrar a vuestros favoritos en los comentarios. ¡Os estamos esperando!

Las calles de arena, de Paco Roca

14 de diciembre de 2010 en Autores, Cómic, Literatura

Las calles de arena, de Paco Roca

Las calles de arena del dibujante Paco Roca es su primera novela gráfica tras la exitosa y premiada Arrugas y, con ella, vuelve a demostrar que es uno de los mejores historietistas que podemos encontrar en el panorama nacional. En Las calles de arena el dibujante valenciano cambia de registro adentrándose en el realismo mágico para hablarnos sobre la inseguridad, la insatisfacción, la aceptación del destino, todo ello en la aventura del protagonista “el hombre sin nombre” que debe llegar a una cita con el banco y su hipoteca y que, tras retrasarla cuanto puede, intenta coger un atajo a través del barrio viejo.

Ese barrio viejo en el que se sumerge resulta ser un laberinto de calles que es incapaz de superar, perdiéndose sin remedio. Tras dar vueltas y más vueltas encuentra un hotel donde preguntar cómo salir del barrio pero, en cambio, se ve arrastrado a pasar allí la noche. El Hotel la Torre resulta ser un mundo habitado por personajes de lo más peculiar, como la recepcionista que nunca puede tomarse un momento libre, el de mantenimiento, en lucha constante contra las calderas del enorme edificio, la mujer cartera que sólo se comunica a través de cartas,… todos estos personajes se encuentran atrapados en este barrio al que llaman Las calles de arena y del que algunos intentan huir, como es el caso de Ignacio, compañero de habitación de nuestro protagonista, que lleva treinta años preparándose para salir, mientras otros se han resignado a que ese sea su mundo.

Tal y como demostró en Arrugas, uno de los fuertes de Paco Roca es la creación de personajes, entrañables y creíbles, aunque estemos hablando de un vampiro con apego a sus recuerdos o de un hombre que lleva toda su vida preparando su muerte. Este desfile de personajes acompaña al protagonista en su odisea por las calles de arena en su intento por regresar a su vida y sus obligaciones, en una historia fantástica llena de referentes.

Ganador del Premio Nacional de Cómic en 2008, Paco Roca lleva años siendo un referente de la historieta en España. Habitual de revistas míticas como El Víbora, comenzó su andadura profesional junto al ilustrador y escritor Juan Miguel Aguilera, colaboración de la que surgieron títulos como Gog. En estos momentos trabaja directamente para el mercado francés a través de la editorial Delcourt mientras en España es Astiberri quien está publicando sus últimas obras.

Autores relacionados:
Juan Miguel Aguilera
Paco Roca
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Las calles de arena

Maus, de Art Spiegelman

24 de agosto de 2010 en Cómic, Literatura

Maus

Con Maus: relato de un superviviente Art Spiegelman no sólo consiguió su mejor obra o una mención especial en el Pulitzer de 1992, también consiguió uno de esos breves momentos en que la miopía congénita que padecen no pocos popes literarios no impide que estos se rindan a un cómic. Maus consiguió incluso un exposición en el Moma de Nueva York.

Art Spiegelman nos cuenta la historia de su padre, joven polaco seguro de si mismo y casado con la heredera de una familia acomodada. A pesar de la tendencia a la depresión de su esposa son un matrimonio feliz, con toda la vida por delante. Pero Vladek y su familia son judíos un terrible “crimen” tras el triunfo del nacionalsocialismo en Alemania y la expansión de esta fuera de su territorio con la invasión de Polonia por parte del Tercer Reich. Vladek es llamado a filas para defender a su país del invasor como cualquier otro joven polaco. Tras su captura por parte de los alemanes y una accidentada vuelta a casa, todo ha cambiado.

Asistimos poco a poco al deterioro de la situación, como se van sucediendo los momentos de desesperación y los de esperanza, como se construye el gueto de Varsovia o como empiezan a llegar los primeros rumores sobre los campos, mientras la mayoría de la población mira para otro lado. En ese día a día, los intentos de mantener cierta fachada de normalidad parecen patéticos. Llega un momento, la deportación a los campos, en que ya nada puede mantener ese intento de normalidad o, simplemente, la esperanza.

Vladek va contando la historia a su hijo Art y es aquí donde Spiegelman va más allá del relato sobre el Holocausto, para enseñarnos lo que implicó la supervivencia para los pocos que lo consiguieron, como sus vidas y la de sus familias quedaron marcadas. Así, la narración se mezcla la historia principal del pasado con la vida de Vladek, refugiado en los Estados Unidos, en el presente y su relación con su hijo.

Spiegelman utiliza animales para representar a las diferentes partes de la historia: los nazis son gatos, los polacos cerdos, los franceses ranas o perros los estadounidenses. Los judíos son ratas dentro de la ratonera Polonia.

Es un relato duro (no podría ser de otra forma), desgarrador que el personal estilo de Art Spiegelman consigue dotar de gran realismo, a pesar de estar representada la historia por animales. Por que esta substitución de hombres por ratas o gatos en ningún caso supone una infantilización o dulcificación de la historia.

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Art Spiegelman
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Maus. Relato de un superviviente

Vuelve el Capitán Trueno

10 de junio de 2009 en Cómic, Literatura

Capitán Trueno

El Capitán Trueno hizo su primera aparición editorial en junio de 1956 de la mano del guionista Víctor Mora y con dibujo de Ambrós, comenzando un éxito editorial que convertiría al Capitán, y a sus inseparables compañeros Goliath y Crispín, en personajes de referencia para muchos niños y adultos que seguían cada semana sus aventuras. Ambientadas en la Edad Media, las aventuras del Capitán Trueno le hacían enfrentarse a diversos problemas luchando contra la injusticia en diferentes países y escenarios, a los que era posible que hubiese llegado gracias al globo inventado por el mago Morgano.

Estos personajes excitaron la imaginación de miles de niños que, semana a semana, esperaban ansiosos la salida de Pulgarcito u otros tebeos para encontrarse con el Capitán, El Jabato o El Guerrero del Antifaz. Pero ni los grandes héroes se libraban de la censura. Así, había que disimular escotes demasiado pronunciados, eliminar maldiciones o añadir referencias a Dios y, como no, a Santiago y cierra España. Pero no quedaba ahí la cosa: el Estatuto de Publicaciones Infantiles y Juveniles de 1967 propugnaba que en los cómics no podían haber escenas violentas que pudieran facilitar la “perturbación o desviación psicológica o educacional de los lectores“, con lo que cuando, en 1969, la editorial se decidió a reeditar todo lo publicado hasta entonces del Capitán Trueno, no sólo el escote de Sigrid sufrió la censura sino que cadáveres y sangre desaparecieron de escena. Para acabar de arreglarlo la editorial también decidió que la nueva edición, además de en color, debía abandonar los cuadernillos apaisados originales, pasados de moda, y adaptarse al nuevo formato en revista, tal y como aparecían los cómics estadounidenses que comenzaban a llegar a España. El cambio de formato se realizó sin demasiado cuidado, acortando, alargando o añadiendo nuevas viñetas o dibujos.

Aprovechando que el personaje vuelve a estar de modo, gracias a las celebraciones y publicaciones alrededor de los cincuenta años del Capitán Trueno y a la cada vez más cercana película, Ediciones B ha decidido retomar aquella reedición en color de 1969 pero eliminando las modificaciones obligadas por la censura y por el cambio de formato, siendo más cercana al original que cautivó la imaginación de los niños de los años cincuenta y sesenta.

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Víctor Mora
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The Spirit, de Will Eisner

23 de enero de 2009 en Tebeos

P'Gell

Nacido en el Brooklyn de 1917, Will Eisner ha sido una de las figuras más importantes de la historia del cómic, tanto en su faceta como dibujante/guionista, como en la de empresario, dotando al género de una madurez y profundidad que no tenía hasta entonces. También se le considera el creador de la primera novela gráfica, Contrato con Dios, publicada en 1978, que nos acercaba la vida en el Bronx en los años treinta. Pero Eisner ya había entrado en la historia del cómic antes de esto. Era la década de los cuarenta y The Spirit aparecía en los kioskos.

The Spirit es una historia de policías y ladrones, con mafiosos, mujeres fatales, policías corruptos, jugadores, supervivientes y desesperados, donde las buenas personas pueden ser arrastradas por las circunstancias y la necesidad al lado incorrecto y las malas pueden hacer una buena acción, una historia donde la violencia, los gritos de auxilio de una sociedad enferma se mezclan con un gran sentido del humor y una magnífica narración. La descripción de la ciudad, Center City, de la gente que la habita, de los problemas a los que se enfrentan, nos dan una visión crítica y mordaz de la realidad de cualquier gran ciudad de esa época.

Los personajes son uno de los puntos fuertes de Spirit, personajes que pueden llevar con dignidad el peso de unas historias en las que pueden llegar a pasarlo bastante mal. Spirit es, en realidad, el detective Denny Colt, dado por muerto y que aprovecha esta circunstancia para continuar su lucha contra el crimen escondido tras un antífaz. En la época de aparición de los grandes superhéroes clásicos, como Superman o Batman, Spirit es un héroe sin poderes ni grandes efectos, que no se plantea salvar el mundo; él ayudará al pobre enganchado al juego o al perseguido por la mafia, gente corriente que sufre las consecuencias de una sociedad corrupta.

Spirit

Su identidad sólo es conocida por su amigo el comisario Dolan, su jefe mientras fue Denny Colt. Dolan es un policía íntegro y eficiente que no sólo colabora habitualmente con Spirit, sino que también es el padre de Ellen, dulce e inocente, casi siempre, y eterna novia de Spirit. Ellen es el prototipo de mujer de clase media americana de los años 40 y su contraste con otros personajes femeninos del cómic provoca situaciones interesantes. Porque Spirit no tiene problema en tontear sin reparos con las femmes fatales que, como corresponde a cualquier novela policí­aca del momento, pueblan sus páginas.

Sin duda, hay que hablar de P’Gell, la mejor femme fatal de la historia del cómic, cínica, autosuficiente, ambiciosa y coleccionista de maridos y joyas. Utiliza sus múltiples encantos para casarse con hombres ricos, de los que curiosamente enviuda pronto, utilizando su herencia para conseguir ampliar sus negocios. Cómo diría la propia P’Gell, mientras oculta el arma con la que acaba de conseguir una nueva viudedad, “¿qué podría hacer una pobre mujer como yo?”. También podríamos destacar a Sand Saref, amiga de la infancia de Denny Colt ahora en el lado equivocado, o a la propia hija de P’Gell, Saree.

Además de con mujeres peligrosas, Spirit tiene que enfrentarse con otros criminales, en muchos casos de baja estofa, en otros con enemigos mucho más peligrosos, como es el caso de Octopus, personaje del que, aunque sí conocemos su identidad, Zitzbath Zark, Eisner sólo nos muestra sus guantes. Otro tema recurrente son los científicos locos, como el Doctor Cobra, que fue quien lo dio por muerto.

Como todo héroe que se precie, Spirit tiene un ayudante, en este caso Ebony White, un chico negro, obstinado y divertido, al que Eisner presenta de manera tan estereotipada, sólo hay que ver el nombre, que ahora sería tachado sin duda de racista. Aun así es uno de los personajes más interesantes de la serie y protagoniza algunas de las historias más divertidas. Poco a poco, Spirit cede protagonismo a los personajes secundarios y a las historias, reflejando de manera crítica la sociedad. Estas historias pueden ser policíacas o de misterio, pero también encontramos historias románticas, humorísticas o de terror.

Las técnicas utilizadas por Eisner, con encuadres casi cinematográficos, fueron incorporadas poco a poco por otros dibujantes, pudiendo decir que sin Eisner el cómic actual sería totalmente diferente. Uno de los discípulos declarados de Eisner es Frank Miller quien se ha encargado de llevar el cómic al cine, con su propio y peculiar estilo, y quien protagonizó junto a Eisner un más que recomendable libro, Einer/Miller, publicado en España por Norma, en el que se da cuenta de una extensa conversación entre los dos autores, desgranando y comparando sus técnicas y secretos profesionales.

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Will Eisner
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The Spirit

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