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El libro digital en el desierto de la lectura

Desierto

En un país como es España, donde los índices de lectura dan más risa incluso que pena, donde los libros se regalan y amontonan en las estanterías sin que nadie los toque, donde la telebasura es líder de audiencia y los programas culturales apenas se siguen, donde la cultura en ocasiones se menosprecia en favor del populismo peor entendido, allí donde escribir es más un dolor que un divertimento, en esa España desierta de letras, ahora, de repente, nos encontramos con la aparición del libro digital, una suerte de hechizo mágico por el cuál, agárrense, todo el mundo se va a poner a leer a Saramago, Pynchon, Mankell y a Dan Brown, además, sin pagar un céntimo de euro, que ya se sabe como es la picaresca española, y aquí nadie va a mover un billete de la cartera si se puede conseguir algo gratis, eso sí, sin importar gastarse 300 euros en un lector de medio pelo, posiblemente más de lo que muchos se habían gastado en libros durante toda su vida.

¿Alguien se cree esto? La industria editorial no es la musical. Los libros no son canciones de tres minutos con derechos en los politonos, bares, restaurantes y salones de boda. Los trovadores hace tiempo ya que no recitan las hazañas de Sam Spade por los salones de té a media tarde a cambio de monedas y tabaco. No, eso no es cierto y parece que ni la industria por un lado ni los usuarios por otro llegan a comprenderlo.

La base de la literatura es el escritor. Ese ser solitario y normalmente incomprendido que pasa las horas delante del teclado, la máquina de escribir o su moleskine, juntando letras casi siempre a medianoche y sacándose las entrañas de todas las maneras posibles. De cada mil escritores, hay uno bueno, y de cada diez mil, uno que vende; por desgracia, no siempre son el mismo tipo.

Así que si dejamos a un lado las estrellas del rock literario, aquellos que venden por castigo, miles y miles de ejemplares, a los que en realidad que les pirateen no les importa nada -o no debería, allá cada cual con su avaricia-, quedan un montón de taciturnos tecleadores que, si las cosas van como van, tendrán bastantes problemas.

Lo que no se puede hacer es perpetuar el sistema. Hay que cambiar, evolucionar, buscar una salida. Es lo más difícil de todo, ya que todavía se mueve mucho dinero, independientemente de la tecnología. Si las editoriales cierran los e-books, plantan DRM, inflan los precios y persiguen a sus clientes, estos se sentirán con todo el derecho del mundo a usar los libros electrónicos que consigan por sus propios medios. Pero que nadie se lleve a engaño: un libro descargado no es un libro que dejas de vender, ni siquiera es un libro leído. Las cifras se inflan dependiendo de a quién le convenga hablar, eso está claro. ¿Qué nos queda? ¿Suscripción? ¿Filtros de popularidad? ¿La medida de un trabajo artístico será el número de semillas en el bit-torrent?

En el país donde no se lee, los libros son ahora un caballo de batalla, algo que me parece impresionante. A lo mejor es que no hay tantas excusas sobre la calidad de los escritores que sobre cantantes o directores de cine. Pero volvamos al tema: aquellos, la mayoría, que no leían, no leerán, aunque se descarguen mil libros. Aquellos que compraban libros, lo seguirán haciendo, pero si no hay facilidades, buenos precios y comunicación, acabarán por desaparecer.

En cuanto a los que dejarán de comprar libros para únicamente descargar copias gratis, por lo menos nos queda el consuelo de que irán a ver a sus escritores favoritos en concierto.

Autores relacionados:
Dan Brown
Henning Mankell
José Saramago
Thomas Pynchon

Bubok, Millás y los mensajes de móvil

Millás

Bubok, la empresa de autoedición que más está sonando en los medios este año, abre una nueva vía en España para la venta de literatura: la suscripción por móvil. Para inaugurar el servicio ha llegado a un acuerdo con Juan José Millás para publicar de esa manera sus anticuentos -minicuentos autoconclusivos- a partir de una suscripción. Ya sabes, algo con lo que muchos hemos bromeado: Manda ALTA MILLAS al xx-xx y recibe un cuentecillo diario.

La iniciativa surge, más o menos, a semejanza de las populares novelas por móvil que causan furor en Japón y de las que ya hemos hablado en profundidad en Lecturalia. Sin embargo, veo grandes diferencias con ese modelo y me parece que la idea llega tarde para el mercado español. (Esto me recuerda, además, una vieja iniciativa que me hizo llegar David de Ugarte por parte del viejo grupo Cyberpunk hace unos cinco o seis años con una iniciativa muy similar a esta, pero que técnicamente se hizo imposible)

En Japón ese tipo de literatura es principalmente folletín para adolescentes, además de que se puede conseguir normalmente de manera gratuita y no es hasta su paso al papel -o a la publicidad de las páginas a las que se accede por móvil- que generan cierto beneficio. A 0.50 euros más iva el cuento, que es lo que cuesta el servicio de Bubok, nos salen 20 minicuentos por más de 10 euros, algo que, sinceramente y aunque me encantan los minicuentos de Millás, parece algo totalmente excesivo.

En un presente en el que la tendencia de los teléfonos móviles es a la conectividad permanente, bien vía WiFi o 3G -quizá ahora no sea lo normal, pero en poco tiempo va a ser lo habitual-, no tiene sentido este tipo de servicios de suscripción tan limitados.

De todas formas, desearle suerte a la gente de Bubok ya que por lo menos es una iniciativa que rompe con la tónica editorial un poco anquilosada en cuanto a la aproximación a las nuevas tecnologías.

Vía: Blog de Bubok

Autores relacionados:
Juan José Millás

¿Google Edition?

google edition

Leo en Dosdoce una explicación de cómo parece que va a ser el modelo, o al menos uno de los modelos, que va a plantear Google a la hora de trabajar con los libros y las editoriales.

Además de la compra tradicional, pago por descarga y ya está, parece que Google tiene interés en aplicar la tecnología de nube -cloud computing- a todo el sistema de Google Books.

¿Qué quiere decir eso? Que además de nuestro archivo descargado, tendríamos acceso al libro o revista que hubiéramos comprado desde cualquier dispositivo capaz de contectarse a internet. Esto, claro, lleva a otras posibilidades de mercado: La suscripción -con todas sus variantes que desee la editorial- y la compra por tiempo limitado (esto lo veo interesante: no todos los libros se merecen una relectura o se tiene tiempo para dedicarles de nuevo atención)

Esta idea se aleja de la idea de Amazon de unir contenedor físico y digital y atar los libros a una plataforma en específico, pero se rumorea que es un estadio que se estaban planteando dejar atrás y abrirse más a nuevos dispositivos. Más les vale, ya que, de nuevo más rumores, se comenta que Google estaría negociando con Plastic Logic -una empresa fabricante de e-readers- para llegar un acuerdo similar al que se firmó con Sony, es decir, acceso directo a Google Books.

La idea de Google resuelve uno de los problemas sobre la “virtualidad” de los ebooks, al disponer de ellos en cualquier lugar, momento o dispositivo -sea un móvil, un e-reader, un pc o la misma televisión-, creando para cada usuario de Google Books su propia biblioteca portátil además de librería instantánea.

El inconveniente, claro, es la dependencia de una empresa para tener acceso a tus libros, aunque sea una tan poderosa como Google.


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