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Entradas con etiqueta ‘psicópatas’

Morbo gótico

27 de diciembre de 2010 en Literatura, Novela Negra

Morbo gótico

Morbo gótico es una novela escrita a cuatro manos por Ana Ballabriga y David Zaplana centrada en la historia de Nicolasa una joven psicóloga madrileña que intenta hacerse un hueco profesional en Lisboa donde vive con su marido, Nuno, inspector de policía. Es gracias al trabajo de su marido como se acerca a uno de sus casos, un asesino en serie que ataca a mujeres sin aparente relación entre ellas y que lleva de cabeza a la policía, mientras intentan que el caso no llegue a conocimiento de la prensa. La ayuda de Nicolasa es, además, vista como una manera de acercamiento para un matrimonio que empieza a perderse entre los silencios.

Aparte de sus problemas matrimoniales Nicolasa va haciéndose un camino profesional, a trancas y barrancas, en Lisboa siempre bajo la sombra de su padre, siempre ausente como tal, pero siempre presente como losa para la carrera de su hija, al menos desde el punto de vista de ella, al ser una eminencia en su campo. Nico, arrastra también un trauma que no le permite dormir sin pesadillas y que lastra su salud y su estado de ánimo; esta incapacidad para dormir la tiene desde niña, cuando vio algo que no debería haber visto, un suceso al que no es capaz de enfrentarse después de tantos años.

La novela discurre entre la vida profesional de Nico con sus pacientes, sobre todo Inés quien está manteniendo una aventura con un hombre casado, su trabajo de voluntaria y sus intentos de destacar en el mundo académico por encima de su padre, y su vida personal, con sus problemas matrimoniales, su negativa a tener hijos, su empeño en ver el reflejo de su padre en todo, incluso en su marido, tomando la relación entre sus padres como espejo para la suya. Y, además de Nicolasa, tenemos a nuestro asesino en serie, un psicópata organizado y salvaje, que nos cuenta en primera persona que hace y las razones de su odio.

Podemos ver por tanto que, en principio, se trata de una historia interesante y que nos puede ofrecer unas horas de entretenimiento. Pero, lamentablemente, los ejecutores de la novela no han estado a la altura de la historia. El estilo, las vueltas de tuerca, el comportamiento absurdo de Nicolasa, aun dentro de su desesperación, la resolución apresurada de puntos importantes de la novela, hacen que en muchos momentos haya tenido ganas de cerrar el libro y empezar con el siguiente de la pila, recordándome por momentos a algunos Jet de Plaza y Janés, en el peor sentido de la comparación. A favor del libro podemos decir que no sigue el estilo de novela negra con detective carismático que tanto estamos viendo en los últimos años y que las descripciones de los asesinatos no son precisamente mojigatas.

Autores relacionados:
Ana Ballabriga
David Zaplana
Libros relacionados:
Morbo gótico

El depredador de Seattle

30 de octubre de 2010 en Ensayo, Literatura

Ted Bundy

Ted Bundy fue uno de los asesinos en serie más famosos del siglo XX, y sobre su figura se han realizado películas, mini-series y, por supuesto, infinidad de libros que intentan explicar las motivaciones de un hombre al que, aunque oficialmente se le atribuyen algo más de treinta asesinatos, algunas fuentes indican que pudo llegar al centenar de chicas asesinadas. Sus víctimas respondían a un patrón claro, determinado por un amor de juventud: chicas blancas, de pelo lacio y moreno habitualmente peinado con raya en medio. Sus edades variaron bastante, desde chicas cercanas a la treintena hasta una niña de doce años que fue una de sus últimas víctimas.

Uno de los libros más interesantes acerca de Bundy fue redactado en base a sus confesiones a la policía del estado de Florida, lugar en donde finalmente fue cazado. En Ted Bundy: conversaciones con un asesino, de Stephen G. Michaud y Hugh Aynesworth, sorprende descubrir a un hombre que bien podría ser nuestro vecino de enfrente o el cajero de nuestro banco. Con gran seguridad en sí mismo, Bundy (que había estudiado Psicología y Derecho) llegó a defenderse a sí mismo en el primer juicio al que fue sometido, aunque al final fue contraproducente ya que, aunque empezó la vista con gran aplomo, acabó perdiendo los papeles en varias ocasiones. Tampoco contribuyó el hecho de que, durante una visita a la biblioteca de los juzgados para documentar su caso, saltó desde una ventana y huyó. Estuvo una semana escondido en una caravana abandonada hasta que la policía dio con él.

No fue su único intento de fuga. Hubo otro aun más exitoso, cuando se evadió de la cárcel y pudo trasladarse con una identidad falsa hasta Florida, en donde mataría por última vez siguiendo el modus operandi que ya había utilizado en los estados de Utah y Washington. Fue allí donde cometió el error de intentar asaltar a la hija de un policía local (hay que decir que no hubiera sido la primera víctima de estas características: en Utah a asesinó a la hija de un sheriff), que salió indemne gracias a su hermano, y que fue en última instancia la que, en la comisaría de su padre, identificó al hasta entonces preso fugado.

Para los aficionados a los detalles morbosos puede resultar muy interesante el pequeño libro Ted Bundy, el depredador de Seattle, escrito al alimón por Nuria Fontanet Rodríguez y Ángel Ferris Fulla. Baste decir que solía golpear a las chicas en la cabeza, a veces con brutal saña, que las solía violar y sodomizar, que a varias les arrancó la cabeza para “decorar” su apartamento o que, según los forenses del estado de Florida, llegó a practicar la necrofilia. Fue muy habitual, sobre todo en los primeros tiempos, el que se hiciera pasar por un incapacitado (bien con unas maletas, bien con un brazo en cabestrillo) para solicitar ayuda a las chicas que él deseaba raptar y matar, lo que hizo que su pareja en aquellos tiempos empezara a sospechar de él (localizó unas muletas en su casa, aunque sabía a ciencia cierta que él no se había lesionado recientemente). Tras una llamada anónima de la chica a la policía ésta determinó que Bundy no era el asesino que estaban buscando. Un auténtico error: al menos dos docenas de mujeres habrían salvado la vida de haberse producido la detención en ese momento.

Ya he hablado de su brutalidad. También, en consonancia con otros asesinos en serie, poco a poco se fue haciendo más descuidado. Si fallaba en un rapto, inmediatamente buscaba a otra chica para desquitarse, lo que le hacía actuar de forma precipitada. Aunque lo habitual fue el asesinato de una chica por día, uno de sus crímenes más mediáticos sucedió en un campus universitario cuando, precisamente por haber fallado en un secuestro, irrumpió en una fraternidad femenina, atacando y matando a varias estudiantes. Una de ellas, escondida, fue otra de las testigos estrellas (junto con una chica que fue atacada en un coche haciéndose él pasar por policía) en el juicio que acabó condenando a Bundy a la silla eléctrica.

En Asesinos en serie, de Tom Schatman y Robert K. Ressler, se puede conseguir aún más información sobre uno de los más sanguinarios personajes de la historia reciente de los Estados Unidos.

Autores relacionados:
Robert K. Ressler
Tom Schachtman
Libros relacionados:
Asesinos en serie
Dentro del monstruo

Extraños protagonistas

16 de julio de 2009 en Literatura, Narrativa

Hyperion

La mayoría de las veces, cuando leemos un libro, nos encontramos con un buen montón de personajes. Los hay secundarios, terciarios y a veces casi inexistentes; los hay planos, bien desarrollados, con buenos diálogos o que no pronuncian palabra. Pero aquellos en los que el autor se vuelca completamente, por la cuenta que le trae, es en los protagonistas, aquellos que llevan sobre sus hombros el peso de la narración.

Uno de los habituales consejos para lograr un buen éxito literario es lograr que los lectores logren identificarse con el personaje principal. Eso, dicen, hace que la narración fluya y que se consiga una cierta comunión entre libro y lector. Sin duda, es una técnica de lo más habitual y además se ha usado en literatura juvenil como uno de los axiomas del oficio.

Sin embargo siempre aparecen autores que cuentan historias diferentes, narraciones en las que los personajes principales, los protagonistas, están más allá de la razón normal y en las que si el lector acaba identificado con el protagonista quizá sería cuestión de ir pidiendo cita con el psicólogo.

Dejando a un lado muchas novelas de terror, en las que sí que se juega con esa dualidad monstruosa de una manera diferente -digamos que las reglas de relación con el lector no son exactamente las mismas que en el resto de la narrativa- he seleccionado algunos de mis peores y más desequilibrados protagonistas favoritos.

Jean Baptiste Grenouille, protagonista de El Perfume, de Patrick Süskind. Sin duda uno de los personajes más aberrantes y a la vez más tiernos de la historia de la literatura. Obligado a conseguir el aroma perfecto no duda en darle al cuchillo para lograrlo. Yo, a mitad de libro, ya estaba de su parte.

Patrick Bateman, ejecutivo en American Psycho, de Bret Easton Ellis. Vividor, amante de la música, de las marcas caras, del vodka Finlandia, de las abdominales, del sexo, de decapitar mujeres con una sierra mecánica y luego hacer cosas todavía peores. Un tipo que logra llevarte a través de su locura personal y que hace que te enternezcas cuando no puede matar a alguien por ser, en el fondo, un tímido reprimido.

Ignatius J. Reilly, masivo personaje de La conjura de los necios, escrita por John Kennedy Toole. Al contrario que los dos anteriores, a Ignatius Reilly lo que dan ganas es de estrangularlo con tus propias manos. Simplemente, no puedes. Su absoluto desastre personal -similar a contemplar dos camiones de gran tonelaje chocando de manera frontal- resulta hipnótico.

Dexter Morgan, en cualquiera de los libros escritos por Jeff Lindsay. Dexter, también a diferencia de los anteriores, sabe perfectamente que es un enfermo mental, sociópata, asesino y manipulador. Y disfruta con ello. Y hace que camines con él y con su oscuro pasajero haciendo cosas malas a gente mala con cuchillos buenos y afilados.

Quizá identificarse, acompañar con cierto divertimento, a este tipo de personajes completamente reprobables resulte una especie de descarga mental, que nos ayude a superar todos esos sentimientos oscuros y violentos que llevamos dentro. Libros para mantener al monstruo oculto y satisfecho, podríamos decir.

Autores relacionados:
Bret Easton Ellis
Jeff Lindsay
John Kennedy Toole
Patrick Süskind
Libros relacionados:
American Psycho
El oscuro pasajero
El perfume
La conjura de los necios

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