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Entradas con etiqueta ‘Pseudónimos’

Grandes pseudónimos II

31 de julio de 2011 en Autores, Biografí­as

Richard Bachman

Si bien ya hemos mencionado algunos de los pseudónimos más conocidos de la historia de la literatura, las razones que se escondían tras estos nombres falsos eran sencillas: vergüenza, interés profesional, o la necesidad de cambiarse de sexo. Pero se dan algunos casos donde la propia identidad del escritor se desdobla con el pseudónimo, creando un tira y afloja muy particular entre escritor y alter ego. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, con Stephen King y Richard Bachman.

Cuando King estaba ya en la cúspide del éxito, se preguntaba frecuentemente si éste se debía a una simple cuestión de suerte y excelente márketing, o al talento en sí. Además, le irritaba no poder publicar la cantidad de libros con la frecuencia que querría, ya que sus editores limitaban su producción a un libro por año para no saturar el mercado. Así que se inventó al escritor Richard Bachman (escogió el nombre Richard en honor al pseudónimo del escritor Donald E. Westlake, Richard Stark; y el apellido Bachman por el grupo de rock Bachman-Turner Overdrive), y publicó con éste una serie de libros usando escasos medios publicitarios, para ver cómo funcionaría. Lamentablemente para King, el secreto no duró mucho, ya que los libros estaban llenos de referencias a su obra en general, y el estilo era muy similar al que empleaba con su nombre real, algo que los fans no tardaron en reconocer, a pesar del esfuerzo del escritor por crear una persona ficticia, con foto y dedicatorias falsas en los libros firmados por Bachman. Acabó dándose por vencido, y mató a Bachman, informando de su “fallecimiento por cáncer de pseudónimo” (aunque desde entonces se han “encontrado” varias obras póstumas del autor). King no fue el primer escritor famoso que decidió escribir bajo pseudónimo para probarse, en Francia algo similar fue llevado a cabo por Romain Gary, que publicó varios libros con el nombre de Émile Ajar, en un intento de descubrir si sus libros tendrían la misma aceptación sin la influencia de su propio prestigio. El resultado de su experimento (que a King realmente no le dio tiempo de comprobar, ya que se descubrió antes de tiempo su ardid) fue positivo, obteniendo unas cifras de ventas notables.

Más allá de lo conveniente de hacerse pasar por hombre o por mujer, cada vez es más común que los escritores reduzcan a iniciales su nombre para evadir los prejuicios asociados a cada sexo. En especial, las mujeres procuran esconder su nombre usando esta treta para publicar en géneros todavía asociados a escritores masculinos, como es el caso de la ciencia ficción. Un buen ejemplo sería D. C. Fontana (Dorothy Catherine Fontana), guionista de la serie Star Trek, que también ha utilizado varios pseudónimos masculinos. La propia J. K. Rowling prefirió abreviar su nombre para no condicionar con éste a lectores habituales de fantasía, género donde el sexo femenino puede asociarse a un tipo de literatura más romántica, menos “épica” que la de sus equivalentes masculinos. Otro caso curioso, en lo que se refiere a la literatura fantástica y a la ficción especulativa, es el que lleva años dándose en nuestro país, por el que numerosos escritores españoles utilizan nombres extranjeros para publicar sus obras, debido a la desconfianza que todavía existe hacia la calidad de lo producido en España dentro de dicho género.

Autores relacionados:
Richard Bachman
Stephen King

Grandes pseudónimos

23 de julio de 2011 en Autores, Literatura

Mark Twain

Dentro del constante juego autor-lector que encontramos en la literatura en general, no es raro hallar casos de escritores que no son exactamente lo que quieren hacernos creer. Más allá del engaño narrativo, podemos ver autores que se reinventan a sí mismos, como si fueran otro personaje más, de mil maneras distintas, de las cuales una de las más populares, por tantas razones, es cambiarse el nombre. A continuación enumeraremos algunos de los más raros y notables.

En caso de mencionar el nombre Howard Allen O’Brian, es muy probable que a nadie le resulte familiar. Sin embargo, Anne Rice es un nombre muy conocido, y ambos corresponden a la misma persona. Bautizada como Howard Allen en honor a su padre, la escritora no tardó en cambiarse el nombre por algo un tanto más femenino, Anne, y adoptó el apellido al casarse con su marido, el poeta Stan Rice. El caso de Rice es peculiar, además, ya que generalmente son las mujeres las que optan por escoger nombres masculinos en la literatura, como demostraron las hermanas Brontë, que optaron por hacerse llamar Acton Bell (Anne Brontë), Currer Bell (Charlotte Brontë) y Ellis Bell (Emily Brontë) para sus primeras obras, con la esperanza de que se les tomara más en serio en una época en la que las mujeres generalmente se dedicaban a la menospreciada novela romántica. Algo parecido le ocurrió a George Elliot, nacida Mary Ann Evans, que además se escudaba en una falsa identidad para ocultarle al público en general su larga relación de amor y convivencia con un hombre casado.

Hay muchos motivos que empujan a un autor a esconderse detrás de un pseudónimo. En el caso de Eric Arthur Blair, la publicación de su obra Sin blanca en París y Londres, inspirada en sus propias experiencias desempeñando todo tipo de trabajos en las ciudades mencionadas mientras intentaba hacerse un nombre como escritor, lo obligó a utilizar un nombre falso para no incomodar con la obra a sus padres. Aunque hizo uso de varios pseudónimos, será el de George Orwell el que finalmente le traerá el reconocimiento debido, con novelas como 1984 o Rebelión en la granja. También se han utilizado pseudónimos con frecuencia para separar dos tipos de actividad, como le ocurrió al matemático Charles Lutwidge Dodgson, quien adoptó el nombre de Lewis Carroll para separar su prestigio como científico de su éxito como escritor (se trataba de un juego de palabras con su nombre original: Lewis es otra forma adaptada al inglés de Ludovicus, la versión latina de Lutwidge, y Carroll es un apellido irlandés parecido al nombre latino Carolus, de donde proviene Charles).

Algunos pseudónimos son ya casi material de leyenda. No queda nada claro el origen real del nombre Mark Twain, con el que Samuel Clemens comenzó a firmar sus obras en 1863. Aunque el propio Clemens explicó que hacía referencia a una expresión usada para designar el estado de un río (significa dos brazas de profundidad), dicha explicación ha sido frecuentemente puesta en duda, ya que algunos de sus biógrafos aseguran que hace referencia al alcohol que bebía de fiado en la taberna de John Piper en Nevada.

Autores relacionados:
Anne Rice
Anne Brontë
Charlotte Brontë
Emily Brontë
George Orwell

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