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Entradas con etiqueta ‘Promoción de la lectura’

Un libro al día, un propósito muy curioso de año nuevo

8 de enero de 2013 en Actividades, Literatura

Un libro al día

En Lecturalia os hemos hablado de propósitos de año nuevo, en concreto de propósitos de año nuevo para lectores. También os hemos hablado de personas que leen muy deprisa (como Sarah Weinman, como podéis descubrir aquí), y del speed reading o lectura rápida. El caso de Jeff Ryan está relacionado con todos estos artículos y es, a su vez, del todo extraordinario.

Jeff es un escritor que se centra sobre todo en el mundo de los videojuegos (un ejemplo de ello es su obra Super Mario: How Nintendo Conquered America), pero también, como todo buen escritor, es un lector voraz. A finales de 2011 se propuso algo un tanto absurdo: leer un libro al día, todos los días, durante los 366 días del año 2012.

El primer día del nuevo año se dio cuenta de la magnitud de su meta, y creyó que no podría alcanzarla de ninguna de las maneras. Y es que este señor no es una persona desempleada, ociosa o con mucho tiempo extra, de hecho tiene un empleo a tiempo completo, está casado y es padre. Decidió probar una semana y, cuando vio que lo conseguía, otra más. Y así, hasta llegar a cumplir su objetivo, con 366 libros leídos, ni más ni menos. Eso sí, pronto se dio cuenta de que era inviable terminar un libro a diario. Se concentró en conseguir leer los 366 libros, aunque un día no terminase ninguna obra y otro día terminase tres. Así, en un día medio compaginaba varios libros diferentes, para no aburrirse y poder adelantar trabajo en los periodos en los que disponía de más tiempo libre.

Como os podréis imaginar, no todos los libros eran tochos de mil páginas. La novela corta ha sido su aliada en muchos de los momentos más complicados, al igual que los compendios de cómic, los libros infantiles y las antologías. También se percató de que no tenía siempre estómago para obras serias y espesas; asegura que devoró una buena cantidad de libros eróticos, de novelas rosas, biografías de cómicos famosos y novelas de zombis. Por otro lado, desde el principio tuvo claro que este propósito no podía influir en su vida habitual, es decir, no podía dejar de lado ninguna otra obligación (tareas del hogar, tiempo en familia, etc.) para dedicar ese tiempo a la lectura.

Curiosamente, su conclusión ha sido que en general no ha leído mucho más que de costumbre. Libros sí, por supuesto (y muchísimos audiolibros, para poder “leer” mientras iba en el coche y en otras situaciones similares), pero no lectura en general. Gran parte del tiempo que dedicaba a los libros se lo robaba a actividades que realizaba antes: leer en Internet sobre todo, ya fuera en blogs, redes sociales o webs informativas.

Podéis leer (en inglés) su artículo para Slate en el que narra toda la experiencia. Ha debido de ser una práctica muy positiva en general, porque este año ha decidido repetir. Su propósito para el 2013 es el mismo que el del año anterior. Eso sí, afirma que este año será más fácil, al fin y al cabo, el 2013 tiene un día menos.

Seis propósitos de año nuevo para lectores

3 de enero de 2013 en Actividades, Literatura

Propósitos de año nuevo

Cuando termina el año, siempre llega ese momento en que la web se llena de listas y listas de propósitos de mejora para el año entrante. Nosotros no podíamos ser menos, claro, pero hemos decidido ofreceros una lista muy nuestra, una lista de propósitos muy especial. Estas son algunas de las metas que consideramos que podrían beneficiar a algunos lectores para este 2013 que nos espera:

-Voy a perder peso: Tal vez va siendo hora de donar, regalar o prestar todos aquellos libros que tenemos repetidos, que leímos una vez hace años y no nos convencieron, que nunca conseguimos terminar; en definitiva, todo este peso sobrante que hemos acumulado en el 2012.

-Voy a dejar los vicios: Utilizaré marcapáginas en vez de doblar las esquinas de las hojas de los libros; abandonaré la televisión y la sustituiré por buenas novelas o antologías de poesía; evitaré que las lecturas en el baño se acumulen y que el servicio acabe pareciendo más una biblioteca desordenada que un espacio de aseo. Me olvidaré un rato de las redes sociales para dedicárselo, mejor, a mi lector electrónico.

-Voy a pasar más tiempo en familia: Leer nos une; leamos con nuestros niños, leamos con nuestra pareja, leamos con nuestros padres. Recitémosle poesía a los que amamos, teatro a los que queremos divertir, prosa farragosa y aburrida a los que detestamos (pero cuidado con esta venganza soporífera; un gran poder implica una gran responsabilidad).

-Me superaré a mí mismo: ¿Te apetece algún desafío en especial? ¿Quieres sentirte realizado como lector? Siempre puedes apuntarte a algún reto de lectura. Aunque páginas de libros como Goodreads tienen un widget especial para añadir a tu perfil con retos personalizados de lectura, tampoco es necesario utilizarlo; puedes crear tu propio reto y compartirlo en las redes sociales o con tus amigos y familiares. Por ejemplo, ¿serías capaz de leer un libro a la semana? ¿Cuántos libros crees que podrías leer en un año?

-Mejoraré mi vida social: Hay muchas formas en las que el acto de leer se puede transformar en un acto de comunicación que vaya mucho más allá del escritor y el lector. ¿Alguna vez has formado parte de un grupo de lectura? Pueden encontrarse muchos en internet, pero no hay nada como la interacción directa con personas de carne y hueso. Podríais elegir un libro al mes, por ejemplo, y organizar pequeños encuentros o meriendas donde hablar de vuestras lecturas.

-Voy a ponerme al día: Seguro que tienes una larga lista de lecturas pendientes, de libros que te han recomendado o que has ido apuntando mentalmente. Ahora es el momento de coger papel y boli (o editor de texto, o teléfono móvil, o lo que quieras) y empezar a tomar nota de esos títulos. También es muy útil hacerte un wishlist o lista de los deseos en tu blog, en un cartelito colgado de la pared de tu habitación o en la tienda online donde suelas adquirir libros por internet, para tener siempre a mano un recordatorio de lo que querías leer (y además es un incentivo excelente para que tus amigos y familiares te regalen exactamente lo que quieres por tu cumpleaños; se acabaron los calcetines y las corbatas).

¿Y vosotros, cuáles son vuestros propósitos de año nuevo como lectores? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

Un lote humilde

2 de noviembre de 2012 en Actividades, Autores, best-seller, Ciencia-Ficción

Humble Bundle

El paso del libro en papel al formato electrónico es un proceso lento y complejo, que parece traer de cabeza a una parte importante del gremio editorial. No obstante, poco a poco surgen iniciativas que tal vez apunten en la dirección adecuada en lo que se refiere a esta metamorfosis, a esta transposición de lo físico a lo virtual, en cuanto a contenido, forma, promoción y métodos de venta. Una de estas, de las más rentables y productivas para sus creadores, ha sido The Humble Bundle, un proyecto de venta en línea que ofrece lotes de libros electrónicos a un precio singular: el que el cliente considere oportuno.

Este sistema ya ha demostrado que puede ser muy efectivo en el mundo de la música (se me ocurre, por ejemplo, el llamativo caso de In Rainbows, de Radiohead). La idea es ofrecer un producto digital, en un momento en el que resulta muy difícil calcular precios para los productos digitales, y dejar el asunto del valor monetario en manos del comprador. Y en cuanto a The Humble Bundle, no hablamos de libros cualesquiera, sino de títulos codiciados de autores del fantástico y de la ciencia ficción, como Neil Gaiman, John Scalzi o Paolo Bacigalupi.

Parte además de una premisa alentadora: el comprador puede elegir qué parte de su inversión recae en el autor, qué parte irá para una ONG o qué parte para la propia página web que ofrece el producto. Si bien esta última oferta ya ha finalizado (solo se mantiene durante un tiempo limitado), seguramente tendremos pronto otros lotes similares, ya que el éxito de este ha sido significativo: se han vendido más de 84.000 lotes y recaudado, en general, más de un millón de dólares.

El precio medio que ha pagado cada cliente, por un lote valorado en unos $157 (unos 121 €), ha sido de unos 14 dólares (aproximadamente 11 €). Debido a esto, los organizadores comenzaron a ofrecer libros extra a aquellos que pagaran un precio que estuviera por encima de esta donación media. A pesar de que el pago medio estuviera muy por debajo de los precios habituales de estos libros, dice mucho acerca de lo que los clientes están realmente dispuestos a pagar por obras digitales; por otro lado, la perspectiva de vender más de ochenta mil lotes por un precio bajo es bastante más atractiva que vender apenas unas docenas a un precio mucho más alto. Y, por supuesto, todos los ebooks iban sin protección DRM.

El método de venta de The Humble Bundle viene, de hecho, del mundo del videojuego. Sus seis lotes principales (anteriores a este) han sido de juegos de compañías independientes, y el proceso de compra era el mismo, con una distribución del dinero a elección del consumidor (a repartirse entre la empresa creadora de cada juego, la propia iniciativa The Humble Bundle y diversas ONGs y fundaciones benéficas). Procuran, además, facilitar la experiencia de juego ante todo, proporcionando claves para utilizar los juegos adquiridos en grandes plataformas como Steam o Desura. Y está claro que, en lo que se refiere a mundos que han tenido que desarrollarse y evolucionar frente al cambio de formatos y a la amenaza de la piratería, como el videojuego y la música, el libro puede inspirarse en los diferentes proyectos que surgen de estos mundos y que están ahora mismo revolucionando el mercado: ya sea la propia plataforma Steam o programas como Spotify, que ofrecen nuevas perspectivas de consumo. Aun así, sospecho que tardaremos en ver Lotes humildes en español con autores como Cory Doctorow o Randall Munroe al precio que a nosotros, los consumidores, nos apetezca pagar.

Autores relacionados:
Cory Doctorow
John Scalzi
Neil Gaiman
Paolo Bacigalupi

La red también lee

25 de octubre de 2012 en Actividades, Literatura, Tecnologí­a

La red también lee

Aunque los medios de difusión principales de su campaña tal vez no sean los más eficientes (yo diría que el público al que necesitan llegar no es, precisamente, el que se mueve en portales y medios online de literatura, lectura, y cultura en general), estoy bastante de acuerdo con muchos de los aspectos que exponen los promotores de La red también lee. Si bien ahora mismo están predicando en terreno ganado, esperemos que sus ideas lleguen también a otros medios, más tradicionales, para que su voz se escuche más allá de la aglomeración en línea.

¿Y qué es lo que reivindican, exactamente? En su manifiesto o carta abierta, concluyen exponiendo: Los firmantes de esta carta pedimos que, a la hora de reconocer labores relacionadas con la promoción cultural, Internet sea considerado un medio como los otros, ni mejor ni peor, simplemente más interactivo/participativo. Y que el valor de los contenidos que aquí vertimos sea evaluado con el mismo interés y el mismo rigor que los de cualquier otro medio. En definitiva, que los organismos e instituciones del mundo de la lectura y la edición nos juzguen por lo que hacemos, no por dónde lo hacemos.

Perdidos como estamos en estos mundos virtuales de foros, webs, blogs, redes y libro digital, se nos olvida a veces que ahí fuera hay un mundo que puede ser muy diferente: organismos que se agarran a modelos conservadores de fomento cultural; editoriales que se olvidan de que el servicio de prensa va más allá de un par de revistas especializadas en papel; profesores y padres que ignoran la inmensa oferta literaria que espera a sus alumnos e hijos más allá de los libros de texto… Y esto es lo que pretenden recordarnos los creadores de la propuesta, Eva Orúe (Divertinajes, Lucía Bartolomé (¡¡Ábrete, libro!!), Carmen Fernández Etreros (Pizca de papel) y Emilio Ruiz Mateo (Estandarte), que insisten en que la literatura también se vive en Internet. Para la difusión de su carta abierta ofrecen algunas ideas: proponen enviarla por email a todos los que podrían estar implicados (amigos, webs y blogs de literatura, medios de comunicación y, por supuesto, la Federación de Gremios de Editores de España en prensa@fge.es); ponerla en nuestro muro de Facebook; enviarla por Twitter con el hashtag #laredtambienlee; y colocarla en nuestras webs o blogs. Consideran que la Federación de Gremios de Editores en particular necesita de un buen recordatorio de la relevancia de internet en el mundo de lo literario (al respecto, podéis leer el artículo con el que comenzó toda esta iniciativa).

Una de las recriminaciones más frecuentes que se lanza al mundo editorial español es la lentitud de su adaptación al nuevo mercado electrónico y a las nuevas tecnologías en general, por lo que lectores y entusiastas de la literatura tienen ahora una oportunidad más para reivindicar el importantísimo papel de la world wide web en el mundo de la crítica, la opinión, el intercambio de ideas, la promoción y todas las demás esferas del mundo editorial, incluyendo, cómo no, la mismísima lectura.

Aún más razones para leer

8 de octubre de 2012 en Literatura

Lectura profunda

En Lecturalia os insistimos siempre en la importancia de la lectura. Está claro que tenemos razones de sobra para hacerlo, después de todo somos una web dedicada precisamente al placer de leer y al mundo de los libros. Pero también os hemos hablado de cómo la ciencia descubre, de manera constante, que el acto de leer es un proceso sorprendente que no hace más que proporcionarnos grandes beneficios. El último avance en este sentido ha ocurrido (y está ocurriendo) en la universidad estadounidense de Stanford, donde un grupo de profesionales interdisciplinares se ha dedicado a estudiar la reacción de nuestro cerebro cuando realiza dos tipos de lectura muy diferentes: la lectura apresurada y superficial y lo que los académicos anglosajones denominan close reading, un tipo de lectura concienzuda y profunda que presta atención a la técnica, al fondo y a la forma.

Aunque el estudio en cuestión comenzó como un análisis del fenómeno de la distracción, pronto se concentró en los diferentes tipos de lectura al ver los resultados tan llamativos que ofrecían las IRM (imágenes de resonancia magnética) al medir la actividad del cerebro cuando los participantes leían de diferentes modos. Se eligió como sujetos de prueba a estudiantes avanzados de literatura, por su capacidad para cambiar con facilidad de un tipo de lectura a otro, y porque tenían los conocimientos ideales para realizar lecturas complejas. Al realizar este tipo de lectura profunda, se registró una actividad cerebral de lo más interesante, que iba mucho más allá del uso de los circuitos de acción y placer que esperaban encontrar. Ambas formas de enfrentarse a un texto producían reacciones muy distintas que afectaban a partes distintas del cerebro, pero ambas exigían una coordinación cognitiva de diferentes procesos y áreas del cerebro que lo hacían trabajar de una manera espectacular, sobre todo, claro, en el caso de la lectura compleja. Todavía están en una fase temprana del estudio, pero parece que la enseñanza de lectura crítica y analítica podría mejorar de manera importante las capacidades de concentración de un individuo y crear procesos nuevos de pensamiento que de otro modo serían inconcebibles. Está claro que los beneficios de este tipo de lectura compleja podrían utilizarse para todo tipo de aplicaciones, lo que podría transformar de manera significativa el campo de las Humanidades. No hay duda de que el cruce interdisciplinar entre las ciencias del lenguaje y lo neurológico aporta una visión mucho más completa de algo que se considera con frecuencia un campo de conocimiento menor: la literatura.

En conclusión, nadie duda de que una lectura superficial y sencilla es provechosa en muchos sentidos, pero el tipo de actividad mental que se desarrolla con una lectura atenta y trabajada va mucho más allá, lo que podría otorgarle un valor añadido muy importante a los estudios de crítica y teoría literaria, por no hablar de aquellos textos que exigen una atención y esmero especial, como es el caso de la prosa densa y elaborada o de la buena poesía, por ejemplo. Acuérdate de incluir algo complicado y trabajoso de vez en cuando en tu régimen de libros y trabaja sobre ello: tu cerebro te lo agradecerá de maneras que ninguna otra actividad puede proporcionarte.

Tiempo para leer (y II)

27 de julio de 2012 en Actividades, Literatura

Tiempo para leer

Seguimos con nuestra lista de ideas para aquellos que afirman que no tienen tiempo para la lectura. En el artículo anterior os dimos alguna sugerencia para convertir la lectura en una tarea compatible con acciones cotidianas que no impliquen pensar mucho, como esperar a que pite el microondas o estar de pie en la cola de un banco.

-Otra buena idea es convertir la lectura en algo familiar, ya sea con la pareja (leerle uno al otro algún párrafo o un par de versos antes de dormir puede ser muy divertido e interesante; o dedicarle el tiempo que emplearíais en ver la televisión juntos a leer un libro) o con los niños (esto, además, fomenta el saludable vicio de la lectura en ellos desde una edad temprana).

-Hay quien pasa el tiempo leyendo cuando va al gimnasio. Suena muy bien aquello de ejercitar el cuerpo y la mente a la vez, ya sea sobre una bicicleta estática, una elíptica o una cinta de correr, pero habría que preguntarse si esto nos permite realizar un ejercicio cardiovascular adecuado. Tal vez sería mejor llevarnos un audiolibro, algo muy recomendable también para los paseos a pie o en coche. Y por supuesto el camino de ida y vuelta del trabajo realizado en metro o autobús se presta muy bien a la lectura, ya sea en papel o en formato electrónico. Si eres estudiante, aprovéchate de los momentos de tranquilidad entre clase y clase; está claro que ante todo es útil llevar el libro adonde vayamos, para que podamos tenerlo a mano en cualquier momento.

-También es provechoso recordarnos de vez en cuando lo que hemos leído y lo que queremos leer, para motivarnos a no perder el hábito y a buscar todos los días ese hueco para agarrar el libro. Podéis tener una lista que llevéis encima o en el ordenador, votar y comentar vuestras obras recién leídas en Lecturalia, compartir vuestras lecturas más recientes en Internet o, mejor aún, formar un club de lectura con vuestros amigos. Convertir la lectura en un acto social es un paso muy eficiente para volver a incorporarla a nuestras vidas.

-Por otro lado, hay lugares que piden a gritos la compañía de un buen libro (y si el libro es algo que realmente nos apetece leer, algo que disfrutemos, no ese libro serio y recomendadísimo que todos tenemos en la estantería para quedar bien pero que nunca abriremos, más nos motivará abrirlo). Destaca, cómo no, el cuarto de baño, al que no le vendría mal tener un mueble o estante solo para nuestra lectura diaria.

Si aun así no os veis capaces de animaros a coger un libro ahora mismo, proponéoslo como un reto que empiece poco a poco, con tan solo cinco minutos diarios, y luego podéis ir colando cada vez una cantidad mayor de tiempo. También podéis retaros con amigos y familiares para conseguir leer determinado número de libros al mes, o al año, y calcular cuántos minutos diarios necesitaríais para alcanzar vuestra meta. Como podéis ver, la excusa del «no tengo tiempo» ya no es válida, así que otorgaos el privilegio de enriquecer vuestro día a día con una buena lectura. No os arrepentiréis.

Tiempo para leer (I)

10 de julio de 2012 en Actividades, Literatura

Tiempo - Libro

Hay personas a las que no les gusta leer. Esto es así y tenemos que aceptarlo, por mucho que nos cueste comprenderlo a los que no podemos vivir sin devorar libros, ya sean de ficción, de ensayo o de poesía. Puede deberse a que en el colegio les obligaron a leerse El Quijote con doce años y todavía tienen pesadillas con tomos gigantes por las noches, puede ser que no hayan encontrado un libro que les resulte realmente apasionante, puede ser que se criaran en una casa en la que no había ni una sola obra literaria, o en un entorno en el que leer estaba mal visto. Aunque nuestro primer instinto puede ser el intento de evangelización que suele acompañar al lector feroz (el tradicional “eso es que no has leído tal libro de tal autor”), debemos controlar nuestro afán de proselitismo y aceptar que no todos comparten nuestra pasión exacerbada.

Un caso aparte es el de los que se excusan con el consabido “yo es que no tengo tiempo para leer”. Los que se valen de esta respuesta son, con frecuencia, personas que en su juventud fueron ávidos lectores, pero que con la exigencia de un trabajo, una casa que mantener, una vida familiar y miles de eventos más que se empeñan en despejar de libros nuestra mesita de noche, ya no disponen de tranquilidad para sentarse y disfrutar de una buena obra. En este par de artículos me gustaría señalar algunos trucos, sugerencias e ideas que podrían ayudar a este tipo de exlectores (a no ser, claro, que se trate simplemente de una mera excusa de aquellos que nunca han leído pero prefieren no admitirlo). Recordad que leer tiene muchísimos beneficios (como podéis ver aquí, o aquí), así que merece la pena hacer un pequeño esfuerzo extra.

Hay dos formas fundamentales de encontrar tiempo para la lectura (y esto, claro, es aplicable para cualquier otra actividad). Por un lado, puedes asignarle un periodo de tiempo fijo a esto de leer, como puede ser una media hora justo antes de dormir. Pero si realmente crees que no tienes posibilidad ni de hacer eso, puedes intentar robarle tiempo a otras actividades.

-Primero, piensa en todas esas pequeñas cosas que haces que realmente no te aportan nada. Cronometra el tiempo que pasas en las redes sociales, por ejemplo, te sorprenderá ver cómo poco a poco se va acumulando y probablemente descubras que les dedicas mucho más de lo que querrías admitir. Lo mismo puede decirse del email, del móvil, o de la televisión. ¿Seguro que no podrías dedicarle unos diez minutos de ese tiempo a la lectura?

-Ten el libro a mano. Descubrirás que hay montones de pequeños momentos cotidianos en los que puedes leer mientras realizas tareas que apenas requieren de tu atención (hervir agua, esperar a que se llene una bañera, ¡hasta cepillarte los dientes!). Y no hablemos ya de leer mientras caminas. No lo recomendaría por motivos de seguridad, pero seguramente recordaréis este artículo en el que lo describíamos. Para todo esto vienen bien los libros pequeños y fáciles de manejar, o algún lector electrónico resistente a manchas y a golpes ocasionales.

En la segunda parte del artículo continuaremos con nuestras sugerencias para encontrar tiempo para leer.

Letras libres

21 de enero de 2012 en Actividades, Literatura

Libros libres

Seguramente muchos conoceréis el proyecto Bookcrossing, que consiste en la práctica de dejar libros en espacios públicos para que otros lectores puedan beneficiarse de estos. De vez en cuando surgen iniciativas relacionadas con estas prácticas, dirigidas desde instituciones oficiales, que siempre son interesantes y muy positivas. En esta ocasión se trata de un proyecto relacionado con la línea 3 del llamado Pumabús, una línea orientada a estudiantes universitarios, y que gracias a la colaboración de diversas empresas (ente otras, las editoriales Cal y Arena, El Naranjo, SM y el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM) y dirigido por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha liberado cerca de tres mil libros, como parte de la consigna Léelo y libéralo, que lleva en acción desde 2009 desde la UNAM y que ha regalado más de ocho mil ejemplares. La idea es que, además, los propios libros liberados no terminen en el autobús, sino que se anima a los receptores de ejemplares a que una vez leídos, se registren en la web de Bookcrossing y se lancen, una vez más, a la calle.

Algo parecido ha ocurrido en algunas ciudades israelíes, gracias a una pareja de artistas que comenzó con una instalación artística y acabó con una biblioteca pública muy particular. Daniel Shoshan y Amit Matalon empezaron a montar estanterías con libros en las paradas de autobús, y ahora su proyecto se ha convertido en una especie de servicio de lectura gratuito para los usuarios de bus. Su lema se traduce como puedes coger, puedes devolver, puedes añadir”, y juega con la idea de que los usuarios puedan leer uno de los libros, devolverlo si pueden y contribuir a la causa con libros que tengan en casa y que ya no quieran o necesiten. Aseguran que la gente es honesta si le das la oportunidad, y que no suelen tener problemas para mantener el caudal de ejemplares. De manera curiosa, los ejemplares se concentran en determinadas temáticas según la zona, así en la parada de autobús más cercana a la universidad, los estudiantes intercambian manuales de ciencia, sus propias tesis y novelas de ciencia ficción. En un vecindario muy creyente aparecen textos y cds religiosos, y en las zonas de inmigrantes rusos surgen copias de libros en ruso. De esta manera, el proyecto se organiza y regula a sí mismo, y ha tenido tanto éxito que los artistas ya han recibido invitaciones de los EEUU para implementar la misma idea en algunas zonas de Nueva York y de Washington DC.

Por supuesto, en España contamos con iniciativas parecidas. Granada lleva ya años ofreciendo publicaciones y textos en sus autobuses a través de la empresa Rober, tanto con los relatos ganadores de su certamen Relatos para leer en el autobús, como con textos poéticos que aparecen en forma de carteles en los interiores de los buses con motivo de la celebración de su célebre Festival de Poesía. Por otro lado, Libros a la calle cumple este año su decimoquinto aniversario, ofreciendo una vez más textos literarios a los que utilizan el transporte público en la Comunidad de Madrid. ¿Qué más iniciativas de este tipo conocéis en España y en el mundo hispanohablante en general?

Un nuevo líder de distribución de libros: ¿McDonald’s?

18 de enero de 2012 en Actividades, Infantil, Juvenil, Literatura

Libros con el Happy Meal

En 2011, se vendió en el Reino Unido una media de 1.16 millones de libros por semana, unos 6.4 millones de ejemplares en un periodo de cuatro semanas. La cadena de restaurantes de comida rápida McDonald’s tiene planeado distribuir una cantidad incluso mayor (alrededor de los nueve millones) durante las próximas semanas. Imitando una medida similar llevada a cabo en Suecia, en la que los niños que asistían a los restaurantes McDonald’s podían consumir un “Book Happy Meal”, que incluía un libro de regalo en vez del habitual juguete promocional, la empresa ha decidido probar suerte en Gran Bretaña, con la intención de expandir la promoción a otros países en el futuro. La iniciativa durará hasta el día 7 de febrero.

Es más que probable que el gigante de la hamburguesa haya decidido adoptar esta medida como una respuesta más a las numerosas críticas que ha recibido a lo largo de los años, críticas que lo han llevado a ofrecer fruta como postre en sus menús para niños, mostrar los valores nutricionales de todos sus alimentos, utilizar sólo leche orgánica y participar en numerosas obras de caridad, entre ellas las conocidas Casas Ronald McDonald, que ofrecen alojamiento a familiares de niños enfermos que no pueden permitirse trasladarse para estar junto a los pacientes cuando estos deben acudir a centros especializados lejos del hogar.

Aunque se trate de una medida más de lavado de imagen, es indiscutible que estamos ante una iniciativa muy positiva. Teniendo en cuenta que existe una cantidad inmensa de niños que jamás han pisado una librería o una biblioteca (las encuestas más recientes en el Reino Unido aseguran que uno de cada tres niños no posee un solo libro), pero se estima que 9 de cada 10 niños británicos han estado en un McDonald’s, este libro con su Happy Meal puede significar una entrada significativa en el muy necesario mundo de la literatura infantil, sobre todo por proporcionar un entorno a donde los niños suelen acudir con sus familias, por lo que se fomenta que los niños disfruten de los libros en un entorno cómodo, conocido, y rodeado de aquellos que más deberían animarlos a leer. Los libros irán acompañados de un pequeño juguete que representa a alguno de los personajes de los libros, extraídos de la serie de la Granja Mudpuddle, del reconocido escritor Michael Morpurgo. Los títulos de los libros serán Mossop’s Last Chance; Albertine, Goose Queen; Pigs Might Fly!; Jigger’s Day Off; Martians at Mudpuddle Farm; Mum’s the Word, todos de la misma serie ya mencionada (libros publicados por Harper Collins y que también están disponibles en librerías convencionales). Morpurgo es un escritor reconocido a nivel internacional, sobre todo gracias a su último éxito, la novela Caballo de guerra, recientemente llevada a la gran pantalla por el director Steven Spielberg.

Autores relacionados:
Michael Morpurgo
Libros relacionados:
Caballo de batalla

Cultura y Ciudad

23 de diciembre de 2011 en Literatura, Noticias

Libros - Ciudad

¿Qué es lo que hace que una ciudad sea “cultural”? ¿Qué es lo que hace que una ciudad tenga fama de intelectual, de culta, más aun, qué es lo que hace que sea una ciudad literaria? En nuestro artículo sobre las ciudades más literarias basado en la selección que realizó National Geographic, descubrimos que las ubicaciones literarias por excelencia eran aquellas que incluían rutas turísticas dedicadas a escritores famosos (algunas más alcohólicas que otras), librerías gigantescas y espectaculares ferias del libro. Pero, si reflexionamos sobre ello, ¿no sería el número de lectores visibles un factor fundamental? ¿De qué sirven las casas-museo de escritores si no hay interés manifiesto de los ciudadanos por la lectura?

Esto es algo que ha tenido muy en cuenta Chris Gilson, un investigador de la London School of Economics, que en un concurso reciente de ideas para la ciudad de Londres expresadas a través de Twitter, sugirió la creación de una red de intercambio de libros en las más de 700 estaciones de tren y de metro que existen en la inmensa urbe londinense. La sugerencia ha tenido una muy buena acogida por parte del alcalde, Boris Johnson, que ha asegurado que se intentará llevar a cabo para coincidir con las Olimpiadas del 2012, que se celebrarán en Londres. Aunque la capital británica ya es, de por sí, una de las ciudades más relevantes del mundo de la literatura, Johnson quiere afianzar su imagen de ciudad lectora animando a los habitantes a intercambiar sus ejemplares, favoreciendo también de esta manera el reciclaje de libros que, de otro modo, podrían acabar en la basura. Debido a las restricciones actuales de los ebooks y sus lectores electrónicos, el acto de compartir sigue siendo un terreno propio del libro en papel, y una red oficial de préstamo social (máxime en un entorno propicio como es el transporte público, lugar de lectura principal para una gran cantidad de viajeros que aprovechan el paréntesis de tiempo que ofrece el tren o el metro para avanzar con una buena obra) impulsaría la ya pujante afición de los londinenses por la lectura en movimiento. La idea no es original: ya existen algunos de estos puestos de intercambio, pero se reducen a tres, y Gilson pretende que todas las estaciones tengan su propio punto de lectura. Esta nueva vida para los libros podría servir de ejemplo para otras grandes ciudades, y por otro lado otorga a esta en concreto una imagen poderosa de cultura y amor por lo literario, muy conveniente para unas Olimpiadas, evento en el que la ciudad anfitriona se halla siempre bajo el más estricto escrutinio. Eso sí, Johnson ha dejado muy claro que la idea se desarrollará siempre que no le cueste ni un penique a los contribuyentes, así que como Gilson no se ponga a reclutar twitteros voluntarios o surja alguna empresa privada que vea alguna forma de rentabilizar el proyecto, es posible que una buena idea se quede simplemente en eso, en una buena idea.


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