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Entradas con etiqueta ‘privacidad’

¿Tu quoque, Amazon?

Gran Hermano

Nunca llueve a gusto de todos. Y es que ni el gigante Amazon se libra de las críticas y de los dedos acusadores. Varias editoriales estadounidenses se han quejado ya de lo que consideran prácticas abusivas por parte de este comercio online: tanto en lo que se refiere a sus comisiones de león como su insistencia en marcar precios y descuentos que las editoriales, conscientes del liderazgo en lo que a venta de libros, tanto físicos como digitales (Amazon anunció recientemente que ya vendía más e-books que libros en papel), se refiere, no tienen más remedio que aceptar. Una de las primeras en posicionarse en este sentido ha sido MelvilleHouse Publishing, una casa independiente notable por la calidad de sus ediciones y, particularmente, por la excelencia de sus traducciones. MelvilleHouse, que había ganado la edición del año pasado del BTB (Best Translated Book) por su obra The Confessions of Noa Weber, de Gail Hareven, ha protestado por la inclusión de su nombre en la presentación de la edición del premio de este año, presentación en la que aparece un nombre que no figuraba el año pasado: Amazon.com. La editorial se ha negado a comparecer junto a una empresa que considera que precisamente está pisoteando a las pequeñas casas de producción independiente, valorando que su mera presencia va seriamente en contra de los principios del certamen. Melvillehouse ha hecho notar algunos aspectos del gigante librero que, ciertamente, dan un poco de miedo. No es casualidad, entonces, que algunos de los libros mejor traducidos del año, del catálogo de Melvillehouse, no hayan sido seleccionados para el premio BTB más reciente.

Los aspectos que preocupan acerca de Amazon son, curiosamente, un tanto orwellianos. Y digo curiosamente porque hace poco Amazon borró, de buenas a primeras, varias obras de George Orwell (entre ellas precisamente 1984 y Rebelión en la granja) de los lectores electrónicos de sus clientes. Las razones siguen sin quedar muy claras, parece ser que se descubrió que partían de una edición pirata, pero las consecuencias son preocupantes. Ya que la promoción del ebook se basa, en parte, en que un lector electrónico es exactamente igual que un libro, sólo que mejor, la posibilidad de que la casa madre tenga control directo sobre los contenidos de tu libro es, cuanto menos, incómodo. MelvilleHouse y otros editores, periodistas y blogueros de prestigio han llamado la atención en numerosas ocasiones sobre las prácticas a lo Gran Hermano de Amazon, asegurando que los Kindle no son sólo instrumentos de entrada de datos, sino también de salida. Es decir, que Amazon puede saber en todo momento qué estás leyendo, cuándo, cómo, y posiblemente dónde. El simple hecho de que tengan control sobre tus contenidos (incluidos los creados por ti; al borrarse de los Kindle la obra de Orwell varios lectores se quedaron también sin las anotaciones que habían realizado sobre ésta) nos habla de que la lectura electrónica no es tan privada ni segura como la física. A efectos prácticos, como ya han mencionado algunos, sería como si alguien entrara en tu casa y se llevara el libro que acabas de comprar. ¿Os imagináis a un empleado de la FNAC, del Corte Inglés o de la librería de tu barrio, entrando de noche en tu habitación para llevarse tu adquisición más reciente? Amazon devolvió el importe de los e-books a todos los clientes afectados, pero claro, éste no es el problema.

Es inevitable que cualquier empresa líder de su sector pueda tener prácticas más o menos recomendables, y que sea, además, objeto de críticas tanto de la competencia como de los propios consumidores. El equivalente más claro en otros sectores podría ser Microsoft, que ha sido acusado periódicamente de intento de monopolio, o incluso la red social Facebook, cuyo trato de la privacidad ha creado polémica casi desde su creación. Esperemos que con Amazon no estemos ante un nuevo y poderoso matón, y que el auge del libro electrónico pueda ser tan liberador como esperábamos, en vez de una nueva y frustrante jaula para editores, escritores y, sobre todo, lectores.

Autores relacionados:
George Orwell

Farenheit 111000011

16 de diciembre de 2010 en Literatura electrónica, Mundo Editorial, Noticias

Amazon Farenheit 451

Hace ya algunos meses que Amazon saltó a la primera plana de la información por haber borrado algunos libros directamente de los Kindle de sus usuarios. Se montó un gran revuelo y desde Amazon prometieron que no volverían a hacerlo.

Sin embargo, y supongo que esto tiene que ver con la polémica que tuvieron hace poco con un libro sobre consejos para pedófilos y que levantó no poca polémica por la responsabilidad que tenían como librería sobre la temática de los libros que presentaban al público, la gente de Amazon ha vuelto a meterse de noche en los Kindle de sus usuarios para borrar un par de libros aquí y allá.

Por lo visto, el listón de moral en Amazon ha sido puesto en modo «no quiero problemas» y han decidido que las novelas eróticas -de ficción-, en las que se planteaba el incesto ya no podían estar en su catálogo, de modo que ha comenzado a retirarlas de su oferta. Esto no sería nada del otro mundo, después de todo es su tienda y tienen todo el derecho a cambiar de opinión en cuanto a qué quieren o no quieren vender, si no fuera porque decidieron borrar de los Kindles de sus usuarios las copias ya vendidas.

Eso es inaceptable. No sé si han pensado bien lo que están haciendo, pero es algo que invade de manera agresiva la privacidad de sus clientes y que debería preocupar a cualquiera que escriba, o lea, novelas al borde de la «media moral» americana. Las ventajas de la tienda virtual de Amazon son numerosas, pero la dependencia de su sistema cerrado se manifiesta de maneras tan agresivas como esta. Si mañana deciden que El arte más íntimo, de Poppy Z. Brite es escandaloso por su mezcla de asesinatos, rituales y necrofilia, podrían entrar en mi Kindle y hacerle un borrado sin dar ninguna explicación, dejándome sin libro como en una versión binaria de Farenheit 451.

Pero la cosa no queda aquí. Según podemos leer en el blog de uno de los autores afectados una de sus lectoras mandó un mensaje a Amazon por la desaparición de sus libros. Cuál no fue su sorpresa cuando el servicio de atención al cliente le contestó ¡reprendiéndole por leer ese tipo de cosas! Inaceptable, lo mires por donde lo mires.

Espero que esto vuelva a ser algo puntual o tocará hacer copias de seguridad con cada libro de Amazon que pase a un Kindle, no vaya a ser que mañana alguien bienpensante decida qué podemos o no podemos leer en nuestra propia casa.

Autores relacionados:
Poppy Z. Brite
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El arte más íntimo

Amazon, 1984 y la ironía

1984

El todopoderoso Amazon y su esbirro Kindle parece que tienen problemas, como cualquier mortal, con los derechos de autor. Amazon puso a la venta para su lector electrónico dos obras de George Orwell, 1984 y Rebelión en la granja, sin tener los derechos para ello, parece ser que por utilizar la plataforma de un tercero (si es que no te puedes fiar de nadie). Lo que podría ser una simple anécdota solucionada de manera diplomática, como adquirir los derechos o ponerse en contacto con los clientes, ya que el error lo ha cometido Amazon y no debe ser pagado por los usuarios que actuaron de manera correcta, se ha convertido en un escándalo que sólo le podría pasar a un libro de Orwell. La solución de Amazon ha sido, nada más y nada menos, que acceder de forma remota a los dispositivos de sus clientes y borrar los libros en cuestión.

Esta acción, que elimina las pocas ganas que tenía de comprarme un Kindle, nos plantea hasta que punto podemos permitir que las condiciones de uso de un producto den acceso a aspectos tan personales de nuestra vida como puede ser nuestra biblioteca, porque, aunque está claro que Amazon sabe perfectamente qué libros has comprado y, por tanto, cuales componen tu estantería, el hecho de que una empresa o un gobierno puedan acceder a ella y manipular nuestra información me parece deplorable. ¿Tan sagrados son los derechos de autor? ¿o es que al adquirir un Kindle y firmar un contrato de servicio (largo, farragoso y lleno de cláusulas) les estamos entregando a nuestros primogénitos sin enterarnos?

Tal y como dice David Pogue, del New York Times:

La acción de Amazon es tan grave e inaudita como si empleados de una librería entraran de noche en nuestra casa, se llevaran dos libros de las estanterías y nos dejaran un cheque en la cocina

Así que, si tienes un Kindle o estás pensando en adquirir uno, ten en cuenta que Amazon parece empeñado en hacer bueno a Microsoft o en impedir que Google se pase al lado oscuro.

Vía: El país

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1984
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