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Entradas con etiqueta ‘Oficio de traducir’

Palabras intraducibles (II)

11 de agosto de 2012 en Autores, Literatura

Mamihlapinatapai

Y seguimos con la segunda entrega de palabras de diferentes idiomas que no encuentran una traducción exacta. Hemos hablado de conceptos como wabi-sabi o hygge, que son extraños a nuestra cultura. En este grupo podríamos incluir también cosas tan curiosas como el toska ruso, una mezcla única de melancolía y aburrimiento, o la saudade portuguesa, esa añoranza del hogar y de lo conocido que tan bien se expresa en el fado. Tampoco he encontrado en español una traducción exacta para el tipo de humor anglosajón llamado tongue in cheek (literalmente, lengua en mejilla), que se refiere a comentarios que realizamos de manera aparentemente seria pero mordiéndonos el carrillo por dentro, para que no se nos escape la risa. Para este humor se recurre a menudo a la exposición de argumentos en apariencia absurdos o estúpidos, dichos o presentados de un modo serio, con la intención de producir contraste humorístico por su contenido. La intención es, con frecuencia, crítica. Ejemplos típicos serían los que podemos encontrar en escritores como Terry Pratchett o representaciones de cómicos como los Monty Python.

También hemos hablado de términos como schadenfreude, que describe una sensación que todos conocemos pero que no definimos de manera concreta. Algo similar ocurre con la expresión francesa esprit d’escalier (traducida de manera literal sería el espíritu de la escalera). Todos lo hemos experimentado pero no hay una palabra en nuestro idioma para definirlo. Se trata de esa respuesta ingeniosa y perfecta que se te ocurre cuando tu interlocutor ya no está presente, y que, por tanto, ya no sirve de nada. De nuevo, nos encontramos con conceptos que reconocemos pero que no han encontrado en nuestra lengua un vocablo específico. En este sentido, cómo olvidarnos de la escocesa tartle, que describe ese incómodo momento de duda cuando estamos presentando una persona a otra y no recordamos alguno de los nombres. Otra de mis favoritas es mamihlapinatapai, una palabra del idioma yagán (perteneciente a una población de Tierra del Fuego), un idioma conocido por ser capaz de expresar de forma muy precisa conceptos muy complejos relacionados con conductas y estados afectivos. Mamihlapinatapai se refiere a la mirada que se produce entre dos personas cuando cada una de ellas está a la espera de que la otra comience una acción que ambos desean, pero que ninguno se anima a iniciar (tal vez, la mirada que precede al beso que ninguno se atreve a dar). Ostenta además el curioso privilegio de estar incluido en el Libro Guinness de los Récords como la palabra más concisa del mundo.

Tampoco nos resulta extraña la definición de jayus, un término indonesio utilizado para hablar de esos chistes que son tan malos y poco graciosos que producen, a pesar del propio chiste, la risa. Sería útil, también, encontrar una versión española de tingo, una palabra de la Isla de Pascua que se refiere al acto de tomar poco a poco prestados todos los objetos del domicilio de un amigo, consiguiendo así robarle de todas sus pertenencias; o para bakku-sham, un vocablo japonés que describe a una mujer que parece hermosa vista desde atrás, pero que decepciona al darse la vuelta.

Autores relacionados:
Terry Pratchett

Palabras intraducibles (I)

10 de agosto de 2012 en Autores, Literatura

Wabi-Sabi

En la novela Happiness, de Will Ferguson, los protagonistas se divierten encontrando palabras culturalmente únicas, es decir, palabras que son imposibles de traducir de manera directa a otros idiomas. Esta disparidad surge, sobre todo, a raíz de diferencias culturales y de distintas maneras de pensar, y hacen falta largas explicaciones para que personas de países ajenos puedan entender a qué se refieren dichas palabras.

Desde que leí la novela de Ferguson, aunque lo de las palabras intraducibles era tan sólo una parte minúscula del argumento de la obra, me sentí fascinada por el concepto. Imaginad qué dificultad para un traductor, que debe encontrar una manera de explicar no sólo el significado de algo que puede sernos del todo extraño, sino, en ocasiones, hasta reproducir la sonoridad que puede tener este término (esto es más notable sobre todo en la poesía, o en la prosa más lírica). Para los daneses, por ejemplo, la palabra hygge (que aparece tanto en el idioma danés como en el noruego), no es solamente una palabra. Es una forma que se mezcla con el lenguaje, combinándose con otros términos, que por sí sola, por su sonido, puede transmitir una sensación de gusto y comodidad. Hygge es, por explicarlo de algún modo, un sentimiento o estado de ánimo asociado a algo relajado, cómodo, y tranquilo, como lo que sentimos cuando estamos en casa delante de una chimenea, con unos buenos amigos y una copa de vino. De esta palabra surge, por ejemplo, julehygge, que se refiere al espíritu navideño.

Otro caso parecido es el de wabi-sabi, del japonés. El wabi-sabi es toda una filosofía, que consiste en encontrar paz y belleza en lo imperfecto, en el carácter efímero y fugaz de las cosas. Desde el punto de vista de la estética, suele asociarse a lo sencillo y rústico, combinando minimalismo con elementos de la naturaleza, pero también puede referirse a un tipo de belleza que destaca precisamente por su imperfección o incluso por su decadencia. Debe, además, producir en el que la observa cierta serenidad y reflexión. Si bien no puede traducirse de manera directa al mundo occidental, aparece cada vez más en nuestro ambiente en forma de exposiciones de arte, arreglos florales o incluso como filosofía de programación informática.

A veces las ideas que reflejan estos términos intraducibles no nos son tan extrañas. Esto ocurre con schadenfreude, ese vocablo alemán que viene a describir la sensación de felicidad que nos embarga cuando algo negativo le ocurre a nuestros enemigos (o simplemente a personas que nos caen mal o a las que envidiamos). Lo más parecido que tenemos en español sería regodearse. Un poco como lo que podrías sentir si aquel compañero del colegio que siempre sacaba mejores notas que tú, que se casó con la chica que te gustaba y que encima llegó a ocupar un importante cargo político muy bien remunerado, apareciera, de repente, en algún telediario como mayor acusado de un caso de apropiación indebida de fondos.

En la segunda entrega del artículo trataremos más palabras que, por una razón u otra, no pueden ser traducidas de modo directo.

Autores relacionados:
Will Ferguson
Libros relacionados:
Happiness TM

La labor del traductor: Entrevista a Cristina Macía

20 de julio de 2012 en Autores, Literatura

Traductora Danza de Dragones

Aunque Cristina Macía ya gozaba de una interesante carrera como traductora profesional (y como escritora), es conocida últimamente sobre todo por su trabajo en la saga Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Hemos querido hacerle algunas preguntas para aprender un poco más sobre el oficio del traductor.

-¿Cuánto tiempo llevas en esto de la traducción? ¿Cómo empezó todo?

Llevo… Uff, más de lo que me apetece recordar. Como decía un amigo, llegas a una edad en la que dices “Eso fue hace veinte años”, y de repente ves que fue hace casi treinta…
Vale, pues hace veintipicomuchos años, trabajaba como coordinadora de diversas colecciones de cómic en Fórum, y nos falló un traductor. Le metí mano al tema, y así fue como el mundo perdió una coordinadora y ganó una traductora. Léase lo de “ganó” con cierto retintín y coña marinera.

-¿Utilizas algún software específico para trabajar?

El diccionario Babylon e Internet, básicamente. También utilizo Wordfast para traducciones no literarias. Lo cierto es que me pregunto cómo diantres traducíamos sin foros, correo electrónico, diccionarios on-line… Diantres, si hasta me puedo preguntar cómo traducíamos sin ordenadores. Me respondo a mí misma que yo lo hacía con una Olivetti mamporrera, pero solo porque sé que lo hacía, no porque entienda cómo lo hacía.

-¿Hay algún proyecto en particular que recuerdes con especial cariño, con el que te divertiste más que con otros?

Me lo pasé en grande traduciendo a Terry Pratchett, pero ahora mismo, volviendo la vista atrás, me hace mucha gracia recordar cómo fueron los días de traducción de El modelo Jonás, de Ian Watson. Por motivos obvios (el motivo obvio está leyendo esto por encima de mi hombro y se descuajeringa de risa): esa novela la traduje hace casi veinticinco años, y ahora mismo, desde hace dos, Ian es mi pareja. Así que ya sabéis, chicas: dedicaos a la traducción, que al final se liga.

-¿Cuáles dirías que son las mayores dificultades con las que te encuentras al enfrentarte a un texto para traducir, los mayores quebraderos de cabeza?

Hoy en día tengo dedicación casi exclusiva a Canción de Hielo y Fuego, así que la mayor dificultad y el peor quebradero de cabeza son los seguidores de la serie, o más concretamente la dificultad para separar el grano de la paja, las críticas inteligentes de los imbéciles integrales. La mayoría de los aficionados proporciona una cantidad de información impagable: detectan errores, aportan soluciones, sugieren ideas excelentes… Todo eso se aprovecha en las reediciones de los libros. Luego están Los Otros :D

-¿Alguna manía especial? ¿Trabajas con música, con alguna distracción o eres de los que necesitan silencio y concentración absoluta?

La radio por las mañanas y la tele por las tardes, sin prestar la menor atención a ninguna de las dos cosas. Ruido de fondo, vamos. Si alguien me habla, lo mato. Es muy educativo, en cuanto lo haces un par de veces ya nadie te habla.

-¿Algún consejo o sugerencia que quieras darle a los que están comenzando en esta profesión? ¿Cuál es la mejor forma de empezar en este terreno?

Tal como está el patio, el mejor consejo es que se dediquen a otra cosa: la traducción en general está mal pagada, y la literaria aún más. Pero, si insisten, que lean mucho, mucho, mucho. En el idioma destino. Y que escriban mucho, mucho, mucho. Si no sabes escribir, no puedes traducir. Punto pelota.

-Muchísimas gracias por tu tiempo.

Autores relacionados:
George R. R. Martin
Ian Watson
Terry Pratchett

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