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Entradas con etiqueta ‘Oficio de escribir’

De biografías inventadas y otras falsedades (II)

16 de abril de 2012 en Autores, best-seller, Literatura

Honor Lost

En la primera parte de este artículo os hablamos del caso de James Frey, un escritor que exageró y se inventó parte del contenido de su novela En mil pedazos, una obra que gozó de gran popularidad hasta que finalmente comenzaron a aparecer pruebas de su carácter semi-ficticio.

Otro nombre que también estuvo durante mucho tiempo en los labios de críticos, periodistas y lectores por un motivo similar fue el de Norma Khouri, cuyo libro, Honor Lost (Honor perdido, llamado Forbidden Love en Australia y el Reino Unido), narraba la historia “real” de su mejor amiga Dalia, una joven jordana de familia musulmana asesinada por su propio padre tras descubrirse que mantenía una relación amorosa con un cristiano. Parece ser que la historia no era tan real como aseguraba Khouri, y pronto empezaron a aparecer indicios de que ni existía Dalia, ni era posible que la autora hubiese sido testigo de su drama ya que durante los hechos descritos en el libro Khouri se encontraba afincada en los Estados Unidos, muy lejos de su Jordania natal, país en el que sólo había vivido tres años. Con el tiempo se descubrió que Khouri había pasado la mayor parte de su vida en Chicago (y no en Jordania y en Atenas, como aseguraba), y tuvo poco cuidado al describir un país que se suponía que conocía muy bien: varios errores geográficos y diversas incoherencias en la novela, publicada como “no ficción”, llevaron a ciertos investigadores periodísticos a sospechar que la historia era inventada. Los primeros en señalar el carácter equívoco del texto fueron los miembros de la organización JNCW (Comisión Nacional Jordana para Mujeres), con los que Khouri contactó en varias ocasiones solicitando una cuenta bancaria para realizar un donativo procedente de las regalías del libro. La comisión leyó la obra y se sorprendió al encontrar más de 70 errores e incoherencias, además de llamarles la atención que el supuesto asesinato fuera desconocido para ellos, quienes, después de todo, se especializaban en denunciar este tipo de crimen “de honor”. Khouri había utilizado el nombre de la Comisión y había hablado de donarles dinero para concederle mayor fuerza a su historia, y ésta reaccionó exponiéndola como fraude.

Khouri terminó por mudarse a Australia, y parece ser que dicho traslado pudo deberse a una investigación del FBI por una estafa anterior a la publicación de su libro, un timo hipotecario llevado a cabo por ella y su marido. A día de hoy Khouri sigue afirmando que su historia sobre su amiga jordana es real, y que simplemente cambió los nombres de los protagonistas y algunos de los detalles del libro para protegerse de integristas islámicos. La editorial afectada, Random House, responsable también de la publicación de James Frey, se vio obligada a retirar el libro del mercado tras la protesta de críticos y lectores, que se sentían engañados por la obra.

Hace unos años, en 2009, la cineasta australiana Anna Broinowski decidió realizar un documental sobre la situación de las mujeres en Jordania, donde se le daría a Khouri la oportunidad de limpiar su nombre. Lo que comenzó con las mejores intenciones de Broinowski acabó con un metraje repleto de datos y entrevistas, tanto con Khouri como con múltiples personas involucradas, que dejaban bastante claro que la escritora de origen jordano se aferraba con más y más fuerza a una trama que no se sostiene por ninguna parte, tejiendo excusas cada vez más elaboradas para contrarrestar la evidencia que se le presentaba. A diferencia de Frey, que admitió su falacia y se disculpó públicamente por su engaño, Khouri parece que cree, con total y férrea determinación, en la verdad de su historia.

The Casual Vacancy, de J. K. Rowling

15 de abril de 2012 en Autores, best-seller, Literatura

The Casual Vacancy

La nueva novela de J. K. Rowling llevará por título The Casual Vacancy, que yo traduciría directamente como “La vacante“, ha confirmado la editorial Little Brown, desvelando así el halo de misterio que rodeaba al salto de la autora británica al mundo de la narrativa para adultos.

The Casual Vacancy se publicará el 27 de septiembre (en inglés) y a diferencia de las novelas de Potter, se podrá adquirir en ebook y en bolsillo al mismo tiempo que en su versión de tapa dura y hasta audiolibro. Desde luego, es una apuesta por la integración de formatos que pretende llegar al máximo número de lectores sin preocuparse de exprimir a fondo cada tipo de edición antes de dar el salto al siguiente.

Pero, ¿cuál es el argumento de The Casual Vacancy? Pues bien, Rowling contará una historia ambientada en el idílico pueblecito inglés de Pagford, donde aparece muerto el señor Barry Fairweather. A partir de ese momento, la fachada impecable del pueblo dejará paso a un sinfín de rencillas, odios y venganzas que dividirán al pueblo en una lucha por elegir al sustituto de Fairweather en el consejo de la parroquia. La editorial promete buenas dosis de humor negro y sorpresas constantes.

Tras leer la sinopsis de The Casual Vacancy me vuelven a asaltar las dudas que ya tenía con este libro de Rowling. Desde luego, su cambio de registro es notable y se mete de lleno en una novela cuyo argumento podría haber firmado la mismísima Agatha Christie, pero la verdad es que personalmente no me interesa demasiado la propuesta de la creadora de Harry Potter en esta ocasión.

Desconozco si ya hay alguna editorial española que se haya hecho con los derechos del libro, pero la verdad es que conociendo el argumento no creo que las cifras de compra se vayan a disparar, ni siquiera tratándose de la mismísima J. K. Rowling.

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Joanne Kathleen Rowling

De biografías inventadas y otras falsedades (I)

14 de abril de 2012 en Autores, Biografí­as, Literatura

En mil pedazos

Como ocurre con cualquier sector, el ámbito literario también tiene su larga lista de tramposos, plagiadores, mentirosos y desvergonzados que no han dudado a la hora de fabricar grandes estafas con el objetivo de hacerse ricos y famosos. Uno de los géneros más populares para ello es el de la autobiografía, ya que la tentación de convertir una vida ya de por sí llamativa en una vida espectacular es demasiado grande, y con frecuencia los mayores engaños no proceden de la avaricia sino del propio orgullo.

En este sentido, uno de los casos más impactantes de nuestro tiempo fue el de James Frey, autor de En mil pedazos. Frey describió, utilizando un estilo curioso, casi de monólogo y flujo de conciencia, su difícil experiencia como ex-adicto, y su novela alcanzó un éxito impresionante, sobre todo después de una recomendación personal de la diva estadounidense Oprah Winfrey, cuyas opiniones suelen significar cifras millonarias de ventas para las obras que tienen la suerte de caer en sus manos y, lo más importante, gustarle. Sin embargo, una serie de investigaciones llevadas a cabo por diversas publicaciones como The Smoking Gun o The Star Tribune terminaron por demostrar que muchos de los datos que había dado Frey en su libro, como el tiempo que había pasado en la cárcel o el suicidio de uno de los personajes, eran o bien falsos o por lo menos cuestionables. En un nuevo encuentro televisado con Oprah, Frey tuvo que admitir que había exagerado y modificado partes de su obra, con motivaciones tanto personales como estilísticas, y es más, la propia editora de su libro, la prestigiosa Nan Talese, vicepresidenta de la inmensa firma editorial Doubleday, tuvo que admitir ante el público televidente que no había comprobado la veracidad de la novela de Frey, obra que ante otros había vendido como “brutalmente honesta” y totalmente verídica.

No terminaron aquí los problemas de Frey, que fundó un sello editorial en 2009 llamado Full Fathom Five, buscando emular el éxito de sagas como Crepúsculo creando novelas de consumo rápido dirigidas a un público joven. En noviembre de 2010, una estudiante universitaria publicó en Internet el contrato que había firmado con dicho sello, un acuerdo legal tan injusto y restrictivo (entre otras cláusulas inaceptables, afirmaba que a los autores se les podía eliminar de un proyecto sobre la marcha, y que podía publicarse su obra sin usar su nombre, además de establecer un anticipo bastante ridículo como pago), y poco a poco salió a la luz que Frey utilizaba mano de obra universitaria para producir libros como churros, ofreciéndoles a cambio una escasa compensación tanto económica como personal, con poco o ningún respeto por su posición como autores.

A pesar de todo, Frey sigue activo en el mundo literario, si bien sus libros posteriores a En mil pedazos han recibido críticas muy dispares, oscilando entre reseñas que lo consideran brillante y otras que lo definen como un autor de baja estofa. Siempre habrá escritores dispuestos a mentir para alcanzar el estrellato, y de ello seguiremos hablando en la segunda parte del artículo.

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¿Quieres mi libro, editor? ¡Paga!

9 de abril de 2012 en Autores, best-seller

J. K. Rowling

Si el otro día hablábamos de cómo J. K. Rowling se había liado la manta a la cabeza y puesto en marcha su propia tienda en Pottermore para vender los ebooks de Harry Potter, dando de lado a su editorial en papel y también a grandes tiendas online como Amazon, que ahora funcionan como «resellers», la escritora inglesa vuelve a sonar, pero esta vez en el mercado español.

No, no se trata de la fecha de los ebooks de Potter en español, ese sigue siendo un secreto bien guardado, en esta ocasión Rowling ha comenzado a subastar los derechos de su siguiente novela, esa de la que os informamos aquí, y de la que no se sabe prácticamente nada. Lo cierto es que los rumores apuntan a que será novela «negra» aunque personalmente veo más a Rowling haciendo novela enigma o detectivesca que acercándose a la crítica social revólver en mano. Sea como sea, las grandes editoriales españolas han sido invitadas a pujar por el libro sin nombre, sinopsis o género confirmado.

Hasta ahora la obra de Rowling era publicada por Salamandra, pero en esta nueva aventura Rowling no se lleva amigos y busca nuevos compañeros de viaje. Desde luego, puede que algunos consideren arriesgado pujar por un libro tan misterioso. Si no cambiara de registro de manera tan radical se darían puñetazos por hacerse con el libro, pero al elegir un nuevo camino tan diferente sí que nos enfrentamos a una decisión empresarial arriesgada.

Pocos autores pueden aparecer sin nada real entre las manos y convocar así a las editoriales, provocando la competencia entre grandes grupos. Rowling se aprovecha de su enorme tirón, pero, ¿será suficiente? En caso afirmativo, ¿será un primer paso para que las grandes estrellas literarias se salgan hasta de las Ferias? Sin duda es otra demostración de fuerza, quizá la primera hacia un definitivo abandono de editoriales que no contribuyan de manera muy activa a la mejora, venta y distribución del producto final.

Quejas en los márgenes

4 de abril de 2012 en Arte, Literatura

Libros medievales

Ya hemos hablado, y con cierta recurrencia, del hábito de algunos lectores de anotar en los márgenes de los libros. Es una costumbre que adoptan también estudiosos, traductores y escritores, como demuestra, por poner un ejemplo notable, el decoradísimo ejemplar de Nabokov en su intento obsesivo de traducir el Eugenio Oneguin de Pushkin, traducción que le valió demasiados años de su vida, la crítica negativa de gran parte del gremio, y la amistad del gran eslavista y crítico estadounidense Edmund Wilson.

Esta costumbre no es, ni mucho menos, moderna. Ya en el medievo, mientras trabajaban de manera incansable en sus transcripciones y miniados, encontramos pruebas de que su labor no era, de hecho, tan incansable. En la revista Lapham’s Quarterly encontramos un precioso gráfico que recoge las mejores anotaciones espontáneas de transcriptores medievales, y he querido compartirlos con vosotros, ofreciendo traducciones aproximadas a los comentarios de estos sufridos copistas, quienes se lamentan de su trabajo, y en ocasiones hasta puede que intenten justificar una labor imperfecta (gracias a una mala tinta o a pergaminos hirsutos):

-”New parchment, bad ink; I say nothing more” (Pergamino nuevo, tinta mala; no digo más).

-”I am very cold” (Tengo mucho frío).

-”That’s a hard page and a weary work to read it” (Es una página difícil y cuesta mucho leerla).

-”Let the reader’s voice honor the writer’s pen” (Que la voz del lector honre a la pluma del escritor).

-”This page has not been written very slowly” (Esta página no se ha escrito muy despacio).

-”The parchment is hairy” (El pergamino tiene pelos).

-”The ink is thin” (La tinta está aguada).

-”Thank God, it will soon be dark” (Gracias a Dios, pronto será de noche).

-”Oh, my hand” (Oh, mi mano).

-”Now I’ve written the whole thing: for Christ’s sake give me a drink” (Ya he terminado por fin con esto, Por el amor de Dios, dadme algo de beber).

-”Writing is excessive drudgery. It crooks your back, dims your sight, and twists your stomach and your sides” (Escribir es demasiado penoso. Te dobla la espalda, entorpece la vista, y te retuerce el estómago y los costados).

-”St. Patrick of Armagh, deliver me from writing” (San Patricio de Armagh, libérame de escribir).

-”When I wrote I froze, and what I could not write by the beams of the sun I finished by candlelight” (Mientras escribía me congelé, y lo que no pude escribir bajo los rayos del sol terminé junto a la luz de las velas).

-”As the harbor is welcome to the sailor, so is the last line to the scribe” (Del mismo modo que le es grato al marinero llegar al puerto, le es grato al escriba llegar a la última línea).

Y no podemos dejar de hacer referencia al monje que, tras una larga y ardua labor de copia, se pone un tanto filosófico:

-”This is sad! O little book! A day will come in truth when someone over your page will say, The hand that wrote it is no more” (¡Esto es triste! ¡Oh, pequeño libro! Llegará en verdad el día en que alguien, sobre tu página, dirá “La mano que escribió esto ya no existe”).

Pagar por publicar (y II)

1 de abril de 2012 en Literatura, Mundo Editorial

Edición de vanidad

En la primera parte del artículo analizábamos hasta qué punto ha cambiado el mercado editorial, de tal forma que ahora el que aporta la mano de obra, el escritor, puede llegar incluso a pagar por ver su libro en el mercado. Del mismo modo que en situaciones graves de paro hay quien paga por obtener una entrevista de trabajo, podría asumirse que el escritor está dispuesto a invertir no sólo su trabajo sino su propio capital para obtener un beneficio no sólo económico (que resulta poco probable debido a la feroz competencia) sino personal. En este sentido los anglosajones utilizan un término muy adecuado para la autoedición, calificándola de Vanity Press, es decir, impresión por vanidad.

Como ya hemos tratado en Lecturalia los diferentes medios de publicación para el escritor (edición tradicional, coedición, autoedición), llaman ahora la atención algunos aspectos que han ido modificándose de manera evidente desde la última vez que os ofrecimos nuestra percepción del asunto. Como ya apuntó Alfredo Álamo en su artículo ¿Una nueva autoedición?, el formato de autoedición ha evolucionado de manera que, gracias a las nuevas tecnologías y al conocimiento informático cada vez mayor del usuario medio (junto a las posibilidades del software libre y otras herramientas de gran utilidad), el autor por fin puede (otro aspecto a estudiar sería si debe) prescindir de los intermediarios clásicos. Esto es muy productivo si el escritor dispone además de conocimientos avanzados de corrección, maquetación, diseño y mercadotecnia, y es una lástima que tantos de los que se han apuntado al carro Amazon de la producción digital y a demanda no dispongan de dichos conocimientos, ni entiendan la necesidad de subcontratarlos. Demasiado a menudo se olvida que más allá de las garras de las temibles editoriales, a las que los escritores suelen ver como auténticos vampiros, existen profesionales autónomos más que cualificados para apoyarnos en la aventura de publicar, para producir un texto que, si bien no tiene una calidad garantizada, a falta de un filtro editorial, por lo menos ofrece una presentación cuidada y correcta. Tal vez una de las consecuencias nefastas de la burbuja de esta nueva autoedición de la que habla Álamo sea, aparte de ese filtro tan necesario para separar la paja del oro (no siempre eficiente, pero desde luego útil), la proliferación de obras repletas de erratas, maquetadas en fuentes ilegibles con un diseño atroz, vendidas no ya como objeto cultural, sino como ente promocional. Facebook y Twitter cobran más importancia que el valor de marca, ofreciendo una satisfacción inmediata para el ego del autor, una recepción pública mucho más rápida (y efímera) de lo que podría suministrar una editorial seria.

Y algo más está cambiando, algo que podríamos asociar a un catálogo cada vez más extenso procedente de las empresas de autoedición y coedición encubierta. En la mejor línea de la famosa Editorial Garamond en El péndulo de Foucault de Umberto Eco, aparecen incluso en editoriales reconocidas, supuestamente de edición tradicional, contratos con cláusulas nunca vistas como que el autor debe comprar una parte de los libros producidos o que debe pagar un porcentaje de los gastos de impresión, o que junto a estas condiciones además recibe un porcentaje mínimo por la venta de libros que él mismo ha costeado. Surgen autores que ofrecen, ellos mismos, cubrir el gasto de la edición con tal de ver su nombre asociado a una editorial de prestigio. Esto nos impulsa hacia un mercado donde la oferta carece de criterio preestablecido, donde hasta las grandes marcas pueden suspender su filtro de calidad. Y ahora, más que nunca, impera el boca a boca, la recomendación, las visitas a blogs y redes sociales especializadas, buscando una lista de títulos que no vayan a dejarnos un mal sabor de boca, ya sea por falta de calidad en el contenido o en la forma.

Pagar por publicar (I)

30 de marzo de 2012 en Autores, Mundo Editorial

Pagar autoedición

En el mercado actual hay una delicada balanza que, con el tiempo, puede oscilar en una u otra dirección. Sin embargo, pocas áreas han oscilado de una manera tan flagrante como el mercado editorial, donde la contraposición oferta-demanda comienza a alcanzar cotas extraordinarias.

Hasta hace relativamente poco, el mundo editorial respondía a un encuentro económico de lo más normal: uno vende y otro compra. Por supuesto, se trata de algo mucho más complicado: “el que vende” es un conjunto demasiado amplio: escritor, corrector, maquetador, traductor, editor, imprenta, comerciales, distribuidora, librería…, mientras que el que compra es uno solo, el lector (y no dejéis de pensar en ello la próxima vez que os lamentéis del precio aparentemente abusivo de un libro en papel). En cuanto al libro digital, siguen participando unos cuantos en la producción de la obra, si bien podemos eliminar de la ecuación a la imprenta y a la distribuidora física (una lástima que en ocasiones su parte del pastel se la coman igualmente grandes plataformas de venta y editores avariciosos). De manera tradicional, el principal productor de la obra, el escritor, ofrecía un texto y a cambio recibía una cantidad fija o porcentual por las ventas de dicho texto. Esto responde a una necesidad de mercado clara: los lectores demandan textos, y los escritores reciben dinero por proporcionarlos.

Sin embargo, en los últimos tiempos viene produciéndose un fenómeno sorprendente. La posición del escritor, asociada tradicionalmente a prestigio y respeto por parte de lectores y miembros en general de la sociedad, unida a una alfabetización cada vez más democrática, se ha convertido en un oficio no sólo envidiable, sino accesible para todos. A pesar de estar, desde siempre, poco y mal pagado, existe la envidia del lector, la postura más o menos moderna (hay antecedentes, desde luego, pero nunca ha sido tan clara la situación como en los últimos años) de que cualquiera puede escribir un libro, cualquiera puede llevar a cabo esa acción antaño reservada para sabios y eruditos.

Y de repente nos encontramos con un contexto desconcertante: resulta que ahora la oferta es tan inmensa, y supera con tantos creces a la demanda, que la balanza se invierte y es el escritor el que se convierte en comprador, es el escritor el que debe pagar por producir un texto. Esto, en principio, no es bueno ni malo, sólo es sintomático de determinados cambios sociales y culturales. Por supuesto que, como ocurre en cualquier exceso de oferta, la calidad no es siempre óptima, pero aquí no se trata de que, como podría pasar con cualquier otro producto, gane el que venda más barato. La oferta es tal que uno tiene que plantear un precio tan bajo que entra en negativo, es decir, llegamos a la increíble situación de tener que pagar por vender. En caso de no existir los intermediarios que hemos mencionado, nos encontraríamos simplemente con una cuestión de competencia y supervivencia del más fuerte, del mejor, el más barato o el más ocurrente y original. No obstante, precisamente por esta cadena de producción tan elaborada, los que arriesgan el capital deben encontrar otros modos de sufragar el coste de la operación, y nada más fácil que alimentarse del deseo de prestigio del autor. Y aquí encontramos vertientes editoriales que responden al exceso de oferta haciendo responsable al escritor de todo o parte del gasto involucrado. Ya sabéis de qué hablo: coedición, autoedición y similares. ¿Pero en qué ha cambiado este modelo en los últimos tiempos? ¿En el fondo nos acercamos a la publicación absoluta, similar a la de los contenidos de internet, por la que debemos pagar alojamiento y nombre de dominio (plataforma de venta y copyright) para lanzar nuestras palabras al espacio virtual? De ello hablaremos en la segunda parte del artículo.

Los ebooks de Harry Potter: El mundo al revés

29 de marzo de 2012 en Autores, Infantil, Juvenil, Mundo Editorial

Ebooks de Harry Potter

Los ebooks de Harry Potter han sido durante años los grandes ausentes del mercado editorial. Pese a su importancia y demanda J. K. Rowling no daba su brazo a torcer, dejando pasar los meses y la paciencia de las grandes tiendas online. Hace unos meses soltó su primer bombazo: Pottermore, el lugar de encuentro para todos los fans de la autora y, por su fuera poco, el lugar donde comprar los ebooks de Harry Potter.

De entrada parecía una jugada arriesgada, ya que Rowling sólo contaba con sus libros para echarle un pulso a empresas como Amazon o Barnes&Noble, que tienen, hoy por hoy, el gran escaparate del libro digital. Sin embargo, Rowling contaba con dos cosas: una gran base de seguidores que la seguirían hasta el mismísimo infierno si hiciera falta y la capacidad económica de poner en marcha cualquier tipo de proyecto.

Pues bien, no sé cómo funcionará Pottermore a largo plazo, pero según leo en algunos periódicos ingleses, Amazon ha dado un paso inédito hasta el momento respecto a la venta de los libros electrónicos de Harry Potter. Aunque podemos comprar los libros desde la web de Amazon, ésta realiza la transacción desde Pottermore, convirtiéndose en un «tercero», alguien que cobra una afiliación -un pequeño porcentaje- por venta realizada. Normalmente, Amazon es quien está al otro lado de la barrera y es ella quien oferta las afiliaciones. Así pues, podríamos decir que, en principio, Rowling le ha ganado el pulso a Amazon.

¿Quiere decir esto que nos encontramos ante un cambio en la estrategia comercial del ebook? Creo que Amazon no repetirá esto a menos que se encuentre con una situación tan peculiar de nuevo, aunque tengo que decir que la idea de una tienda virtual que sirva de pasarela a las páginas de autores a cambio de una afiliación me parece de lo más interesante.

En cuanto a cuándo podremos comprar ebooks de Harry Potter en español, me temo que no hay una fecha concreta, aunque se venderán a través de Pottermore. Si Rowling hará lo mismo con las tiendas online de nuestro mercado que con Amazon, la verdad es que lo dudo mucho.

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Esos crueles editores

24 de marzo de 2012 en Autores, Mundo Editorial

Editor cruel

Como en cualquier sector u oficio, la actuación de unos pocos puede ensombrecer la imagen de la mayoría. Sería poco realista, y totalmente injusto para con aquellos profesionales que se dejan la piel en su labor, trabajando con integridad y esmero, juzgar a la persona del editor basándonos en los numerosos casos que se conocen de abuso y estafa propiamente dicha. Pero no hay duda de que para el escritor los editores son la mayor barrera a superar, y su posición de árbitros de calidad y gestores de la obra del autor coloca a este en una posición cuanto menos precaria. Surgen una tras otra noticias de índole casi fantástica, sobre todo en lo que se refiere a grandes empresas editoriales, respecto al estado lamentable en que han acabado grandes escritores a pesar de haber proporcionado pingües beneficios a aquellos que los han publicado.

Uno de los casos llamativos más recientes ha sido el de Gary Friedrich. El nombre puede que no os resulte familiar, pero Gary fue el mayor responsable de la imagen moderna del personaje del Motorista Fantasma, esa figura popular del cómic estadounidense que ya se ha llevado al cine en dos ocasiones, con un archiconocido Nicholas Cage como protagonista. Friedrich no obtuvo una gran retribución en sus días con Marvel, y tampoco gozó de derechos de autor con los que alimentarse una vez terminó su trabajo con ellos. Sobrevivió a duras penas, ayudándose de lo obtenido con las ventas de láminas firmadas de su personaje. Enfadado tras ver el excelente rendimiento de su superhéroe a manos de la industria del cómic y del cine, demandó a la gigantesca Marvel y fracasó estrepitosamente: no sólo no se le reconocieron derechos de autor sino que la editorial contraatacó llevándolo a juicio por vender reproducciones de imágenes que según la empresa le pertenecían. Ahora, Friedrich, que apenas tiene para comer, tiene que pagar 17,000 dólares por vender unas láminas de imágenes que él mismo creó. Esta lamentable situación ha escandalizado a la industria del cómic y de la literatura en general, con voces tan conocidas como la de George R. R. Martin haciéndose eco. Martin propone a los que vayan a ver la película más reciente que consideren además donar un porcentaje mínimo de lo que les costó la entrada al cine para un fondo dedicado a ayudar a Friedrich (más información en su blog, que está enfermo, a punto de perder su vivienda, y endeudado hasta las cejas por pagarle a una empresa a la que ya le ha aportado una rentabilidad más que notable.

Friedrich no es ni la primera ni la última víctima en este sentido, pero a lo mejor la más conocida sea el creador de Sandokán, Emilio Salgari, que se hizo el harakiri con tan sólo 49 años, en 1911, ahogado por su terrible situación familiar y económica. Sus editores lo sometían a jornadas eternas de trabajo sin un salario decente, y finalmente les dedicó las siguientes palabras en su nota de suicidio:

A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma.

Sea como sea, recordemos que estos son casos concretos no atribuibles a todo el gremio editorial, y que en la mayoría de las ocasiones no son los editores, ni mucho menos, los que obtienen la parte del león en las ventas de libros (sobre todo en lo que se refiere al soporte tradicional), sino distribuidoras y puntos de venta. Curiosamente se habla poco o nada de productos culturales (libros, películas, arte) condenados al fracaso por una mala distribución, cuando se trata de una situación más que frecuente. Queda claro que los casos más notables son aquellos que obtienen mayor repercusión: autores y traductores que han fallecido en la más absoluta miseria tras un éxito rotundo de sus obras; y con frecuencia observamos una demonización de la figura del editor, sin contar con datos como qué tipo de contrato había aceptado y firmado el escritor o, en casos más extremos, si había dilapidado sus innumerables regalías en drogas, alcohol y conejitas de Playboy.

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Emilio Salgari

El Hobbit, en peligro

21 de marzo de 2012 en Literatura

Pub El Hobbit

Ya queda menos para el estreno de una de las películas más esperadas de los últimos años, la adaptación cinematográfica de El Hobbit, cuya primera parte está prevista para el 14 de diciembre de este mismo año. Al parecer, los abogados de Middle-Earth Enterprises, que controlan los derechos sobre el merchandising de El señor de los anillos y de El Hobbit, han decidido ir dándole publicidad al estreno denunciando a varias personas. Supongo que si es publicidad buena o mala, eso les da lo mismo.

El caso más llamativo es el de The Hobbit, un típico pub inglés en Southampton que lleva más de veinte años con el mismo nombre, mucho antes de que esto de los royalties se volviera una caza mundial. Por lo visto, ya les ha llegado una carta de «cese y desista» con amenaza de ir a juicio. Está claro que el pub no puede hacer frente a la gran firma de abogados que está detrás de Middle-Earth Enterprises, así que están agotando sus posibilidades. Han reunido a más de 15000 seguidores en una campaña de Facebook para intentar hacer algo de presión, pero lo tienen muy difícil.

El último en terciar en esta situación ha sido el actor inglés Stephen Fry, que está rodando en estos momentos El Hobbit con Peter Jackson, quien ha manifestado que «a veces se avergüenza del negocio en el que está». Desde luego, si esto sigue aireándose no se va a convertir en buena publicidad para la película, sobre todo si siguen así (parece ser su idea, también han amenazado a un pequeño restaurante llamado El Hobbit Hambriento…)

¿Hasta dónde llega el control de los derechos de autor? ¿Montar un restaurante basado en tus personajes favoritos literarios se puede convertir en una misión imposible? Imagina que le das nombres de cómic a las bebidas o a los bocadillos. ¿Acabarás sufriendo una inspección? Desde luego, es cierto que a veces el sentido común es el menos común de los sentidos.

Actualización 23/03/2012: De manera sorprendente, los actores Stephen Fry e Ian McKellen (Gandalf) han decidido pagar la licencia que exigían los abogados para mantener abierto el pub de El Hobbit. Un aplauso desde aquí a estos dos grandes actores.

Vía: The Guardian

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