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Entradas con etiqueta ‘oficio de editar’

Tu libro no es solo tuyo

18 de junio de 2013 en Autores, Literatura

Escribir en comunidad

En la eterna discusión entre los que están a favor de la autoedición (o de la coedición) y los que apuestan por la edición tradicional, hay un dicho que empieza a escucharse más y más, sobre todo en relación a la edición digital: tenemos que eliminar a los intermediarios. En una nueva era en la que cada vez es más común que un libro triunfe sin la intervención de una editorial, vendiendo a destajo en plataformas como Amazon, se vitorea el concepto de háztelo todo tú mismo. Prescinde de editor, de maquetador, de corrector, de diseñador, de distribuidor y librería, y dedícate solo a pagar el grueso del pastel a una gran infraestructura virtual. Al fin y al cabo, tu libro es solo tuyo. Como escritor, has hecho tú todo el trabajo, ¿no es verdad?

Hoy en día, tal vez más que nunca, se concede una importancia fundamental a la idea de creación. El escritor crea, luego merece todo el mérito del texto. Hace surgir de la nada una composición, le da vida. ¿Pero esto es realmente así?

Para empezar, partamos de la base de que nada surge de la nada más absoluta. El escritor tiene el peso de la influencia de todo lo que ha leído, todos los medios que lo rodean, y además no escribe exclusivamente para él mismo, sino con una figura muy concreta de lector en mente (por lo menos si busca publicar; no hablamos de escritores cuyos legajos solo van al cajón de la mesita de noche). Forma parte de un contexto, de una textualidad, es decir, está condicionado por el acervo cultural en el que ha nacido y donde se desarrolla. No hay nada nuevo bajo el sol, dicen, y por mucho que uno intente innovar, esta supuesta innovación parte como respuesta a formas tradicionales, a las que el autor les debe precisamente su deseo de antagonismo. Por otro lado, hasta el escritor más experimentado y profesional necesita lectores de prueba para comprobar que no haya erratas e incoherencias. Ese primer filtro ya nos otorga un texto ligeramente diferente del que se escribió en primera instancia.

La corrección de estilo, cuando se aplica, proporciona una dinámica extraordinaria a un texto. Los ojos de un buen corrector saben reconocer estructuras cacofónicas, torpes o desmañadas, identifican repeticiones innecesarias tanto fonéticas como gramaticales, pillan incongruencias al vuelo. Y qué decir de los lectores profesionales, que orientan de manera crítica. Todo el trabajo realizado sobre el texto original lo enriquece, forma parte de la obra y se vincula al todo que es ahora tu compendio de palabras escritas, tecleadas o recitadas.

Y, por fin, el lector es el que le proporciona auténtica vida a la obra. Ese lector aplicará sus propias emociones, inteligencia y comprensión a tu texto. Le dará una vida nueva que lo convertirá en algo más complejo y redondo. Merece tener entre sus manos una obra válida, bien escrita, bien editada. Porque si no es así, ocurrirá una de dos cosas: el lector prescindirá de esta obra, que no está a la altura de sus exigencias mínimas; o bien aceptará una experiencia de lectura mediocre que rebajará su nivel de expectativas y contribuirá a construir una sociedad con una demanda cada vez más conformista, con un criterio cada vez más reducido y una visión cada vez más limitada de las posibilidades del arte.

Tu libro no es solo tuyo. Tu libro es de todos. Es un proyecto conjunto, no existe en el vacío. La eliminación de intermediarios que pueden llegar a convertirse en innecesarios (como distribuidoras o librerías físicas) puede redistribuir los ingresos de un libro y convertir las regalías del autor en un porcentaje mucho más digno y justo (en proporción al esfuerzo de este y el tiempo invertido). Pero prescindir del equipo editorial por completo (del editor competente que sabrá adaptar tu obra a las exigencias del mercado y podrá discernir si tiene la calidad suficiente para entregarlo a este; del corrector que transformará tu libro en una lectura mucho más digna; del diseñador que le dará una apariencia mucho más atractiva y cómoda para tus lectores potenciales; incluso de los profesionales publicitarios que pueden ayudarte a llegar a rincones insospechados) puede ser un gran error. Cierto, no estamos en una sociedad perfecta en la que todos los profesionales de la edición cumplen bien su trabajo, pero esta no es razón para eliminarlos de un plumazo. Un libro sigue necesitando de filtros de calidad y de trabajadores que sepan construir, entre todos, un elemento completo del maravilloso acto de la comunicación estética.

Críticas contra Amazon por parte de las autoridades francesas

8 de junio de 2013 en Mundo Editorial, Noticias

Críticas francesas amazon

El negocio de la venta online cada vez es mayor y no es de extrañar que surjan críticas contra Amazon por parte de las autoridades francesas, hartas, según su punto de vista, de las técnicas con las que el gigante americano usa para conseguir más clientes.

Como ya hemos comentado alguna vez, Amazon en Europa paga sus impuestos en Luxemburgo, donde el IVA es del 3%. Esta situación les permite escalar sus precios de una manera completamente diferente al resto de competidores locales en la Unión Europea, cuyo IVA suele superar el 20%. Es en el apartado de la venta de libros, uno de los puntales de Amazon junto a los ebooks, donde la diferencia se está notando más rápidamente. ¿La razón? Pese a que muchos países poseen una ley del libro que fija los descuentos y los precios mínimos, comunes a todos los libreros, de repente Amazon ha encontrado una manera de fidelizar a sus clientes: regalar cheques regalo por las compras para sus siguientes visitas. Esto, además de un supuesto dumping en el resto de productos, ha puesto en pie de guerra a las autoridades francesas, a los libreros y a un montón de minoristas en todo Europa, que se quejan amargamente de competencia desleal.

Aunque visto así, ¿acaso la Fnac no ofrece descuentos futuros a sus socios en cada compra? Algo que antes molestaba a los libreros, que han decidido hacer piña con las grandes cadenas en contra del monstruo en el que se está convirtiendo Amazon.

Pero no nos engañemos, Amazon no hace nada que no se le haya dejado hacer por parte del tejido comercial, inane desde hace años y que sólo le ha visto las orejas al lobo de la modernidad una vez la crisis ha puesto en evidencia el cambio de modelo. Amazon no era algo nuevo y estaba claro que se iba a implantar en Europa. La pregunta es, ¿a nadie se le ocurrió montar una empresa similar antes de que tuviera competencia? ¿Buscar nuevas ideas para renovar las librerías de barrio? Por lo visto, no, se vivía muy bien a remolque.

Está claro que la política de Amazon es destructiva para el tejido comercial tradicional y que este tendrá que adaptarse a los nuevos tiempos, pero toda la responsabilidad no debe recaer en la compra online. Es cierto que sus tácticas son, cuando menos, dudosas, pero si los libreros esperan que sea la Comisión Europea la que saque una varita mágica y les saque las castañas del fuego… que esperen sentados.

Jóvenes, escritores y promotables

7 de junio de 2013 en Actividades, Autores

Literatura para jóvenes zombis

¿Por quiénes apuestan actualmente las editoriales españolas? Llevamos unas cuantas semanas de Feria del libro arriba y abajo por toda la geografía española, leyendo noticias y asistiendo a conferencias que nos cuentan lo mal que está todo y que nadie quiere arriesgar, aunque otros nos dicen que los jóvenes escritores son valores seguros. También nos hemos encontrado en varias ocasiones con el horroroso uso de la palabra promotable (por promocionable), en boca de editores y, sobre todo, de agentes. Entonces, ¿en qué quedamos?

Es cierto que asistimos a una inusitada búsqueda de jóvenes talentos a lo largo y ancho del mercado en castellano. Todos quieren tener en sus filas autores sin demasiado pasado a sus espaldas, poco conocidos y que acepten sin demasiados problemas las condiciones que las editoriales tengan a bien imponerles. Con esto no quiero decir que estén buscando al próximo Antonio Muñoz Molina o a un nuevo Javier Marías. El tiempo de los autores jóvenes en busca de la, supuesta, excelencia literaria y que parecía que iban a comerse el mundo ha pasado tan deprisa que casi nadie se acuerda de sus nombres y se han quedado para vestir blogs. Para qué nuevos si en realidad ya tienes a Muñoz Molina o Javier Marías. Los experimentos nocilla se diluyen y pocos autores van a quedar a flote. Entonces, ¿qué pasa con esos autores jóvenes que tanto se buscan?

Autores jóvenes de género, esa es la pieza clave. Se busca joven de buen carácter que escriba género, fantástico, negro, ciencia ficción, juvenil, romántico, o mezcla de todo lo anterior. Es el nuevo objetivo: buscar ese target de jóvenes adultos (o adultos jóvenes) que además de lectores también tienen sus propios sueños literarios. Gente que mantiene un afán comprador, coleccionista, e incluso fetichista, sobre los libros de papel en esta época de crisis y que ven con agrado la aparición de autores que, en cierto modo, aparentan ser uno de ellos que ha conseguido dar el salto.

¿Tiene esto algo que ver con la calidad de los libros publicados? No más que antes. Cada editorial mantiene sus baremos, con la excepción de aquellas que han decidido bajar un peldaño en la corrección de estilo, algo que se nota, y bastante, en todos sus últimos lanzamientos, sean de jóvenes, de autores traducidos, o incluso de veteranos.

Por otro lado, ya que no todas las editoriales van por el mismo camino, se apuesta mucho, más que nunca, por el autor extranjero de medio pelo, esos que han publicado una serie juvenil de quince libros en su país con un éxito discutible, y cuyos derechos están a buen precio. Si es sobre vampiros adolescentes, zombis rubias o machos alfa que castigan a dulces secretarias, mejor que mejor.

Así que si eres un joven, escribes género y tienes un buen book de fotos, no te lo pienses más y envía tu manuscrito: no vas a encontrar un momento más receptivo por parte de las editoriales para leer tus textos y valorar su publicación. Eso sí, por favor, no dejéis vuestros trabajos todavía.

Autores relacionados:
Antonio Muñoz Molina
Javier Marías

Feria del libro de Madrid de 2013: primer fin de semana

5 de junio de 2013 en Actividades, Autores, best-seller, Literatura

Cartel Feria del Libro de Madrid 2013

Un año más nos hemos trasladado a la feria del libro de Madrid para disfrutar de un par de jornadas de libros y de actos relacionados con la lectura en el idílico entorno (siempre que no seas alérgico al polen) del Parque del Retiro. La feria en sí dura más de dos semanas, del 31 de mayo al 16 de junio, y este año ha modificado su horario (de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:30 de lunes a viernes, y de 11:00 a 15:00 y de 17:00 a 21:30 los sábados, domingos y festivos).

Durante el primer sábado de este evento, feria del libro ya ha sido trending topic en Twitter, lo cual dice mucho de la gran popularidad de estos días de paseo, socialización y (esperamos) compra. Es un plan perfecto para el fin de semana y los días de ocio y, si bien tendremos que esperar a ver cómo se desarrollan las ventas en relación con años anteriores, durante el sábado y el domingo las casetas han estado atestadas de curiosos y consumidores, además de las siempre esperadísimas firmas. Las colas más largas se formaban el sábado para ver al cocinero Alberto Chicote y a la escritora de literatura fantástica juvenil Laura Gallego. Chicote firmaba el libro de recetas del programa Pesadilla en la cocina, y Gallego su esperada novedad El libro de los portales, que figuraba también en alguna que otra camiseta de jóvenes aficionados. A lo largo del domingo, nombres como Arturo Pérez Reverte o Almudena Grandes atraían a sus fieles habituales, alternando con nuevos fenómenos del momento en ámbitos de autoayuda, cocina, política o cómic. En las casetas había libros omnipresentes: el Inferno de Dan Brown, el Brújulas que buscan sonrisas perdidas de Albert Espinosa o El maestro del Prado de Javier Sierra.

Pero no todo es glamour y estrellato. Pensad en los editores que dedican horas interminables a llevar de un lado a otro pesadas cajas de libros, buscar aparcamiento, lidiar con escritores invitados, acompañarles y ocuparse de ellos, resolviendo problemas con hoteles, restaurantes y taxis. Pensad en los escritores que deben ir corriendo de una caseta a otra (generalmente cada una en una punta opuesta de la feria) para llegar a tiempo a un encuentro con un editor, a un acto de presentación o a una sesión de firmas. Pensad en sus pobres muñecas acalambradas (eso si tienen suerte y son lo bastante conocidos para tener que firmar bastante) o sus estómagos vacíos mientras las firmas o el acto de turno se alargan más de lo esperado, en sus nervios mientras reúnen valor para presentarse ante algún editor en concreto, un compañero autor de prestigio o incluso algún blogger de reseñas incandescentes. Pensad en los organizadores, el personal de seguridad, los camareros de mesitas repletas de lectores sedientos, en los profesionales que mantienen limpios los aseos (y ya sabéis cómo se ponen los aseos en cualquier encuentro multitudinario), en todo el personal que pasa horas eternas al sol. Uno no puede dejar de considerar todo lo que se pone en movimiento para que nos paseemos con tranquilidad y hojeemos libros. Una reunión de este tipo siempre resulta extraordinaria: una oferta tan dispar en un espacio tan grande, donde uno puede comprar o el superventas de turno o alguna edición obsoleta de un libro desconocido, parece ir más allá de un simple intercambio de dinero. Durante unos días al año, un antiguo paseo de carruajes se transforma en una demostración de afecto por el libro. Y eso, ahora mismo, es más necesario que nunca. Por mucha revolución digital que haya, es difícil trasladar al ámbito virtual una experiencia de interacción como esta: no solo para visitantes lectores, sino para la propia industria del libro, esos mismos editores y escritores, y todos los profesionales relacionados con el sector.

Al finalizar la feria, haremos un resumen como acostumbramos, con datos y estadísticas de ventas y otra información objetiva y numérica. Pero por ahora nos gustaría conocer algo mucho más subjetivo: vuestras impresiones acerca de lo que habéis vivido de la feria hasta ahora, y a qué libros le habéis dedicado vuestro interés (¡y dinero!). Esperamos vuestras aportaciones, como siempre, en los comentarios.

Autores relacionados:
Albert Espinosa
Alberto Chicote
Arturo Pérez-Reverte
Dan Brown
Javier Sierra
Libros relacionados:
Brújulas que buscan sonrisas perdidas
El libro de los portales
El maestro del Prado
Inferno
Pesadilla en la cocina

La crisis editorial y las descargas ilegales

24 de abril de 2013 en Literatura, Mundo Editorial, Tecnologí­a

Piratas de la red

El mantra editorial que nos llega en las últimas semanas, las previas al Día del Libro y las diversas ferias que pronto ocuparan la primavera, es que las ventas de libros en España han caído un 20% y que la culpa de este descalabro es cosa, sobre todo, de las descargas ilegales de libros, demonio con cuernos y rabo que ronda a libreros y editores en sus pesadillas. Muchos de ellos citan el informe del Observatorio de piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales, que, pese a lo que pudiera parecer, no analiza la situación de los pesqueros españoles en las costas de Somalia, sino que estudia las descargas de libros, discos, películas y videojuegos, así que no estaría de más pegarle un vistazo.

El primer dato que salta a la vista es que 12 de cada 100 internautas se ha bajado algún libro -más que videojuegos ¡ese dato me confunde!-, con un porcentaje equilibrado entre novedades y obras con más de tres años, dejando a las obras de uno o dos años algo por debajo. No es de extrañar: los libros descatalogados son una de las principales búsquedas para descargar libros gratis en la red. Pero el informe en cuestión tiene su miga en el aspecto del lucro cesante, es decir, la cantidad de dinero que la industria editorial deja de percibir por las descargas de ebooks. En lugar de hacer una relación directa descarga/libro sin vender, se usa una nueva manera de contabilizar al preguntar al internauta cuántos elementos habría comprado si no tuviera acceso gratuito. El resultado es de 5,1 millones de euros para el negocio del ebook y 39.9 millones en el caso de los libros físicos. Aplicado al conjunto de la industria, el porcentaje total subiría un 4,6%, apenas un 5% del total.

Entonces, si según este informe la descarga gratuita de ebooks apenas llega al 5, ¿a qué se debe el resto del desplome? ¿Cuáles son las causas para que la industria editorial haya caído un 15% en ventas durante el último año? Está claro que la crisis es un elemento clave en esta situación, sobre todo si juntamos la limitación de presupuesto de las familias lectoras con una política editorial llena de series y libros clónicos, de dudosa calidad literaria, a precios inflados y con una edición mejorable.

Espero que después de leer el informe sobre la «piratería» más de un editor comience a realizar autocrítica en lugar de achacar la crisis actual de la edición en España a las descargas ilegales. Por cierto, para los autores del informe, el año que viene me gustaría ver un elemento más en la estadística de «los más piratas»: ¿cuántos libros ha comprado este año? Igual resulta que los mayores compradores de libros son también los que más descargan, y a lo mejor, sólo a lo mejor, sería mejor que las editoriales y las librerías no fueran por ahí señalando con el dedo a sus mejores clientes.

¿Para qué comprar nuevos libros?

Libros nuevos

Nos encanta leer. Buscamos ratos muertos en el metro, en el autobús, en el tren, en un parque después de comer, haciendo cola, en casa justo antes de ir a dormir. Si bien es cierto que no todo el mundo puede leer tanto como le gustaría ya que la falta de tiempo es un problema de difícil solución. Pero leemos. Y compramos libros. Al menos, hasta ahora.

Que nadie se sorprenda. A día de hoy cualquiera con un conocimiento de Internet básico puede encontrar páginas web con ebooks para descargar, o páginas web con enlaces a esos libros (o incluso páginas web con los enlaces escritos, pero desactivados, a libros, no vaya a ser que alguien tropiece y haga clic por accidente) y descargarlos a golpe de ratón en algunos segundos. Sí, no están todos los libros. Pero hay muchos. Muchísimos. Algunos muy buenos, otros sencillamente entretenidos y también una gran multitud de libros aburridos.

Así que mientras se discute sobre el futuro del modelo del copyright y los derechos de autor, se teoriza sobre la naturaleza de la obra original y de la propia autoridad del creador para reconocer un texto como suyo, la gente va a lo suyo y se descarga libros, la mayoría sin entrar en filosofías o pensar en los futuros del libro. Esto es así.

Ojo, que no quiero decir que esto sea algo totalmente negativo. Se dan casos donde la descarga de libros ha redundado en un aumento de las ventas de determinados autores (no de todos) y que hay muchos creadores cuya satisfacción se ve resuelta con la propia gratificación de verse reconocido. Hoy, simplemente, me gustaría hacer una reflexión como lector.

Si puedo acceder a, no sé, pongamos unos 300 libros, entre novelas, antologías y ensayos, de buena calidad, que no me haya leído y que pueden estar en mi e-reader en unos diez minutos… bueno, sería genial, ¿verdad? Teniendo en cuenta la media de lectura en España, ese bloque de libros podría durarme unos doce años. 12. Más de una década de buena lectura asegurada. Gratis. Más de diez años en los que no tendría que preocuparme no sólo de comprar libros, sino de estar atento al panorama editorial. ¿Para qué comprar libros nuevos, sin apenas referencias de su calidad, si tengo a mi alcance años de obras ya contrastadas?

He dicho 300 libros, pero podrían ser más de mil. Y sin irme muy atrás en el siglo XX, me parece. Se ha publicado tanto ya, y tan bueno, que, sinceramente, nunca se puede estar al día. Así que ¿para qué comprar libros nuevos? no es tanto una pregunta a la que pretenda dar respuesta con este artículo, sino un interrogante que abro para que vosotros, lectores, participéis de los posibles cambios y soluciones que tienen que llegar de manera inevitable. Y me refiero al momento actual, ahora, ya, no dentro de diez o quince años y a cómo será el futuro, si un oligopolio del copyright o un paraíso de la cultura libre.

Así que esperamos vuestra opinión, hoy más que nunca, en los comentarios.

Nubico: Nuevo sistema de suscripción literaria

Nubico

Parece que alguien por fin se ha dado cuenta de que los modelos emergentes en el sector cultural vienen de la mano de los servicios de pago por suscripción. Spotify o Netflix son dos grandes ejemplos de cómo podría ser el futuro de la música y el vídeo y ahora es posible que aparezca un equivalente con Nubico.

Aunque claro, la idea no es tan novedosa. La gente de 24 symbols llevan un par de años ya con esta idea en mente, así que cabría preguntarse cuál es la diferencia. Por lo visto no es otra que la potencia económica y editorial que llevan detrás, Nubico viene con Telefónica y Círculo de lectores (Planeta y Berelsman) que, si así lo deciden, pueden poner encima de la mesa un catálogo inmenso. 24 symbols ha trabajado más con editoriales independientes y eso le resta poder de convocatoria hacia el gran público.

No es la primera iniciativa de Círculo de lectores y de Telefónica en este sentido, aunque en esta ocasión sí que parece que van a apostar creando una plataforma decente, que no sólo estará disponible para dispositivos Android e iOS, sino que es probable que aparezca para nuevos modelos de libro electrónico.

El modelo que han presentado costará 10 euros al mes y nos permitirá leer cualquier cosa que hayan subido al catálogo, exceptuando las novedades, que estarán por menos de 4 euros hasta que pasen al fondo general.

¿Tendrá éxito? Como siempre, nos enfrentamos a una gran incógnita. Si es capaz de acumular catálogo, más allá de sus propias editoriales, es posible que dé el salto que, a día de hoy, lastra este tipo de iniciativas. Como usuario no me quiero preocupar de si este libro ha salido en Anagrama o en Grijalbo o en Espasa: pago mis diez euros al mes y lo quiero en mi reader. Si me faltan muchos libros no pagaré por un servicio incompleto.

Sin duda, es una buena noticia que esta iniciativa surja: quiere decir que se están planteando alternativas al modelo actual de compraventa y de precios para ebooks, y que se está haciendo desde grandes grupos capaces de arrastrar al mercado. Otra cosa es saber si es el movimiento adecuado o se hace con las herramientas adecuadas. Pronto lo sabremos.

Más que libros, lectores

16 de febrero de 2013 en Actividades, Autores, best-seller, Tecnologí­a

Lectores y libros

En Lecturalia llevamos unos cuantos años hablando sobre la revolución del libro digital y la importancia de encontrarnos con un medio tecnológico capaz de ofrecer acceso casi instantáneo a millones de libros. Si sumamos a los e-readers las tabletas digitales, tenemos un parque de dispositivos en constante aumento con una capacidad para ofrecer información como no ha habido antes en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, seguimos siendo humanos, nos pongamos como nos pongamos, y si la información nos sigue llegando vía texto me temo que seguimos con las mismas limitaciones a las que nos enfrentábamos con los libros de papel. Se lee lo que se puede, sea digital o no.

Comentábamos en 2009 que España es un país en el que no se lee demasiado. Esa situación apenas ha cambiado, aunque las estadísticas desde entonces han mejorado un poco, pese a que el mundo editorial ha empezado a sufrir no sólo las consecuencias de la crisis económica sino también la del cambio de percepción del objeto libro por parte de los lectores, sobre todo los más jóvenes.

La reverencia ancestral al libro, esa que llevamos dentro todos los que tenemos más de treinta años, se diluye a medida que hablamos con gente que ha crecido y se relaciona a partir de pantallas. Desde luego que la capacidad del papel para transmitir sensaciones es superior, pero eso no nos debe distraer de la verdad: la mayor parte de lo que consumimos culturalmente de manera habitual entra en la categoría del usar y tirar. Sí, hay títulos, canciones, series de televisión y películas que siguen alcanzando cotas de excelencia capaces de hacernos volver a ellas una y otra vez, pero son las menos y compiten con el constante bombardeo de producciones azucaradas y creadas en laboratorios de márketing donde nos conocen mejor que nuestros propios padres gracias al análisis de nuestro historial de navegación. Si el cerebro se acostumbra a pagar menos de un euro por golosinas brillantes y adictivas es muy difícil conseguir que se pague algo más por un producto que no sólo es menos bonito a la vista, sino que requiere un esfuerzo mayor por ser consumido.

Productores y consumidores. A eso me lleva esta reflexión. ¿Nos acercamos a un futuro en el que el mundo del libro se va a dividir? Me pregunto si la edición electrónica no va a acaparar un mundo entero de ruido en el que va a ser imposible destacar, a través del cual el SPAM en redes sociales va a ser insoportable y el diálogo se va a convertir más en un encuentro multitudinario en el que competir a ver quién habla más alto y más lejos, mientras que las editoriales independientes, muchas de las cuales no están interesadas ni de lejos en pasarse al ebook, se van a quedar con esas pequeñas joyas que se descatalogan luego con demasiada facilidad y que no hay manera de encontrar, ni gratis, ni pagando. Es cierto que también surgen nuevas iniciativas que buscan alternativas en el crowdfunding, la impresión bajo demanda e incluso apelando al «precio libre» donde cada lector paga lo que quiere -o puede- por un ebook. Quizá sea ese el futuro, la de la miríada de opciones, la de la oferta infinita, en definitiva, la del creador de filtros.

¿Qué quiero decir con esto? Es el mismo mensaje de siempre, quizás algo más triste ya que se ven pocos cambios, tanto en lectores como en editores o escritores. Sí, hay que cambiar muchas cosas en el mercado editorial, sobre todo en precios y derechos digitales, pero hay algo fundamental para que este mercado eclosione, y no es otra cosa que un mayor número de lectores. Unos lectores con sentido crítico y ansiosos de compartir sus opiniones y recomendaciones a través de las pantallas que tan bien conocen. Por desgracia, tal y como se plantea el futuro, tengo poca confianza en que las editoriales presten atención a algo fuera de su propia esfera de influencia.

Desmontando el Barómetro de Lectura 2012

9 de febrero de 2013 en Actividades, Autores, best-seller, Literatura

Lectura

Como cada año, la Federación de Gremios de Editores de España presenta su informe sobre qué y cómo se lee en España, con una gran cantidad de información, no siempre presentada de la mejor manera. Desde luego, el análisis del barómetro da para muchas interpretaciones, algunas de las cuales son preocupantes.

Las buenas noticias primero. Se lee más. Los porcentajes han subido un poco, algo que no es de extrañar, ya que si uno de los principales problemas que argumentan los encuestados para no leer es la falta de tiempo, el brutal incremento del paro en los dos últimos años ha dejado, por desgracia, a mucha gente con más tiempo para leer del que les gustaría. Curiosamente, también se han vendido menos libros y se ha aumentado la frecuencia de visitas a las bibliotecas. La situación económica cambia la forma y los hábitos de los españoles a la hora de enfrentarse a la lectura.

También nos encontramos con que el libro más leído en 2012 sigue siendo la trilogía Millenium, seguido, cómo no, de 50 sombras, y me llama la atención que no haya libros de 2012, fuera de sagas de años anteriores, entre los 25 primeros. Es más, si quitamos las novelas de E. L. James, este podría ser el listado de 2011 sin ningún problema. Esta estadística cambia cuando hablamos de más vendidos, con las sorpresas de El abuelo que saltó por la ventana y se largó o El lector de Julio Verne. A destacar, tanto en lectura como en ventas, Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin, creo que nunca una serie de fantasía había ocupado los puestos más altos de la lista.

En cualquier caso, creo que se aprecia poca renovación en títulos y temáticas, uno de los grandes problemas de las editoriales en España, en busca de dar el pelotazo con best-sellers de fuera y luego publicar un montón de libros clónicos con portadas tan semejantes que dan vergüenza ajena.

El apartado que menos me ha gustado es el que han dedicado a la situación del libro electrónico, quizá demasiado confuso y buscando resaltar algunas de las cifras para que se acomoden mejor a sus propios intereses como editores. Queda claro que ha aumentado mucho el parque de dispositivos lectores y que la gente lee cada vez más en formato digital. Esto es en lo positivo, en lo negativo aparece que ha bajado el porcentaje de usuarios que compraron algún ebook en 2012: tan sólo un 32% se pasó por alguna tienda online. El resto, el 68%, nada menos, se las apañó bien con libros sin derechos, bajo Creative Commons o descargadas desde alguna página amiga.

Además, el barómetro indica que los que pagan por ebooks sólo compran «4,5 de cada 10 libros». Desconozco los motivos que han llevado a presentar este dato así, cuando decir 45% queda mucho más claro. Tampoco se nos dice cuántos libros se compran, ni cuantos se leen, algo que habría sido de mucha utilidad. Ese 45% se acerca mucho a la compra en papel, si tenemos en cuenta libros que nos presten los amigos o saquemos de la biblioteca. El dato que hay que analizar es el otro, el de ese 68% en aumento que no ha comprado un sólo ebook. ¿Qué es lo que falla en el sistema? ¿Precios? ¿DRM? ¿Oferta? Sin duda un tema que se van a tener que plantear las editoriales de una vez por todas si no quieren perder el mercado digital.

Autores relacionados:
E. L. James
George R. R. Martin
Libros relacionados:
El abuelo que saltó por la ventana y se largó
El lector de Julio Verne
Juego de tronos. Canción de Hielo y Fuego I
Trilogía 50 sombras de Grey

Lecturas maratonianas: ¿Una nueva vida para el libro?

7 de febrero de 2013 en Actividades, Autores, best-seller

Leer en público

Por mucho amor que le tengamos al papel de un libro o a la pantalla de nuestro ebook, sabemos que hay otras maneras de leer, y algunas nos pueden resultar muy atractivas. Hay dos que tienen bastante peso en el mundo anglosajón, pero que en nuestro país no terminan de cobrar la misma importancia: Por una parte tenemos el audiolibro y, por otra, las lecturas en grupo.

Ya hemos hablado de lo aburridas que pueden llegar a ser las lecturas en presentaciones y actos similares, ya sea en España o en cualquier parte del mundo, y de cómo algunos escritores se han planteado si esta forma de promocionar sus obras es la más adecuada. Pero parece que comienza a ponerse de moda otra forma de llevar a cabo estas lecturas, que no involucraría al escritor, sino solo a sus propios seguidores. Hablamos de las lecturas públicas maratonianas.

Por estos lares ya hay costumbre de leer El Quijote por turnos como plato fuerte de determinados actos culturales (sin duda una forma más amena de enfrentarse a un texto que, sobre todo para los lectores más jóvenes, puede resultar arduo, pero que no es el único al que se le pueden dedicar horas de lectura en grupo). Desde hace un tiempo se pone de moda celebrar grandes encuentros de lectura interactiva en Estados Unidos, si bien sus características son bastante diferentes a las que solemos encontrar por aquí. Estos encuentros son un nuevo punto de reunión, el nuevo lugar in adonde acuden las jóvenes promesas, los bohemios a la última y las estrellas del periodismo cultural a dejarse ver e incluso a turnarse para ofrecer su propia representación, sobre un altar/escenario, de un pasaje de texto clásico. Artistas, escritores y músicos leen en alto, uno a uno, en un proceso que puede llevar muchísimas horas, como la lectura de Moby Dick que se celebró en noviembre en varias librerías independientes de Nueva York. Esta en concreto se realizó durante tres jornadas, cada una de ocho horas. La idea era que uno podía entrar y quedarse cuando quisiera y el tiempo que quisiera; para la de Moby Dick aguantaron las 24 horas completas cuatro personas, a las que se les premió al final con pequeños obsequios. Algunos de ellos nunca habían leído el libro, por lo que esta maratón fue su primer contacto con él (aquí podéis leer un artículo en inglés del Wall Street Journal sobre el acto).

Es precisamente este toque de glamour cultural lo que diferencia a estas jornadas de otros tipos de lecturas públicas y literarias. Se ofrece, así, como alternativa a otras actividades sociales: en vez de ir a tomar un café o una cerveza con los amigos uno se los puede llevar a un acto que promete embelesar; por lo menos en lo que se refiere a gran parte de los que suben a leer, artistas de talento reconocido a la hora de hipnotizar a su audiencia. Desconozco si en España se están llevando a cabo iniciativas de este mismo nivel, con un fuerte componente social, interdisciplinar (por la participación de músicos, actores, etc. que ofrecen versiones originales y diferentes a la lectura clásica) y de entretenimiento. Si es así, no dejéis de recomendárnoslas en los comentarios. Ya nos está faltando tiempo para empezar a crear actos de este tipo, que sirvan además para atraer usuarios y clientes a bibliotecas y librerías.

Libros relacionados:
Moby-Dick, o la ballena

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