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Entradas con etiqueta ‘obituario’

La biografía de Steve Jobs

12 de octubre de 2011 en Autores, Biografí­as

Steve Jobs - Biografía

Steve Jobs, uno de los grandes personajes de nuestro tiempo, falleció recientemente víctima de un cáncer de pancreas. Sería complicado resumir su obra en unas líneas, aunque algunos panegíricos lo han intentado. Por ejemplo el del cineasta Steven Spielberg, que ha dicho de él: “Steve Jobs fue el mayor inventor desde Thomas Edison. Puso el mundo en nuestras manos”. Las muestras de condolencia han sido numerosas, especialmente entre sus colegas, muchos de los cuales fueron rivales encarnizados durante décadas o, por el contrario, socios. Todos parecen ahora, como es habitual ante un fallecimiento de una personalidad, reconocer la importancia que tuvo el trabajo de Jobs en su propia obra. Muchos de ellos lo han mencionado de forma entusiasta como una fuente de inspiración esencial; los más comedidos, por su parte, han dicho de él que su afán por superarse fue un ejemplo a seguir.

Jobs fue dado en adopción a edad temprana y su hermanastra (hija de sus padres biológicos) se llama Mona Simpson, una escritora que habló de él en el libro A regular boy y que está casada, aunque resulte casi cómico por la casualidad del apellido, con un tal Richard Appel. No es casualidad que la madre del personaje de animación Homer Simpson se llame como ella: Appel fue el guionista de varios capítulos de la serie de la FOX y la nombró así en honor a su pareja. Volviendo a Jobs, A regular boy no fue ni el primero ni el último libro que se le dedicó, tenemos como ejemplo Steve Jobs & Apple o El camino de Steve Jobs, aunque adquirió cierto protagonismo debido a su autora.

La última obra que verá la luz, al menos por el momento, es una biografía autorizada que tenía prevista su salida al mercado el 21 de noviembre. Sin embargo, el fallecimiento de Jobs ha precipitado su publicación, y el libro escrito por Walter Isaacson estará ya disponible en todas las librerías el 28 de octubre. Esto no ha impedido que se haya colocado ya en los primeros puestos en las listas de ventas más importantes del mundo (Amazon, Barnes & Noble y, por supuesto, la tienda de iTunes, otro de los inventos de Jobs y seguramente uno de los más revolucionarios e influyentes en el comercio electrónico actual). Son cientos de miles las personas que ya están reservando su ejemplar, y eso que la vida, obra y milagros de Steve Jobs son de conocimiento público: cómo creó, junto al afable Steve Wozniak, la empresa informática de moda, Apple, la primera en crear un entorno gráfico “amigable” alejado de las líneas de código; cómo abandonó esta compañía, fundando Next, una modesta firma de computadoras que, sin embargo, pasará a la historia ya que Internet nació en uno de sus aparatos; cómo adquirió por la irrisoria cifra de 5 millones de dólares a George Lucas lo que luego sería conocido como Pixar, el más importante estudio de animación de los últimos veinte años; como retornó a Apple, convirtiendo una empresa moribunda en un fenómeno de masas apenas una década después gracias a soluciones competitivas y populares como los iTunes, el iMac, el iPod o el iPad; cómo, para terminar, acabó con una relación en inferioridad de Pixar con respecto a Disney, convirtiéndose en un alto cargo de la multimillonaria compañía de entretenimiento.

Hubo un antes y un después de Steve Jobs tanto en la informática como en la animación. También en el comercio, siendo uno de los creadores de su vertiente electrónica, así como en el márketing, siendo Apple la empresa que mejor vende humo del mundo. Y algo nos dice que en ese “después” de Jobs habrá muchos libros que pormenorizarán absolutamente cada hito de su vida personal y profesional, ya sea importante o trivial.

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Steve Jobs. La biografía

Ha muerto Félix Romeo

11 de octubre de 2011 en Autores

Félix Romeo

El escritor, crítico y traductor zaragozano Félix Romeo Pescador ha fallecido de manera imprevista a la edad de 43 debido a un fallo cardíaco. Aunque ha sido un autor muy galardonado y de bastante éxito tal vez sea más conocido por el público en general por haber sido durante años el director del programa de difusión cultural La Mandrágora, que se mantuvo en antena en la televisión pública española hasta que fue suprimido, oficialmente debido al cambio de contenidos en el Ente tras la supresión de los bloques publicitarios.

Romeo, era colaborador habitual del diario Heraldo de Aragón, de Radio Nacional de España y de la revista Letras Libres. Se encontraba en Madrid precisamente para participar en los actos organizados por esta revista para conmemorar su décimo aniversario, actos que se han teñido de luto y pesar por el fallecimiento del joven autor. Con su primera novela, Dibujos animados, Romeo consiguió el Premio Ícaro de literatura. Otras obras suyas, más recientes, serían Amarillo (publicada en 2008) o Discothèque, libro que vio la luz en la prestigiosa editorial Anagrama. También destacó como traductor, siendo suyas las versiones de obras como Biblioteca, de Gonçalo Tavares, la antología de cuentos Y si mañana el miedo, del angoleño Ndalu de Almeida (más conocido como Ondjaki), o Sagitario, de la italiana Natalia Ginzburg. En la gran pantalla pudimos ver un trozo de su historia personal, protagonizado por él mismo, en la interesante obra Lumière et compagnie, una película de 1995 en la que cuarenta de los más prestigiosos directores de cine del momento (entre ellos Costa-Gavras, Vicente Aranda, Abbas Kiarostami, Spike Lee, Bigas Luna, Wim Wenders, Michael Haneke, James Ivory o David Lynch) asumían el reto de rodar cortometrajes de no más de 52 segundos usando el cinematógrafo original de los hermanos Lumière. Uno de los directores invitados fue Fernando Trueba, que recurrió a Félix Romeo para rodar una cortísima imagen basada en la historia del autor aragonés: su estancia en la cárcel debido a un delito por insumisión.

Las condolencias del mundo de las artes y las letras en general y de la cultura aragonesa en particular no se han hecho esperar. José Luis Corral, presidente de la Asociación Aragonesa de Escritores, ha dicho de él que tenía una gran capacidad para redescubrir autores y títulos olvidados por el tiempo, y de hallar libros donde nadie los encontraba. La consejera de Cultura del Gobierno de Aragón, Dolores Serrat, ha lamentado también la muerte de Romeo, resaltando que, aunque siempre es triste el fallecimiento de personas “con valores en la cultura”, lo es aún más cuando esto sucede de forma inesperada.

Más sentidas han sido las palabras de amigos personales suyos como Antón Castro (que lo ha definido como una persona de gran generosidad y un apasionado del arte, la cultura, los viajes y la gastronomía) o el oscense Carlos Castán, que ha resaltado que Romeo era imprescindible en el mundo cultural aragonés.

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Félix Romeo
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Amarillo
Dibujos animados
Discothèque

Nefasta última semana de julio

2 de agosto de 2011 en Autores, Biografí­as

Agota Kristoff

La última semana de julio de este año ha visto cómo fallecían tres escritores que, cada uno en su terreno, han sido de gran importancia en las últimas décadas. El primero en abandonarnos fue el historiador, especializado en el mundo árabe, Joan Vernet i Ginés. Vernet es uno de los historiadores españoles más importantes en su campo de todo el siglo XX, y uno de los promotores principales de los novedosos estudios sobre ciencia árabe, además de la evolución de la ciencia en el Medievo y el Renacimiento. Sobre el mundo islámico no se limitó a profundizar en sus avances científicos y tecnológicos y en su repercusión en el mundo cristiano medieval, sino que también son importantes sus aportaciones en materia de investigación religiosa. Suya es una importante traducción del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, y suya también es una biografía de Mahoma, su principal profeta, publicada hace un lustro. Sus intereses también le llevaron, entre otros muchos trabajos, a traducir el libro de Las Mil y Una Noches. Vernet fue merecedor de muchos premios a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio Menéndez Pidal, la Cruz de San Jordi o el Premio Sharjah.

Apenas unos días después fue Agota Kristof, escritora húngara en lengua francesa, la que falleció. Aunque sus primeras incursiones en la literatura fueron en el teatro y la poesía, es conocida principalmente por una trilogía de novelas que en España ha sido publicada bajo el título de Claus y Lucas. La trilogía está compuesta por las novelas El gran cuaderno (1986, Premio Europeo de Literatura Francesa), La prueba (1988) y La tercera mentira (1991). El gran cuaderno es su obra más importante, y ha sido traducida hasta la fecha a una treintena de idiomas.

El último día de julio fue el autor cubano Eliseo Alberto el que nos dejó, tras una larga búsqueda de un donante de riñón que pudiera salvarle la vida. El riñón llegó finalmente, pero murió por complicaciones cardíacas durante la intervención. Eliseo Alberto, que residía desde hace décadas en México (cuya nacionalidad adoptó), se hizo popular en las letras hispanas después de ganar en 1998 el prestigioso premio de novela Alfaguara, que se convocaba de nuevo después de un parón de más de veinticinco años. La obra premiada fue Caracol Beach. No era su primera novela, tampoco fue la última; ni siquiera era el primer premio importante que recibía (ya había ganado años atrás el Premio Nacional de la Crítica cubano por su primera novela, La fogata roja). Eliseo Alberto, nacido en una familia que lleva las letras en la sangre (su padre fue el poeta Eliseo Diego, y su hermana, que todavía reside en Cuba, también es escritora), fue muy crítico con el gobierno castrista, que lo consideró un traidor a la revolución por su libro Informe contra mí mismo, escrito en 1978 después de que las autoridades cubanas le obligaran a denunciar por escrito a sus propios familiares.

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Agota Kristof
Eliseo Alberto
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El gran cuaderno

La violenta muerte de un poeta

16 de julio de 2011 en Autores, Biografí­as

Facundo Cabral

Cuando alguien conocido y respetado en su trabajo fallece por causas naturales la tristeza entre sus seguidores y amigos es grande, acompañada por cierta sorpresa en caso de que dicha muerte haya llegado sin avisar. En caso de muerte violenta, por ejemplo un accidente de tráfico, la sensación general de que podría haberse evitado es superior a la tristeza. El caso del argentino Facundo Cabral es aún peor: ha sido asesinado el pasado 9 de julio en Ciudad de Guatemala, tiroteado por sicarios mientras era llevado en coche al aeropuerto. ¿Qué pecado había cometido uno de los cantautores más importantes de los últimos años, un hombre que siempre ha cantado a las bondades de vivir? Simplemente ir acompañado de un empresario, de nombre Henry Fariña, al que debían haber puesto precio a su cabeza. En el tiroteo, así son las cosas, Fariña fue herido pero sobrevivió. Cabral, en cambio, falleció. En toda guerra siempre existe el riesgo del daño colateral: en este caso, un ajuste de cuentas entre grupos de poder guatemaltecos se ha llevado por delante al autor que hizo famoso el “No soy de allí, ni soy de allá”.

No soy de allí, ni soy de allá”, sin dudar su canción más representativa, es toda una declaración de principios, y una de las canciones más optimistas y vitalistas de su carrera. Para muchos de sus seguidores, fundamentalmente latinoamericanos, es poco menos que un himno. Cabral no fue un cantautor al uso: en sus interpretaciones había mucho de música, sí, pero también mucho de poesía, mucho de diálogo con un interlocutor mudo, mucho de soliloquio y mucho de hacer llegar al público no sólo un puñado de canciones y poemas, sino una parte de su ser, de su forma de ver las cosas, de su filosofía de vida. Publicó numerosos libros recogiendo sus pensamientos (según él más de veinte libros “sin títulos y sin autor”), pero no era necesario leerlos para llegar a conocerlo a él. En sus numerosos discos aprovechó para introducir sus impresiones sobre una existencia humana que le fascinaba, que le llenaba completamente. Cabral siempre aprovechaba, ya fuera en sus discos, sus libros o sus intervenciones públicas, para intentar contagiar su particular visión a quien estuviera dispuesto a escucharle. Tal vez por eso nos parezca aún más injusta la forma en que ha tenido que desaparecer.

Cabral llegó a la música por medio de lo que podríamos denominar intervención divina. Escuchó a un mendigo declamar el sermón de la montaña, una madrugada de febrero de 1954. El jovencísimo autor de La Plata se impresionó tanto que, ya en casa, escribió su primera canción. Durante décadas ha declarado públicamente su fe en Dios, un Dios vitalista y no dogmático que le hizo cantar aquello de me gusta el vino tanto como las flores, una fe que le hizo declararse violentamente pacifista. Descanse en paz el maestro, y quede su estribillo más famoso en nuestras cabezas para siempre, porque

No soy de aquí, ni soy de allá,
no tengo edad ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad.

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Facundo Cabral

Fallece Ernesto Sabato

4 de mayo de 2011 en Autores, Narrativa, Noticias

Ernesto Sabato

No pudo ser: el escritor argentino Ernesto Sabato falleció a menos de dos meses de cumplir cien años. También es cierto que no necesitaba de esto para agrandar su figura: estamos ante, sin duda, uno de los literatos más importantes en lengua española del siglo XX. Y eso que su producción, exceptuando el ensayo, no fue especialmente fecunda.

Tampoco lo necesitó: con tan sólo tres novelas publicadas fue más que suficiente para comprender que el genio literario que residía en Sabato era de una escala que está reservada sólo a unos pocos elegidos, sobre todo al acercarnos detenidamente a las dos primeras. Imposible una ópera prima mejor que El túnel (1948), imprescindible en cualquier compendio de buena literatura del siglo pasado que, como tantas y tantas veces ha pasado con grandes obras, fue rechazada por docenas de editoriales hasta que por fin pudo verse publicada. No es una novela al uso, ya que aunque habla de un crimen (el asesinato de María Iribarne a manos de Juan Pablo Castel), éste, que culmina la historia, es conocido desde el principio, y conforme vamos leyendo la obra iremos desentrañando los entresijos que llevarán a los protagonistas al fatal desenlace, final lógico tras una historia que, empezando en el amor, acabará en el odio más absoluto.

La segunda novela de Sabato, Sobre héroes y tumbas, también imprescindible, se publicó en 1961 y terminó de consolidar la carrera del autor, ya suficientemente importante debido a sus numerosos trabajos ensayísticos. Relataba la decadencia de una familia argentina de rancio abolengo, y pretendía, en palabras del propio autor

penetrar en ese corazón que alberga el amor y el odio, las grandes pasiones y las infinitas contradicciones del ser humano en todos los tiempos y circunstancias, lo que sólo se logra mediante lo que debe llamarse poesía, no en el estrecho y equivocado sentido que se le da en nuestro tiempo a esa palabra, sino en su más profundo y primigenio significado.

En comparación, la tercera novela tiene un peso específico menor en la obra del autor: se trata de Abaddón el exterminador, y se publicó en 1974, y es con mucho la más experimental de sus obras, con un estilo fragmentario y de corte autobiográfico, entroncada argumentalmente con su segunda novela.

Dejando a un lado su obra literaria, Sabato tuvo un importante papel durante los años posteriores a la dictadura militar. Así, presidió a instancias del presidente de gobierno, Raúl Alfonsín, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), cuya investigación dio lugar al libro Nunca Más, que recoge íntegramente el informe con que concluyó, y que es también conocida bajo el nombre de Informe Sabato. Su trabajo al frente de la Comisión le valió ser reconocido como un icono de la restauración democrática argentina.

Sabato falleció justo el año en que Buenos Aires había sido designada como Capital Mundial del Libro, y cuando las celebraciones por su Centenario ya estaban siendo planificadas. No podrán realizarse más que póstumamente, por desgracia, pero su obra estará siempre presente para millones de lectores de todo el mundo que lloran la muerte de un autor cuya obra ya es inmortal.

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Ernesto Sabato
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Sobre héroes y tumbas

Adiós a Diana Wynne Jones

30 de marzo de 2011 en Autores, Fantástica, Juvenil

El castillo ambulante

Todos los lectores tenemos un escritor con el que nos hemos hecho adultos. Alguien con quien hemos crecido, que nos ha hecho disfrutar como nunca, y que nos ha ayudado a madurar. Alguien que parecía comprendernos, en ese terrible y extraño mundo intermedio entre la infancia y el mundo “de los mayores”.

Para mí seguramente fue Diana. La desbordante imaginación de esta autora británica la ponía por encima de otros similares, por la sencilla razón de que parecía comprender mis miedos, aunque estuviesen en entornos muy distintos (o no tanto) del mío. La caza de brujas de Witch Week (Semana bruja) tenía tantos elementos del mundo que me rodeaba en esos momentos que asustaba, y la protagonista de Black Maria (creo que no se ha traducido al español, por favor corregidme si me equivoco) se parecía asombrosamente a mi propia abuela paterna.

Si el nombre de esta escritora no os resulta familiar, es posible que los fans de Hayao Miyazaki (La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro) hayan visto su película El castillo ambulante, basado en la novela del mismo nombre de Wynne Jones. Diana fue una de las muy afortunadas estudiantes británicas que tuvieron de profesores universitarios tanto a J. R. R. Tolkien como a C. S. Lewis. Diría que esto la influyó notablemente, pero también es cierto que la autora tenía cierto oscuro sentido del humor del que éstos carecían. Llevaba ya más de un año luchando contra un cáncer que la consumía, al que finalmente tuvo que rendirse, pero podemos decir que gozó de una vida larga (Diana nació en Londres en 1934) y plena. No dejó nunca de escribir, habiendo publicado más de cuarenta libros (y dos más que están todavía por salir a la luz de manera póstuma). Tenía una estrecha relación con el escritor de literatura fantástica Neil Gaiman, de quien decía que era de los pocos adultos que disfrutaba de su obra sin ser profesor ni bibliotecario. Wynne Jones le dedicó a Gaiman su novela Hexwood, y Gaiman dedicó sus Libros de la magia a “cuatro brujas”, de las cuales una era la autora británica.

Aunque Diana escribía para el público juvenil, sus obras están abiertas a que las disfruten personas de todas las edades. Personalmente, pienso rendirle homenaje releyendo sus libros y buscando aquellos que todavía no he leído. Podría hacer aquí una larga lista de sus numerosos méritos, títulos y premios, como también podría daros más datos biográficos y anécdotas variadas. Pero creo que es mejor pediros que os toméis la molestia de leer algo suyo, o por lo menos que se lo recomendéis a vuestros hijos. Creedme, ya le gustaría a J. K. Rowling escribir como ella, crear los mundos complejos y adolescentes que ella ha creado (paradójicamente, sus libros han experimentado un incremento de ventas gracias a la pottermania, debido a la similitud de algunos de sus temas).

Adiós, Diana. Aquellos que crecimos con tus libros te echaremos de menos. Y aquellos que todavía no te han leído también lo harán, estamos seguros.

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Diana Wynne Jones
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Murió Rodolfo Fogwill

25 de agosto de 2010 en Autores, Biografí­as

Fogwill

El pasado 21 de agosto falleció el escritor (y publicista, y sociólogo, y polemista casi profesional) bonaerense Rodolfo Fogwill, víctima de un enfisema pulmonar causado por una vida de adicción al tabaco. Con su muerte se nos va uno de los personajes más peculiares de las letras hispánicas de las última décadas, alguien que fue perseguido por varios gobiernos argentinos (bien por “rojo” o bien por negocios poco claros), que conoció a Borges, que tuvo muchos hijos, y varios matrimonios, que usó la cocaína para escribir sobre la guerra de las Malvinas y acabó enganchado a muchas otras drogas que combatían sus crisis respiratorios. Que, en definitiva, vivió.

El haber mencionado la droga no es fortuito: por un lado, una de sus obras más famosas, la novela Los pichiciegos, existe gracias (como ya he mencionado) a la cocaína. Doce gramos de esta droga le sirvieron para terminar esta obra en el tiempo récord de seis días, seis días en los que dejó por escrito una lúcida novela sobre el conflicto de las islas Malvinas/Falkland que él mismo negó que tuviera un tono pacifista. No lo tiene: relatada desde la distancia, desde la frialdad, Los pichiciegos hace hincapié en las absurdas circunstancias de la guerra, de todas las guerras en general pero, sobre todo, de la guerra de las Malvinas, perdida desde antes de empezar. Una guerra que podría considerarse un montaje del gobierno militar que regía Argentina, deseoso de azuzar un patriotismo que ellos mismos, con su régimen de terror, persecuciones, censuras y prohibiciones, habían emponzoñado casi hasta la médula. La República Argentina recibió aire, o tal vez una transfusión de sangre, con esta contienda. El precio está claro: casi mil muertos, la mayor parte argentinos, y el doble de heridos. El Reino Unido aplastó casi literalmente la invasión del archipiélago, pero no a coste cero. Argentina perdió, pero el orgullo nacional de muchos no se vio resentido sino más bien al contrario, y todavía hoy se conmemora aquella guerra por algunos círculos. La derrota fue, eso sí, el principio del fin del gobierno militar, que no pudo recuperarse, y supone para toda una generación una vergüenza. No la vergüenza de la derrota, eso no: la vergüenza de la instrumentalización de las muertes de cientos de jóvenes compatriotas, marionetas del alto mando militar. Carnaza para la exaltación patriótica. Vendas para curar años de desapariciones y autoritarismo.

La otra obra más conocida de Fogwill es un cuento, Muchacha punk, que años más tarde dio título a una celebrada antología de relatos. Ambientado en Londres, su inicio es más que popular:

En diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir “hice el amor” es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres y aquello que ella y yo hicimos, ese montón de cosas que “hicimos” ella y yo, no eran el amor y ni siquiera –me atrevería hoy a demostrarlo– eran un amor: eran eso y sólo eso eran. Lo que interesa en esta historia es que la muchacha punk y yo nos “acostamos juntos”.

Escrito en 1978, de él dijo Fogwill que

(…) el relato venía sobrecargado de propósitos teóricos y abunda en guiños, anagramas, provocaciones al Estado policial de la época e insidias a escritores de moda

Curiosamente, Fogwill también sufrió dichas insidias en cuanto se convirtió en un autor popular. Se acusó incluso a ciertos círculos intelectuales de sobrevalorar tanto su obra como la importancia del autor en la literatura argentina contemporánea. Se tiene por habitual a Fogwill, no obstante, como uno de los cuatro imprescindibles de las últimas décadas junto con Piglia, Saer y Aira. Es más, se ha dicho que si en las últimas letras argentinas Piglia representaba la inteligencia, Saer la densidad y Aira la locura, Fogwill debía ser, obligatoriamente, los cojones.

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Un mal viernes, un mal sábado

21 de junio de 2010 en Autores, Biografí­as, Literatura, Narrativa

Saramago

Este ha sido un fin de semana trágico para la literatura. Apenas nos enterábamos del fallecimiento de José Saramago el viernes 18 y ya se anunciaba, un solo día después, la muerte del mexicano Carlos Monsiváis. Ninguno de los dos era joven, ambos habían tenido una vida larga y plena, sin embargo no podemos más que entristecernos por la desaparición de dos grandes de la literatura que seguían trabajando incansablemente en la creación de obras memorables.

Es muy posible que Saramago sea el autor más conocido en lengua portuguesa, aunque también estuvo muy vinculado a España (abogaba por la unificación de España y Portugal, y vivió durante un largo periodo en Lanzarote). A Monsiváis se le ha bautizado “el último escritor público de México”, debido a su estatus mediático en su país. Ambos han estado muy unidos al mundo periodístico y ambos han sido voces críticas de gran envergadura. Políticamente tendían hacia los mismos intereses, juntos visitaron campamentos rebeldes en Chiapas, en claro apoyo al movimiento revolucionario de los indígenas mexicanos.

Ambos autores han sido escritores del pueblo, y así el pueblo lo ha sabido reconocer. Sus entierros han sido multitudinarios. Monsiváis ha sido acompañado de amigos, familiares, pero también de los que se le suponen enemigos, políticos que habían sido objeto de sus críticas en numerosas ocasiones. Su féretro se cubrió con dos banderas: la bandera nacional de su amado país y la bandera arco iris de la comunidad gay. Recibió el último adiós en el Palacio de las Bellas Artes, donde su cuerpo fue cremado. Saramago fue protagonista póstumo de un desfile de cantos y libros, y fue su viuda, Pilar del Río, la que pidió que se le cremara con Memorial del convento en las manos, libro gracias al cual ella y su marido se conocieron, hace ya 24 años. Tal ha sido la reacción del pueblo luso, que la selección portuguesa de fútbol ha solicitado a la FIFA poder llevar un brazalete negro en su partido contra Corea del Norte en el Mundial de Sudáfrica.

Mosiváis

Como es el caso de todos los grandes autores, Saramago y Monsiváis dejan un tremendo legado: su obra. No sabemos qué será de esas 30 páginas que llevaba el portugués escritas para una nueva novela cuando falleció, ni si habrá quien recoja en México el testigo de un luchador y crítico esencial (esto podrán decírnoslo, mejor que nadie, nuestros propios lectores portugueses y mexicanos). Saramago tenía nada menos que un Nobel de Literatura (que se debe, sobre todo, a la conocidísima Ensayo sobre la ceguera, recientemente adaptada para el cine de manera muy digna gracias a Fernando Meirelles), pero Monsiváis tampoco se le quedaba muy atrás: llevaba a sus espaldas doctorados honoris causa, el Premio Anagrama de Ensayo y el Premio Nacional de Periodismo de su país, entre muchos otros galardones. Como suele ocurrir, el mejor homenaje y la mejor presentación de respetos a un autor que ya no se halla entre nosotros es leer su obra. Gracias a ésta tendremos a ambos siempre en la memoria; José de Sousa Saramago y Carlos Monsiváis Aceves son, a partir de ahora, para siempre inmortales.

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José Saramago
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La meta para el corredor de fondo

3 de mayo de 2010 en Autores, Literatura

Soledad corredor

Los jóvenes airados (Angry Young Men) fue la etiqueta con que se reconocía a un grupo de escritores ingleses que criticaban a través de su obra la situación política y social de la Inglaterra de postguerra con una visión desencantada de la sociedad inglesa tradicional. Aunque bajo una misma etiqueta (discutible como todas) estos autores no eran parte de una generación concreta o tenían una visión del mundo o de la literatura convergente, incluso se atacaban entre ellos, aunque esto es lógico si pensamos que estamos hablando de intelectuales de izquierda. John Osborne y Kingsley Amis fueron los máximos exponentes de este movimiento, corriente o simple coincidencia, que influenció al free cinema.

El pasado veinticinco de abril murió Alan Sillitoe, otro de los miembros destacados de los Jóvenes Airados, a la edad de ochenta y dos años. Sus novelas más conocidas, Sábado por la noche y domingo por la mañana y La soledad del corredor de fondo, fueron llevadas al cine lo que le aportó bastante popularidad. En Sábado noche, domingo mañana, Sillitoe nos presenta a Arthur, un joven de veintidós años, que intenta huir de la rutina laboral de la fábrica en la que trabaja apurando las horas que tiene libres los fines de semana, intentando alargar su entrada en la vida adulta. Sillitoe comenzó a escribir esta novela en Mallorca, durante la temporada que pasó allí en los años cincuenta.

La soledad del corredor de fondo es un libro de relatos, el primero de los cuales da nombre al libro y fue adaptado al cine. En él vemos al joven Colin Smith ingresado en un reformatorio en el que intentan reinsertar a través del deporte. Colin destaca como corredor de fondo, por lo que le permiten entrenar todos los días fuera del recinto para que pueda ganar un trofeo para la institución, cosa que a Colin no acaba de gustarle. Los protagonistas del resto de relatos son también jóvenes marginales que se rebelan contra la situación social que les ha venido impuesta, uno de los temas favoritos de Sillitoe. Esta novela la escribió en Alicante; no hay duda de que los cinco años que pasó en España le fueron de provecho.

En mil novecientos sesenta y nueve recibió un encargo del Teatro Nacional de España, una versión de Fuenteoveja. Pero esta versión, llamada Todos los ciudadanos son soldados, nunca se representó; quizás, el hecho de que Silletoe y Fainlight, su mujer, llevaran la acción a un teatro del Madrid del 38 donde un grupo de soldados republicanos escenifican la obra de Lope de Vega y van interrumpiendo la obra para dar información sobre la situación que se estaba viviendo en ese momento, tuviese algo que ver.

Además de novelas publicó poesía y una autobiografía, Vida sin armadura.

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Ha muerto Miguel Delibes

12 de marzo de 2010 en Autores, Literatura

Miguel Delibes

Tras varios días en los que su estado de salud se había agravado, Miguel Delibes ha muerto hoy, 12 de marzo de 2010 en la Valladolid que tanto amó y sobre la que tanto escribió.

Qué decir en estos momentos de Delibes que no se haya dicho mil veces, Premio Cervantes, Premio Príncipe de Asturias, ganador del Premio Nadal, miembro de la RAE… Eso, sin embargo, son sólo datos, información disparada que todos conocemos. Autor de novelas como La sombra del ciprés es alargada, Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, El disputado voto del señor Cayo… más de sesenta novelas que pintan con maestría la España del siglo XX.

De nuevo, más datos: periodista, escritor, cazador. La obra de Delibes contempla y destila, con un dominio del castellano como pocos tienen o tendrán, la esencia de una sociedad que fue cambiando del franquismo más duro a una democracia algo revuelta. Qué más decir de Delibes, ahora se hace difícil mirar atrás y simplificar en una nota de prensa fría y aséptica tantos años de compromiso y creación. Creo que habrá tiempo en las próximas semanas de analizar y hablar en profundidad de su importancia para nuestra cultura.

Delibes ya no recibirá nunca el Nobel, como no lo hará Ayala, una larga espera que, a su edad, no creo que le importara demasiado ya. Ahora, quizás, es momento de brindarle un reconocimiento todavía mayor; es muy fácil: consiste en hacerse con uno de sus libros, cualquiera, abrirlo por la primera página y empezar a leer. Esa es la manera en que los autores, tras su muerte, alcanzan la verdadera inmortalidad.

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La sombra del ciprés es alargada
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