Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

71.723 libros, 14.255 autores y 56.542 usuarios registrados

Entradas con etiqueta ‘nuevas formas de promocion’

¿Publicidad en los libros?

15 de abril de 2011 en Mundo Editorial, Noticias

Publicidad en Libros

Anuncios entre capítulos, rondando las páginas, al principio y al final, cada vez que reemprendamos la lectura. Estas son las posibilidades que parece ofrecer el mundo de la publicidad en los libros.

Amazon ya ha dado un primer paso para sus lectores electrónicos: si quieres un Kindle de última generación más barato no tienes más que aceptar ver anuncios. Por el momento no son intrusivos -es decir, dentro del libro- así que se mostrarían al iniciar la lectura y en los momentos en que se encendiera el salvapantallas.

Otros medios de venta de ebooks, sobre todo en ordenadores personales, juegan a introducir la publicidad web habitual, como Ad-Sense o banners concertados, alrededor del marco de lectura. No se puede decir que molesten demasiado, pero eso ya es cuestión de gusto y de tiempo dedicado a leer en pantalla.

Está claro que lo que busca Amazon es rebajar lo máximo posible el precio de su dispositivo para llegar a dominar el mercado a través de su propia tienda de contenidos, una estrategia que en EEUU le está dando un resultado fantástico y que hace que importar desde Estados Unidos el Kindle sea más barato en España que la mayoría de lectores que se venden en las tiendas.

De todas formas, aunque parezca mentira, el mundo de la publicidad y el de los libros lleva mucho tiempo entremezclado. En la época dorada del folletín, los libros de Alejandro Dumas y de Arthur Conan Doyle eran vendidos de manera fraccionada y llevaban publicidad por todas partes. Aunque esta práctica fue perdiendo fuerza a medida que la industria editorial mejoraba y los lectores eran más selectos y exigentes con lo que compraban, la aparición de las ediciones de bolsillo superbaratas también propició la aparición en los años 60 y 70 de anuncios a página completa dentro de los libros. Algo que hoy contemplamos con horror y que puede que sea el futuro de una nueva época para el mercado destinado al consumo rápido o a la literatura salida directamente de bombazos inmediatos nacidos en Internet.

Vía: Arts Beat

Editar, editar

6 de abril de 2011 en Literatura, Mundo Editorial

Editores

No nos engañemos, la edición para los grandes grupos es un negocio que mueve millones y que pocas veces va a venir marcado por otra cosa que no sean las directrices de márketing y las campañas precocinadas. Aunque normalmente siempre se reserva un pequeño sello para arriesgar, sus tiradas y objetivos son testimoniales.

Sin embargo, por debajo de esos grandes grupos que compiten entre ellos por los superventas y que negocian tiradas millonarias a meses vistas de la publicación del libro, existe todo un mundo de editoriales medianas y pequeñas que intentan encontrar un camino editorial. La verdad es que ser editor a estos niveles es como ser escritor: una cuestión de fe que en muchas ocasiones viene acompañada de falta de sueño crónica o de progresiva caída en lo comercial.

Sí, he dicho caída en lo comercial, que nadie se alarme. Entiendo que lo comercial es bueno y que da dinero, pero dudo mucho que la mayoría de editores, como de escritores, pensara cuando se metió en este mundo de los libros que iba a acabar publicando, o escribiendo, en el caso de los autores, autoayuda para treintañeros con crisis emocionales. A ese extremo se llega con el tiempo, cuando tratas de vivir de lo que escribes o publicas y necesitas un pequeño empujoncito extra a fin de mes, algo que sepas que se va a vender más o menos sin problemas. Lo de la autoayuda es un ejemplo, que no se me enfade nadie, como contrapunto al editor que cuando empieza lo hace pensando en que va a descubrir un nuevo García Márquez y acaba harto de que le digan que su catálogo no va a ninguna parte.

Todo, claro está, es cuestión de intenciones. Si la intención es dedicarse a géneros populares o de moda, no hay ningún problema, esos libros son necesarios, se venden bien y hacen disfrutar a la gente. El problema llega cuando como editor tienes una obra entre las manos que te parece fantástica y no te atreves a darle salida por no confiar en un mercado cada vez más lleno de ecos que se retroalimentan sin demasiado contenido. De hecho, ahora Amazon permite ver hacia dónde se mueven las tendencias de los lectores, mostrando de una manera todavía más fácil qué es lo que la gente quiere leer. Ante esto, no puedo más que decir una cosa: El editor que sobresale no es el que me da lo que quiero leer, sino el que me ofrece algo que no sabía que quería.

Por eso, desde aquí, que sirva este artículo como agradecimiento a todas esas pequeñas editoriales que todavía confían en su propio criterio para sacar a la luz obras que nadan a contracorriente, que se alejan de caminos trillados, que nunca venderán un millón de ejemplares, que sudan tinta para conseguir el mejor resultado posible, que leen cientos de manuscritos y no sólo indicadores de venta. Muchos de esos libros así publicados son los que perdurarán durante décadas en nuestra memoria como lectores.

¿Libros gratis como forma de promoción?

American Gods, Neil Gaiman

Reconozco que este es un tema que me interesa especialmente, el de si es posible que la distribución de forma gratuita de elementos de la industria cultural (llámense libros o películas, sobre todo) a través de Internet puede suponer, más que un perjuicio, todo lo contrario, una ventaja competitiva o incluso un acicate para el consumo. Antes de nada tengo que especificar a qué me refiero al mencionar el término de “industria cultural”: estoy hablando de aquellas expresiones culturales que son reproducibles de forma mecánica. Es ésta una simplificación absurda del verdadero significado del término, lo sé, pero creo que es la más comprensible, ya que da a entender que una película o un libro, al ser reproducibles al 100%, forman parte de esta entelequia que yo he llamado “industria cultural”, en contraposición a hechos culturales únicos e irreproducibles (al menos en su totalidad) como pueden ser obras de teatro, espectáculos de danza u obras pictóricas.

Las industrias culturales son, de entre todas las manifestaciones culturales existentes, las más lucrativas, y es obvio que la razón es que pueden reproducirse hasta el infinito sin que la intencionalidad (y la calidad) de la obra se resienta, lo que les confiere un valor económico intrínseco del que carecen otras expresiones artísticas.

Los libros, pues, como elementos reproducibles de forma mecánica, se han convertido en una mercancía de fácil distribución. La piratería está haciendo estragos en la literatura, como antes lo hizo con las obras cinematográficas o musicales. Esto, que es un hecho constatado, ¿es intrínsecamente negativo? Algunos autores consolidados como Neil Gaiman así lo pensaban, pero los hechos les hicieron replantearse sus ideas preconcebidas. Gaiman, vinculado no sólo al mundo de la literatura sino también al del cómic (y al de la música, debido a su relación sentimental con Amanda Palmer) era un firme detractor de la distribución gratuita de obras a través de la red. Sin embargo, se atrevió a dar un paso adelante y permitió que su novela American Gods estuviera durante varias semanas disponible gratuitamente en Internet. El resultado de la experiencia le sorprendió: el libro no sólo no se vendió menos, sino que triplicó las ventas estimadas, al tiempo que se multiplicaron los pedidos de otras obras de Gaiman. Según él, la posibilidad de poder leerle de forma gratuita (y legal) posibilitó que muchas personas que de otra forma no hubieran tenido la posibilidad de acercarse a su obra le conocieran, ampliando el mercado de una manera impensable.

Ya en España, el desconocido autor Bruno Nievas, tras muchos intentos para que su novela Realidad aumentada se editara de forma tradicional, decidió colgar su obra en la Red. Tras unas pocas semanas la novela acumula, a día de hoy, más de treinta mil descargas, número que sigue subiendo de forma espectacular día tras día. Más allá del altruismo que se presupone a muchos autores, que públicamente opinan que prefieren ser leídos a comprados, hay que decir que Nievas ha convertido su novela en un auténtico viral, demostrando que Internet sirve para algo más que para el intercambio de archivos prohibidos y el porno. Sí, la cultura (en este caso la literatura) también puede beneficiarse de la gratuidad y facilidad de uso de la Red de Redes, y ¿quién sabe cuantos ejemplares de su novela podría vender Nievas ahora mismo aunque su novela esté disponible de forma gratuita?

Autores relacionados:
Neil Gaiman
Libros relacionados:
American Gods

Autor, enseña tu libro en Internet

Bree Tanner

Los escritores que hoy en día están vendiendo mucho se empiezan a dar cuenta de una cosa: Internet no es un enemigo mortal lleno de piratas armados con palos, antorchas y horcas.

Dicho así debía parecer algo obvio, la red es un lugar en el que siempre habrá una parte de pérdidas y otra de beneficios. Entre los beneficios más rápidos y baratos se encuentra el de crear y mantener contentos y alegres a un gran número de lectores.

Vamos a poner un ejemplo claro. Hace pocos meses nadie quería ver sus obras puestas a disposición de cualquiera en sitios como Scribd: se montaron grandes voceríos y los abogados afilaron sus notas de Cese y Desista. Ahora, con todo el mundo un poco más tranquilo, tenemos de manera habitual adelantos de los libros para poder echar un vistazo a su interior y, esto es importante, algunos autores se lanzan -suponemos que con el permiso editorial- a iniciativas como la que ha realizado Stephenie Meyer.

Meyer se debe a sus fans, eso está claro. Llevaban tiempo pidiéndole algo más de la trilogía Crepúsculo y tenía que mantener el espíritu alto ahora que llegaban las películas. Ese regalito que les ha hecho es La segunda vida de Bree Tanner, libro que durante un tiempo limitado -del 5 de junio al 7 de julio- se puede leer de manera cómoda y gratuita desde la página web habilitada a tal efecto.

Muchos de los editores tradicionalmente opuestos a estas cosas del diablo que se transmiten de ordenador a ordenador deberían reflexionar con este tipo de propuestas. Es un libro que tiene una gran demanda, que tiene a cientos de miles de seguidores esperándolo como agua de mayo, y de repente pueden acceder a él desde su casa. Y leérselo gratis. Gra-tis. ¿Afectará esto a las ventas de La segunda vida de Bree Tanner? Lo dudo mucho. Seguirá siendo un éxito apabullante.

Está claro que esto no es algo que cualquier escritor pueda hacer, la distribución Creative Commons o estas vistas previas limitadas funcionan genial con los autores consagrados, aquellos que en un momento dado pueden pensarse dejar de contar con una editorial para llevar su propio negocio en lo digital. Algo que no va a suceder mañana pero que pronto será un elemento más a la hora de negociar… si tienes un nombre.

Por ahora toca tomar nota de este ejemplo de márketing que nos deja a una comunidad de lectores agradecida y más dispuesta que nunca a seguir comprando productos de Stephenie Meyer, eso si todavía les quedan ojos tras leerse todo el libro en un monitor, claro.

Autores relacionados:
Stephenie Meyer
Libros relacionados:
La segunda vida de Bree Tanner

Lecturalia Lecturalia