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Entradas con etiqueta ‘negro literario’

Cuando la fama no es suficiente (II)

19 de junio de 2011 en Autores, Literatura

Negro literario

Aunque asociamos esa escritura fantasma, de la que hablábamos en la primera parte del artículo, a biografías de famosos y casos similares, el negro literario no se limita a este tipo de publicaciones. Si bien en nuestro país parece que sigue siendo un oficio de bajo rendimiento, en otros países es una profesión relativamente bien pagada, llegando a percibirse alrededor de $100 por página en muchos casos.

Los mercenarios de la escritura no se limitan a la biografía, como ya hemos dicho. Muchos libros de ficción, sobre todo en el caso de colecciones o sagas de libros, que necesitan una producción acelerada, deben recurrir a escritores complementarios para realizar en un espacio limitado de tiempo todo el trabajo que el escritor principal (generalmente el que ostenta el prestigio) no puede ofrecer. Y esto no es nada nuevo, se cree que en la Roma imperial ya existían textos atribuidos a grandes pensadores y escritores que realmente salían de la mano de escritores contratados. De Alejandro Dumas se decía que tenía más de setenta asistentes que le ayudaron a escribir, entre otros, El Conde de Montecristo o Los tres mosqueteros, y el celebrado autor de terror H.P. Lovecraft obtenía ingresos como negro para otros autores de su mismo género literario. Por no hablar de la inmensa producción de grandes dramaturgos como Shakespeare o Lope de Vega, que siempre ha hecho sospechar a teóricos y críticos.

Más peligroso es cuando el negro literario se asocia con la comunidad médica. Parece ser que es una práctica habitual en muchas empresas de investigación científica el pagar a escritores profesionales para crear contenido que luego lleve la rúbrica de científicos y médicos titulados. Y no nos detengamos en la investigación de laboratorio, algunos de los más inspirados textos religiosos vienen también de la mano de estos profesionales. Se sospecha, por ejemplo, de varias encíclicas papales, entre ellas la controvertida Mystici Corporis Christi, firmada por Pío XII, pero asociada generalmente a la mano del jesuita holandés Sebastiaan Tromp. Y esto no es nada, hasta los columnistas o articulistas de opinión pueden delegar en un escritor fantasma, que también puede recibir ingresos por crear contenido web en nombre de otros, escribir ensayos sobre cualquier tema, letras (y música) para grandes artistas, o incluso llevar un blog bajo el nombre del famoso de turno. La realidad del asunto es que, por mucho que sacralicemos la persona del autor, éste es tan comerciable como cualquier otro producto, y el verdadero trabajo puede quedar, como tantas otras veces, en manos de personas de talento no reconocidas y necesitadas de dinero. Se gestiona como un intercambio comercial: tú escribes, yo te pago. Pero en el fondo uno no puede dejar de plantearse por qué esto no podría realizarse de manera más justa, dando crédito también a ese escritor fantasma en la cubierta. ¿No será, ante todo, una cuestión de ego? Aunque el autor contratado se esté limitando a dar formas a determinadas ideas, incluso a transcribir de manera más aceptable las experiencias o pensamientos de otros más conocidos que él, ¿no forma parte también del proceso del libro? ¿No debería recibir su justo reconocimiento? Existen artículos sobre el tema que lo niegan, insistiendo en que la labor de dicho escritor es la de un simple intermediario. Como siempre, os animamos a expresar vuestra opinión en los comentarios.

Autores relacionados:
Alejandro Dumas
H. P. Lovecraft
Lope de Vega
William Shakespeare

Cuando la fama no es suficiente (I)

17 de junio de 2011 en Autores, Literatura, Mundo Editorial

Negro literario

La existencia de la figura del negro literario no es algo que sorprenda a muchos lectores, si bien hizo falta un escándalo a la española, aquel famoso y aparentemente ya olvidado caso de Ana Rosa Quintana, para traer a la palestra a qué se dedica exactamente un escritor de estas características. Aunque muchas celebridades no niegan directamente que ha habido un profesional que les ha ayudado a construir su historia, muchos argumentarían que el trabajo desempleado por éste (generalmente, además, mucho peor pagado que el desempleado por la celebridad en cuestión) debería ser reconocido.

Es posible que fuera de España haya menos tabúes alrededor de esta figura. En Estados Unidos, por ejemplo, todos saben quién está detrás de las biografías más escandalosas, y muchas editoriales no tienen problema en admitir que algunos de sus escritores, aquellos que son conocidos por actividades muy distintas a la escritura, han recibido un apoyo importante por parte de un autor especializado. Las editoriales reconocen la rentabilidad del producto, la estrella reconoce el valor de perpetuar su fama en otro formato más, y el lector recibe información de primera mano del objeto de su afecto, odio o curiosidad.

Posiblemente uno de los casos más conocidos fuera de nuestro país sea el de la política estadounidense Sarah Palin, recientemente de nuevo en el ojo público debido a la liberación de los emails de su cuenta de Yahoo. Lynn Vincent, la verdadera pluma tras el Going Rouge de Palin, no tuvo que ocultar en ningún momento su trabajo, y de hecho es una autora reconocida por sí misma, con profundas convicciones religiosas y políticas que la hacían ideal para el proyecto mediático de Palin. Varias páginas web comenzaron a circular alrededor de 2009 una publicación de algunos extractos del supuesto diario de Vincent, narrando cómo Palin la contrató, con las palabras “necesito a alguien que entienda que el aborto mata a más personas en este país que el cáncer, que entienda que la Biblia es historia, que no es que nos hayamos caído de los árboles y empezado de repente a andar erguidos. Quiero a alguien, Lynn, que entienda que Dios no es el neumático de sobra. Él es el volante”. El supuesto diario parece no ser más que eso, supuesto, pero sin duda su contenido evoca a la perfección la percepción pública de estas dos mujeres política y religiosamente muy conservadoras. En cualquier caso, la unión Palin-Vincent fue tremendamente provechosa para ambas: Palin obtuvo a una autora entregada a su causa, y Vincent consiguió un medio de promoción con el que otros escritores sólo pueden soñar.

La escritura en manos del negro literario, lo que los anglosajones llaman ghostwriting (escrito por fantasmas), tiene toda una serie de connotaciones éticas, debido al engaño aparente de que si un nombre figura en una portada de un libro como autor, se sobreentiende que si dicho nombre realmente no corresponde al auténtico autor del libro, se está mintiendo directamente al lector. Y de muchas maneras este tipo de escritura, asociada generalmente a biografías, pero presente en todo tipo de literatura, desde cuentos infantiles a discursos políticos, no deja de sorprendernos, más que nada por tratarse de un sistema mucho más común de lo que creemos. Hay estimaciones, probablemente exageradas, de que un 40% de los libros publicados hoy en día están escritos por una persona diferente a la que figura en cubierta. En la segunda parte de este artículo veremos más casos relacionados con este complicado y polémico tema.

El negro literario

1 de junio de 2010 en Biografí­as, Literatura, Mundo Editorial

Negro Literario

Aprovechando el estreno de la película de Polanski El escritor -The Ghost Writer o, como se llamaba hasta hace poco el libro, El poder en la sombra- no estaría de más hablar de esa figura -la de El escritor fantasma- que en el acervo popular español se conoce más como Negro literario, es decir, una figura que en origen era cercana a la esclavitud creativa y que además se quedaba siempre en la sombra.

¿Cómo surge esta figura? Pues desde que la literatura se convierte en un negocio y aparecen autores, normalmente de folletín, como Alejandro Dumas, por poner un ejemplo, que no pueden cubrir la demanda de aventuras y amoríos correspondiente y deciden alquilar a otros, normalmente aspirantes a escritor famoso o a otros caídos en desgracia, para que les rellenen las cuartillas a cambio de unas pocas monedas.

También es un clásico la figura de negro editorial como aquel que se presta a escribir las memorias de alguien famoso pero sin poner su nombre en el producto final. Esto se da, claro, desde tiempos de la aristocracia europea y las primeras casas burguesas con inquietudes. Los mecenazgos no eran tan altruistas como muchos podían creer.

Así que podríamos hablar de un negro literario más dedicado al dinero, al mercado, y otro hijo directo del orgullo y el ego. Los dos se mantienen hoy en día, aunque con diferencias con respecto a los días del folletín y los mecenas, aunque ha aparecido el negro editorial, aquel que escribe el libro-modelo que le pide la editorial y que firma con un nombre falso.

Todo esto se hace por dos motivos claros: Dinero y Contactos.

Lo del dinero está claro. Ganarse la vida -honradamente- con la literatura -es decir, sin insultar demasiado en tertulias-, es muy pero que muy complicado. Entonces llega alguien y te ofrece escribir la tercera parte de una serie de novelas muy populares… por un fijo y módico precio. Que sea el nombre de otro el que aparezca en las cubiertas es un mal necesario… peor se vive picando en la mina, ¿verdad?

Los contactos. Esto no es un tema baladí. Firmarle las obras a tal o cual escritor de renombre es un secreto a voces en el mundillo editorial. Los tiempos de los grandes secretos ya pasaron a la historia. Si un negro literario se muestra bien dócil y gentil es más que probable que pueda, en algún momento, sacar cabeza por sí mismo y dejar atrás esos folios manuscritos con las palabras de otros.

Escribir las autobiografías de futbolistas, folclóricas y estrellas de Gran Hermano es también una actividad habitual de los negros literarios, pero en esta ocasión hay muchos que incluso rechazan firma con su nombre aunque les dejen hacerlo: prefieren cobrar un fijo y luego, al llegar a casa, ducharse con agua muy, muy caliente.

Existen incluso agencias dedicadas a la negritud literaria que, con sus tarifas ya establecidas, ofrecen sus servicios. No me queda claro si son cooperativas o es una plantación esclavista en la que van captando escritores despistados, pero lo cierto es que la vanidad es la estrella del S.XXI y más de uno está encantado de pagar por unas loas y unas glosas a buen precio. Vanitas, vanitatis…

Autores relacionados:
Alejandro Dumas
Libros relacionados:
El poder en la sombra

Modelo famosa y polémica busca negro

19 de agosto de 2009 en Literatura, Noticias

Wener

Para la gran mayoría de los aficionados a la lectura el nombre de Louise Wener no les dirá absolutamente nada. Si, como datos biográficos, añado que da clases tanto de escritura creativa como de póquer, que vive en el mismo barrio londinense donde lo hace Clive Barker (Crouch End), que escribió un célebre artículo sobre su maternidad en el diario The Guardian o que es aficionada del West Ham, estoy seguro de que Wener seguirá resultándoles una completa desconocida.

En realidad Wener fue, a su manera, una pequeña celebridad durante los años 90 dentro del mundo de la música pop británica, siendo la vocalista y líder indiscutible del grupo Sleeper. No es, desde luego, uno de los grupos señeros dentro del brit-pop, pero tuvieron tres discos de estudio bastante exitosos, fueron teloneros habituales de bandas importantes como Blur o REM, y una de sus canciones (en realidad una versión del grupo Blondie) se incluyó en la banda sonora de una de las películas británicas más importantes de esa década, Trainspotting. Sin embargo, Wener decidió dar un giro a su vida y decidió dedicarse a tiempo casi completo a la literatura. Así es como vieron la luz sus novelas, todavía no traducidas al español, Goodnight Steve McQueen, The Big Blind (que después fue renombrada como The Perfect Play), The Half Life of Stars y Worldwide Adventures In Love, que han tenido bastante repercusión en su país de origen. Wener ha decidido seguir haciendo lo que le gusta, escribir, al tiempo que ha formado una nueva banda, Huge Advance, que sólo da conciertos en algunas salas del norte de Londres.

Pues según parece, o así lo han publicado algunos tabloides ingleses, la siguiente novela de Wener no saldrá bajo su nombre, sino bajo el de uno de los personajes más mediáticos de la actualidad, la modelo Kate Moss. Moss había comentado recientemente su intención de escribir una novela, protagonizada por una modelo pero de temática ficticia, siguiendo los pasos de otras ex compañeras de profesión que hicieron lo propio (Naomi Campbell, sin ir más lejos, también escribió una obra de ficción cuya protagonista era, vaya sorpresa, una modelo). También Victoria Beckham escribió un libro: con una buena ayuda y dinero, cualquiera puede. Y el libro se venderá, igual que ha ocurrido siempre, a pesar de que el lector sea más o menos consciente de que el nombre que aparece en la portada no se corresponde con el del hombre o mujer que ha de ser considerado a todos los efectos como su autor.

La figura del negro literario ha existido casi desde que ha habido literatura, y son muchos los autores reconocidos que se sabe o se sospecha que recurrieron o recurren a ellos con frecuencia, tal es el caso de Alejandro Dumas, Camilo José Cela o, más recientemente, Fernando Sánchez Dragó (aunque él lo reconoció públicamente, incluso en el prólogo de uno de “sus” libros). Quiero pensar, sin embargo, que el servicio de un negro literario (o “ghost writers”, escritores fantasma) es más usual cuando el supuesto “escritor” es un famoso que, bien porque tiene algo que contar pero no se siente capacitado para hacerlo, bien por hacer caja gracias a su popularidad, se decide a contactar con una de las numerosas agencias que pueden proporcionarte a un profesional en esto de la escritura.

Autores relacionados:
Alejandro Dumas
Camilo José Cela
Fernando Sánchez Dragó

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